UNA DIMISIÓN EN 1875 - BLOG DE FRANCESC PUIGCARBÓ

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UNA DIMISIÓN EN 1875

UNA DIMISIÓN EN 1875

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Una gran visión de futuro de una serie de gente no hace tantos años ..., a excepción del escriba egipcio:

En 1875 el máximo responsable de la oficina de patentes de Estados Unidos de América, presentó su dimisión, alegando que como estaba ya todo inventado, no quería dañar inútilmente el gasto del erario público con su sueldo y el de sus colaboradores. Aducía que después del invento de pequeñas inutilidades como el cine, el avión o el automóvil, que no iban más allá de ser un puro divertimento, todo lo que era fundamental para el desarrollo de la sociedad ya existía y habíamos llegado al límite de nuestras posibilidades.

Doce años después, en 1887, el gran químico Marcellin Berthelot escribía: «En adelante, el Universo no tiene ya misterios." Para obtener una imagen coherente del mundo, la ciencia había vaciado la plaza. La perfección por la omisión. La materia estaba constituida por cierto número de elementos imposibles de transformar unos en otros.

Pero, mientras Berthelot rechazaba en su sabia obra los sueños alquimistas, los elementos, que no sabían de ello, seguían transmutándose bajo el efecto de la radiactividad natural. En 1852, Reichenbach había expuesto el fenómeno, que había sido inmediatamente rechazado. Trabajos realizados en 1870 evocan "un cuarto estado de la materia» comprobado con ocasión de la descarga de los gases. Pero debía reprimir todo misterio. Represión: ésta es la palabra. La idea del siglo XIX se puede someter a psicoanálisis. Tienen todas estas fenómenos visionarias y preclaras un digno predecesor.

Un alemán llamado Zeppelin, de vuelta a su tierra después de haber combatido en las filas sudistas, trató de interesar a los industriales en la dirección de globos. «Desgraciado! No sabe que hay tres temas sobre los que la Academia de Ciencias francesa no admite discusión? Son la cuadratura del círculo, el túnel bajo el canal de la Mancha y los globos dirigidos. "
Otro alemán, Hermán Gaswindt, proponía la construcción de máquinas volantes más pesadas que el aire, propulsadas por cohetes. El ministro de la Guerra alemán, después de haber consultado a los técnicos, escribió sobre el quinto manuscrito: «Cuando reventará de una vez este pájaro de mal agüero?"
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Los rusos, por su parte, se habían quitado de encima otro pájaro de mal agüero, Kibaltchich, que era también partidario de las máquinas voladoras con cohetes. Pelotón de ejecución. Cierto que Kibaltchich había empleado sus conocimientos técnicos para fabricar una bomba que acababa de matar al emperador Alejandro II. En cambio, no había motivo para enviar al cadalso al profesor Langley, del Smithsonian Institute americano, que proponía unas máquinas voladoras accionadas por motores de explosión, recientemente inventados. Se le degradó, se le arruinó y se le expulsó del Smithsonian.
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El profesor Simón Newcomb demostró matemáticamente la imposibilidad de volar con una máquina más pesada que el aire. Unos meses antes de la muerte de Langley, que se murió de pena, un chico inglés volvió llorando un día en la escuela. Había mostrado a sus compañeros una fotografía de una maqueta, que Langley acababa de enviar a su padre. Éste había proclamado que los hombres acabarían por volar. Los compañeros se burlaron de él. Y el maestro le dijo: «Amigo mío, tal vez su padre es un tonto?" El supuesto tonto se llamaba Herbert George Wells.

Más de dos mil mil años antes un escriba egicpcio consideró que ya no valía la pena escribir nada o sobre nada, que estaba ya todo escrito y que era inútil pues continuar haciéndolo.

Extraida parte de la informació de "le Matín des magiciens"

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