miércoles, junio 08, 2016

EL PARAÍSO PERDIDO


En el principio era el ocio. Por lo menos, todas o casi todas las religiones y las mitologías convienen en describir el principio de la vida del hombre sobre la tierra como una apacible ausencia de necesidades y de esfuerzo para cubrirlas. En el relato bíblico, Adán y Eva disfrutan de este misterioso beneficio: el mundo, para ellos, es literalmente un jardín, y no hacen más - lo vemos en los ingenuos 'misterios' medievales - que pasear, exentos de toda inclemencia. El paraíso era el ocio absoluto.
Según la tradición judeo-cristiana, a la pérdida del paraíso, y en una confluencia casi simultánea, los primeros padres conocen el pecado - mejor dicho: la vergüenza del pecado -, el dolor y el trabajo: tres 'cargas' que estaban excluidas del buen orden ocioso, del orden paradisíaco. El ocio pues, suponía - supone - la inmunidad respecto al trabajo, pero también la falta de inquietud moral y de molestias físicas.  Adán y Eva conocen el pecado, el dolor y el trabajo, simplemente porque la habían querido conocer: eran inocentes - ignorantes -, y en ello radicaba su privilegio.
La historia del hombre comienza en el momento de su expulsión del paraíso, cuando aquello que antes se le concede por don, debe ganárselo ahora a costa de sudor y astucia. Su vida será un exilio, y una oscura impaciencia le hará añorar el retorno. Desde entonces, y hasta la consumación de los siglos, en el fondo de su alma, hay y habrá la irremediable nostalgia del paraíso perdido - el insaciable anhelo de ocio: del ocio que sea la triple negación del pecado, del dolor y del trabajo. Joan Fuster (indagacions i propostes)

Esta reflexión está muy bien desde el punto de vista de los cristianos, si no fuera porque todo lo que explica Fuster no existió, ni Adán, ni Eva, ni el paraíso, todo ello no es más que un invento, un invento que no se sostiene, que no tiene ni pies ni cabeza, dijéramos que es un enorme eufemismo, para justificar a la gente su condición humana, para joder a la gente, porque esa es la finalidad principal de la religión católica, joder al hombre y más aún a la mujer.

Dicho esto, y suponiendo que supusiéramos que toda esta fábula fuera real, suerte de Eva y la manzana; imaginaos un paraíso con 7 mil millones de personas, vaya overbooking. Dios tendría un grave problema, un problema que no sería capaz de arreglarlo, ni Dios, ni Cristo, porqué vaya cristo que se organizaría.


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