ÁCTORES SECUNDARIOS - BLOG DE FRANCESC PUIGCARBÓ

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ÁCTORES SECUNDARIOS

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Vaya por delante que entiendo perfectamente que soy una persona con poco criterio, aquello que ahora se dice eufemísticamente ser ecléctico, Un amigo mio se cachondea de mí porque me gustan a la vez Llach y Serrat, los Beatles y los Stones, cuando siendo éste es un país de bandos, si estás con uno tienes que ir en contra del otro, y yo no lo entiendo así. Y esto que en principio se podría considerar un defecto, para mí es en cierta manera, una cualidad, Pues me gusta la gente que es contradictoria, que no todo lo ve blanco o negro, que es capaz de ver los muchos matices que en cada época de la vida tienen aquello que podríamos considerar las verdades absolutas, e incluso aplican esta contradicción a las cosas más pequeñas, pero no por eso menos importantes. 
No entiendo a la gente cabeza cuadrada que toda su vida cree y piensa exactamente lo mismo, que es incapaz de evolucionar. Me gustan las cosas pequeñas más que las grandes que a menudo se me hacen incomprensibles e incluso pesadas, quizás por eso no suelo hacerme grandes preguntas ni divagar en demasiadas disquisiciones filosóficas, o eso me parece. Tengo también la suerte de no sufrir la enfermedad de la envidia que ya elimina muchos de los problemas de nuestra especie y creo disfruto o sufro - depende - del de la generosidad aunque es un concepto muy subjetivo que no es uno uno quien lo tiene que definir.

Me encuedntro por ahí con una frase de Orhan Pamuk que dice: "Lo primero que aprendí en la escuela fue que había personas imbéciles, y lo segundo que había que eran todavía más imbéciles." La primera impresión ante una afirmación tan rotunda como ésta, que respeto y mucho viniendo de quien viene, es que este señor es un reduccionista o no fue a la escuela adecuada; o quizás porque en la mía no había personas, sino niños o jóvenes; o debe ser que yo no me fijo, pues en la escuela el primero que aprendí fue a hacer amigos, obviamente unos más que otros, y a aprender a convivir con otros especímenes de mi edad dentro y fuera de clase. Quizás porque de hecho todos lo somos de imbéciles, al fin y al cabo, un imbécil es una persona a quien le cuesta entender las cosas, y eso es más común de lo que incluso nosotros mismos nos pensamos. ¡Este menosprecio por el ser humano que muchos filósofos cultivan, olvidando a menudo que ellos también lo son!. Cioràn era un claro ejemplo, no lo he acabado nunca de entender (debe ser porqué soy imbécil) pues en él (en el ser humano) a lo largo de los años he encontrado también muchas cosas positivas, sobre todo cuando actúa sin pensar, de puro impulso; cualidades como la generosidad, la ternura, el amor, solo las tenemos los homínidos, eso es precisamente lo que nos diferencia de los otros animales y aunque que sea un cierto aquello que decía no se quien, que "cuando más conozco a los humanos más amo a mi perro", también se tiene que decir que no deja de ser una frase ingeniosa y "epatante", pues un perro nunca podrá escucharte, consolarte o ayudarte en caso de necesidad, y muchas de las personas que nos rodean, sí, ésta es la diferencia. Ojo pues con despotricar por despotricar sobre la especie humana, que a pesar de no ser ni mucho menos perfectos, (es evidente que no lo somos), representamos lo mejor y lo peor (también) dentro de este espectáculo en que actuamos todos juntos y del que nos guste o no, en cierta manera nos hemos erigido para bien o por mal, en los protagonistas, aunque la mayoría seamos tan sólo y de hecho actores secundarios.




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