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HEIDEGGER Y EL NAZISMO


La relación entre Heidegger y el nazismo es un tema resuelto de manera definitiva porque los documentos (los cursos publicados, los testimonios de discípulos), son muy claros en este tema, aunque siempre pueden aparecer exegetas incondicionales del maestro dispuestos a reinterpretarlos de manera supuestamente ‘creativa’. Algún heideggeriano ocurrente puede repetir el tópico según el cual con los ciegos (es decir, con quienes no comulgan con las tesis del maestro), no se puede discutir sobre colores. Que Heidegger no compartió el mito biologista es cierto. Incluso puede aceptarse que los nazis siempre tuvieron hacia él una clara desconfianza. Pero, como apostilló Derrida, la metafísica de la raza siempre será mucho más inquietante que la biología de la raza. Es obvio, además, que impuso el «Führerprinzip» en la universidad y que vio en Mussolini y Hitler una respuesta, «un contramovimiento», al nihilismo (y que ese es un error de bulto) es evidente, incluso sin hacer demasiadas referencias a las ideas que expresó en sus cursos y en el Discurso del Rectorado. Los cursos de 1933 a 1944 representan hoy 20 volúmenes de la Gesamtausgabe [Obras Completas] y están llenas de referencias directas o indirectas al nazismo. Sobre la cuestión actualmente se pueden esquematizar algunas ideas básicas sin demasiado margen de error: 
1.- El nazismo de Heidegger no es un error. No es un problema de oportunismo político, de confusión, ni de ‘platonismo’ (como quería creer Arendt) o de fascinación más o menos circunstancial. Heidegger creyó durante años (seguramente durante toda su vida) que el nazismo era una esperanza para Alemania en la medida en que significaba no sólo una política sino una nueva concepción del mundo, una renovación espiritual. El nazismo representaba para él una salida al problema del fracaso de la modernidad cuyo ejemplo más palpable era la 1ª Guerra mundial. 
2.- Heidegger llegó a autoconvencerse de que él entendía el nazismo mejor que los nazis porque no lo consideraba en tanto que un concepto histórico (Heidegger es ferozmente antihegeliano), sino como un nuevo fundamento, una ruptura radical con el pasado. No le interesa el nazismo en cuanto partido (instrumento de poder demasiado turbio) sino en cuanto ‘movimiento’. En 1935 se refería a «la verdad interna y la grandeza de este movimiento» [die innere Wahrheit und Größe dieser Bewegung] y precisamente porque distinguía entre partido y movimiento pudo intentar reconstruir su imagen tras la guerra. Al pretender introducir la filosofía (su propia ontología) en el nazismo fracasó porque el nazismo no podía ser una teoría sino un panegírico de la acción. A diferencia del pensamiento socialista (cuya base teórica -errónea o no- es evidente), el nazismo despreciaba la teoría. 
3.- El nazismo significaba una revisión de la técnica, un nuevo planteamiento de la cuestión del poder, cuyo significado profundo a Heidegger se le escapó siempre, pero que, por lo menos, le permite replantear el horizonte histórico y comunitario del Ser-para-la-muerte. Cuando en la modernidad los dioses han huido, cuando el mundo se ha obscurecido y sólo cabe el resentimiento, una teoría del resentimiento puro (el nazismo) acaba por resultar muy adecuada. Leer la técnica como lo opuesto a la tradición es una tentación a la vez muy heideggeriana y muy nazi y ambas líneas acabaron encontrándose. La retórica funciona por si misma. 
4.- En la medida en que en el pensamiento heideggeriano no existe una ética (su ética es ontología) no disponía de ninguna herramienta conceptualmente potente para tomar distancia ante la brutalidad nazi. 
5.- Entre Heidegger y los judíos no había nada personal. Eso es lo peor, naturalmente. Que las víctimas no son humanas. Si fuese algo personal tal vez tendría remedio. 
6.- Si la ciencia no piensa y el hombre no existe (o simplemente si la «autenticidad» excluye la libertad), se puede matar impunemente. En eso coinciden plenamente Heidegger y los nazis. HEIDEGGER Y EL NAZISMO
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