3.5.17

ADOCTRINAMIENTO UNILATERAL


El adoctrinamiento unilateral se efectúa en lo que M. McLuhan llamaba el "aula sin muros", esto es, a través de los llamados medios de comunicación de masas. El consumo de medios, sobre todo de televisión, constituye hoy un componente fijo de la vida cotidiana en la mayoría de las sociedad. Como se sabe, la cultura predominante es ahora la producida masivamente por estos medios. 
Esta "cultura de medios" se ha convertido en la experiencia cotidiana y en la conciencia común de la inmensa mayoría de la población. A ella pertenecen el trato cotidiano con los medios y sus contenidos, así como la forma de pensar y de sentir determinada por ellos, los hábitos de leer, oír y ver, de consumo y comunicación, las modas y una buena parte del lenguaje y de la fantasía. La cultura mundial de los medios de comunicación uniformiza y reduce el planeta, aunque no en el sentido del experto en relaciones públicas M. McLuhan. 
El mundo no se ha convertido en la "aldea global" que él preconizaba en la década de los 60, sino que más bien ha desaparecido la aldea y se está urbanizando a marchas forzadas. Los diseñadores y promotores de esta cultura dedican cantidades ingentes de energías y dinero al estudio de la influencia y condicionamiento de las conciencias a través de los medios. El análisis de esta actividad revela que a través de ella se pretende crear el tipo de ser humano más conveniente para el sistema capitalista de producción y consumo. El objetivo ideal sería convertirnos a todos en apéndices del mercado. Es lógico, por tanto, que el reclamo comercial, la "publicidad", constituya uno de los componentes fundamentales de la cultura actual.
Ahora bien, entre el orden cultural y el económico existe una relación de interdependencia. Así, y por limitarnos solamente a los orígenes más recientes, durante el siglo XIX, a medida que la industria atraía a un sector cada vez mayor de la población a su esfera de influencia, a su modo de producción y de consumo, los capitanes de la industria se preocuparon cada vez más de que la vida cultural coincidiese con sus objetivos económicos y políticos. 
Para ello no sólo trataban de imponer y administrar la disciplina laboral de la fábrica, sino de inculcar también las actitudes, lealtades y comportamientos adecuados a esos objetivos. Pronto se dieron cuenta de que era más barato meter al guardia de la porra en las mentes que mantener un costoso aparato de represión. A éste se recurre únicamente en caso de necesidad, cuando falla el otro. Cuando una clase depende de las bayonetas, de la violencia física, de la fuerza bruta para preservar su poder es que no está segura. 
Pero con la represión de anarquistas, socialistas, comunistas, sindicalistas insumisos y toda clase de idealistas radicales, la clase capitalista, detentadora del poder económico, enrola a su causa a otras instituciones como la iglesia, la escuela, los medios de comunicación e incluso el entretenimiento. Si se echa una mirada retrospectiva se podrá observar que han desaparecido prácticamente las formas de entretenimiento y de cultura populares, los teatros, periódicos, novelas , etc, clara y conscientemente obreros. Todas esas formas han sido sustituidas por la producción industrial. Para asegurar su hegemonía como capitanes de la industria y de los negocios, los ricos han aspirado siempre a convertirse en "capitanes de la conciencia". Los nombres son numerosos a lo largo de los siglos XIX y XX, desde Lord Nordcliffe o el yanqui Hearst hasta Axel Springer, Kirch, Berlusconi o Murdoch. 
He aquí un par de ejemplos a modo de ilustración. En su Outline of History, y refiriéndose a los fundadores de los EE.UU., H. G. Wells dice que "los padres de América pensaron también que sólo tenían que dejar la prensa libre y cada cual viviría en la luz. No se dieron cuenta de que una prensa libre podía convertirse en una especie de venalidad constitucional debido a sus relaciones con los anunciantes, y de que los grandes propietarios de periódicos podían convertirse en bucaneros de la opinión y en insensatos demoledores de los buenos comienzos". Hace unos 40 años, el barón de la prensa inglesa Lord Beaverbrook, nacido en Canadá, declaró ante una Comisión Real que publicaba sus periódicos "solamente por razones de propaganda ("purely for propaganda and with no other purpose"). Cuarenta años después, otro hijo de las colonias, esta vez de Australia, llegó a Londres a buscar fortuna y fama, y ha adquirido la misma que Beaberbrook, aunque incrementada a nivel mundial. Puesto que la economía ya está mundializada, también debe estarlo la conciencia. 


VICENTE ROMANO - LA FORMACIÓN DE LA MENTALIDAD SUMISA
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