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LA MAYÚSCULA VIDA EN MINÚSCULAS


- El Santiago, mi padre -

Como cada domingo desde que me casé, he ido a desayunar con mi padre. El Santiago, mi padre, me espera con su perrita (Tina) en la calle, llego con el pan recién cocido de Cal Valls y subimos al piso para no despertar a Mercedes (su compañera), desayunamos, tomamos café si mi padre ha resuelto sus problemas congénitos con la cafetera, donde o falta café o el agua, charlamos de fútbol o política, o a veces me cuenta historias de la guerra. Aprovecho hoy que he encontrado la manera de eliminar el flash de la cámara de fotos para quedarme con la imagen de unos cuadros que pinté para mi padre.

Tina
Saliendo me encuentro a la Carmina paseando a su perro con un vestido ibicenco - ella, no el perro - (no me reconoce). Doy una vuelta con la bici por la plaza del mercado que apenas se despierta. Vuelvo hacia el ayuntamiento donde están montando un mega estelada por la cosa esta de la marcha por la independencia. No hay demasiado ambiente, hay quien todavía no ha entendido cuál es el sentido global de la independencia, que no es obviamente cumbaià.
Subo hacia casa y me encuentro a la Trey, se llama Teresa, pero su marido Miquel - ya fallecido - le decía Trey y Trey le quedó (es la cuñada de la Carmina, la del vestido ibicenco que tiene ya 70 años y que no me ha reconocido). Me encuentro en la Trey a su salida de Misa de la Iglesia de la Cruz Alta. Le digo si quiere subir en la bici, pero entendemos ambos que ya no es el momento, ni ella cabe, ni yo tengo fuerzas para empujarnos a ambos. Charlamos de Dios, del cielo y el infierno, de Miguel, su marido, a quien no ha ido a ver nunca más en el cementerio desde que el enterraron. Allí no queda ya nada - me dice -.

La Trey es de aquellos personas que me desconcierta, porque siendo inteligente y lúcida como es, cree en Dios y en otra vida más allá de ésta, lo cual, como ella misma me decía, lo hace más fácil que para los agnósticos que no creemos en nada más allá de la muerte. Y es que no hay nada más allá de la muerte Trey, le digo, nada de nada.
Llego a casa, y recuerdo que debo avisar al Santiago que prepare la escalivada, que al mediodía irá Pilar, la hija de Mercedes a pepararles la comida. Pilar es viuda, viuda demasiado pronto, justo cuando se acababa de jubilar su marido, un cáncer fulminante se lo llevó en cuatro días .... Os dejo, que dice Nuri que la tengo de ayudar a doblar un par de sábanas y ya es hora de quitar el polvo del comedor.
Y eso es la vida, esas pequeñas cosas que hacen que el mundo funcione en su cadencia cotidiana, fuera del espacio amorfo de crisis, recortes y tonterías variadas, la mayúscula vida en minúsculas que es la nuestra, la personal, la de siempre ...


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4 comentarios:

  1. Que bueno que llegué hasta aqui!!! Me encantó este relato. Como sabes también me gusta escribir estos relatos de la vida cuotidiana.

    jajajajaja que risa me dio lo de las sábanas. Yo siempre lo hice sola. Y sabes porqué? porque mi marido y yo no nos entendíamos en eso de doblar las sabanas jajajaja yo hacia más rapido que él mi parte y no tenía paciencia para esperar que él terminara.

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  2. Me gustaría que leyeras este post de un amigo. Él es brasileño pero vive en Argentina. Me gusta mucho como escribe y tiene siempre muchisimos comentarios.

    http://humbertodib.blogspot.pt/2012/02/discusion-letrada-o-un-cuentito-naif.html

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  3. pues a mi me toca doblarlas, tres veces por semana.

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