BLOG DE FRANCESC PUIGCARBÓ - ÚLTIMOS ESCRITOS

EL GOLPE DE NUESTRAS VIDAS

 Diego Radamés / Europa Press - Carlos Zanón en la vanguardia.

 “¿De qué se me acusa?”, pregunta el protagonista de El proceso. “Señor K, ¿no pretenderá decir que es inocente?”, le contestan. Aún no sabemos de qué es culpable Pedro Sánchez y quizás no lo sepamos nunca, cuando pasados unos años salga de la cárcel, y no sé quién quedará libre para ir a buscarle, quizá Salvador Illa, en un coche eléctrico fabricado en Singapur. Habrá cumplido pena él, su mujer, todo quisque. Penas desmesuradas, hiperbólicas, castigos ejercidos sobre las intenciones, propósitos y proyectos, además de las acciones punibles y corruptelas aunque sometidas al habitual doping judicial.

Cuando yo era crío, había un chaval que, si me veía durante el patio, me zurraba. Una y otra vez. Sin ninguna razón. Un día le pregunté por qué lo hacía. “Porque puedo”, me contestó. Lo que está pasando –en el mundo, en nuestro país–, el  desmantelamiento de derechos y normas de conducta y actuación, el activar –electrificados y patrioteros– unos marcos en los que el otro es un zombi –terrorista, emigrante, activista– que abatir, lo están haciendo porque pueden. Pueden y ya no quieren esperar más. Si en todo el mundo tienen a su machote, nosotros queremos al nuestro. Estamos impacientes. Le hemos avisado demasiadas veces, Señor K. Ahora ya es tarde.

La extrema derecha es una manera violenta de acceder al poder: lo hace porque puede

¿Recuerdan cuando no entendíamos cómo no se pudo frenar a Hitler por vías democráticas al poder? ¿O cómo es que no se pudo defender la República española? ¿Cómo no se hizo nada con los pogromos en Rusia y en la Alemania del Este? Ahora lo entendemos mejor sin que eso sea una respuesta. Ellos pueden, lo hacen y nosotros no sabemos cómo detenerles. Antes y ahora. Estamos deslumbrados por los focos en medio de la carretera y no sabemos cómo pudimos llegar a esto, pero lo cierto es que ese camión va a embestirnos y seguimos discutiendo, pensando, reuniéndonos y sosteniendo Pereira.

La extrema derecha es una manera violenta de acceder al poder. Tan sencillo como eso. Lo hace porque puede y mientras pueda. Por eso, cuando se explica, lo hace mal y con prisas porque hasta a sus votantes los argumentarios les aburren. Quieren las consecuencias ya, lo antes posible. Aunque luego dirán que no sabían, que no esperaban, que nunca hubieran pensado que. Pero esto también es sencillo. Si los votas, haces que pase lo que pasará. ¿O es que pretendes decir, señor K., que serás inocente?

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LA SENTENCIA QUE HA ABIERTO EL MAR


La frontera de Ceuta siempre ha sido una cicatriz: una línea fina y delicada, donde Europa y África se miran de reojo. Pero a finales de julio del 2026, esa cicatriz sangró de repente. Miles de jóvenes marroquíes -nadando, exhaustos, empujados por la necesidad o por la simple idea de un futuro posible- atravesaron el espigón del Tarajal como si la noche fuera una puerta abierta.

La pregunta inevitable es: ¿por qué ahora? La respuesta, sorprendentemente, no comienza en el mar, sino en los tribunales. El Tribunal Supremo español, el 8 de julio del 2026, dictó una resolución que prohibía las llamadas devoluciones en caliente para las personas que entran a nado en Ceuta y Melilla. Es decir: si un migrante llega a la costa sin saltar la valla, no puede ser devuelto de inmediato. Debe ser identificado, atendido, registrado. Una puerta legal, mínima, pero lleva a fin de cuentas.

Tal y como explica Carlota Guindal en La Vanguardia, esta doctrina actuó como un efecto llamada inesperado: en cuestión de días, Ceuta empezó a recibir a miles de personas, muchas de ellas jóvenes marroquíes que vieron en la sentencia una rendija de oportunidad. 

Las imágenes de esos días —cosas que ya forman parte de la memoria colectiva— muestran a chicos exhaustos, algunos con el móvil en la mano, otros con la mirada perdida, todos ellos arrastrados por un mar que no perdona. Las cifras son contundentes: más de 30.000 personas en 24 horas, según datos recogidos por varios medios, y 18 ahogados de momento. Una presión migratoria que colapsó al CETI, saturó los servicios sociales y obligó a movilizar al Ejército.

Marruecos, entre la sorpresa y la sospecha - Las autoridades marroquíes aseguraron que la situación las cogió "con el pie cambiado", recoge Guindal. Pero las imágenes de la policía marroquí retirándose del paso fronterizo alimentaron sospechas:

—¿Era una respuesta diplomática?

—¿Una negligencia?

—¿O simplemente un caos repentino en un día simbólico, el Día del Trono?

El gobierno español, por su parte, descartó una maniobra política de Rabat, pero la historia reciente -2021, Brahim Gali, la retirada de vigilancia- pesa como una sombra. 

La crisis de Ceuta no es solo un episodio migratorio. Es un espejo: refleja la fragilidad de las fronteras, la dependencia mutua entre España y Marruecos, y la vulnerabilidad de una generación de jóvenes que, ante la carencia de expectativas, deciden jugarse la vida en un mar que no hace preguntas. La sentencia del Supremo no es la causa única, pero sí el detonante jurídico que transformó un flujo constante en un alud. El resto —la pobreza, las redes de tráfico de personas, las tensiones diplomáticas, la desesperanza— ya estaba allí. Solo faltaba la chispa.

Ceuta ha vuelto a demostrar que las fronteras no son muros, sino organismos vivos: respiran, se abren, se tensan, se rompen. Y que, en ocasiones, una sola frase escrita en una sentencia puede tener más fuerza que cualquier valla de acero.

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LA GRAN SINGULACION


 Elon Musk, este tecnoxamán del siglo XXI, sigue desplegando profecías como si fuera el Cassandra.exe de una civilización que ya no sabe si creer en dioses o algoritmos. En Texas, entre coches que se autofabrican y robots que aprenden a andar como niños de titanio, Musk anuncia la Era de la Abundancia Asombrosa™, una especie de utopía deflacionista donde el trabajo será opcional y el dinero, un obsoleto arqueolítico.

A su juicio, la IA pronto superará la suma de todas las inteligencias humanas, creando un supercerebro planetario alimentado por centros de datos orbitales. SpaceXAI —sí, el nuevo neologismo corporativo— quiere convertir el cielo en un macroservidor sideral, una especie de nube galáctica donde los algoritmos harán y desharán mientras nosotros, humanos, nos dedicamos a hobbies prescindibles como existir.

Musk habla de una Renta Alta Universal, una especie de cheque cósmico que los gobiernos deberían repartir porque, en un mundo de producción infinita, el problema ya no será la inflación, sino la hiperdeflación existencial: demasiadas cosas, demasiados servicios, demasiados robots, demasiado todo. La escasez, dice, será un recuerdo vintage.

Pero el futuro muskiano no es solo luz. También hay sombras: guerras civiles pronosticadas, choques culturales amplificados, laboratorios de IA que compiten como tribus algorítmicas, y una geopolítica que él manipula con la misma naturalidad con la que envía cohetes al cielo. Musk se ve como el MetaEmprendedor, el hombre que debe garantizar que la humanidad se convierta en multiplanetaria, aunque esto implique sacrificar beneficios, diplomacias o amistades.

Y, como siempre, suelta su teoría preferida: quizá todo sea una simulación. Quizás él mismo sea un avatar premium en un videojuego extraterrestre. Quizás nosotros somos NPCs en su universo.

🧬 Neologismos incorporados

  • Singulación - fusión entre singularidad y mutación social.
  • Arqueofetido — objeto antiguo que todavía veneramos sin saber por qué.
  • Macroservidor sideral — infraestructura computacional orbital.
  • MetaEmprenedor — emprendedor que juega en escalas civilizatorias.
  • Cassandra.exe - profeta digital que nadie escucha.
  • Hiperdeflación existencial - exceso de todo que hace perder sentido a las cosas.
  • NPC es un término que viene del mundo de los videojuegos y que con el tiempo ha mutado en un concepto cultural. La definición esencial: NPC = Non‑Player Character, es decir, un personaje que no controla al jugador, sino al juego.

Si estáis suscritos a la vanguardia digital, podéis leer el artículo que publican hoy de the Economist.

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ARQUITECTURA QUE RESPIRA

 
El concepto “árboles inteligentes” no es botánica mágica ni ciencia ficción, pero tampoco es una tontería: es una forma moderna de hablar de bosques gestionados árbol por árbol, en lugar de tratar el bosque como una masa uniforme. En Singapur han encontrado un modo (Supertree), pero hay otros como Biourban.  Cada Supertree es una estructura de acero de hasta 50 metros de altura, recubierta con cientos de miles de plantas. Pero lo que les hace "inteligentes" no es la forma, sino la función:

  • generan energía solar para iluminarse de noche,
  • recogen agua de lluvia para regar la vegetación,
  • regulan la temperatura de los invernaderos,
  • crean microclimas que refrescan el ambiente,
  • y sirven de laboratorio ecológico en pleno centro urbano.

Son árboles que no solo decoran: trabajan. Lo fascinante es que estos árboles no forman un parque temático, sino un ecosistema funcional. Singapur ha entendido que la naturaleza no es solo paisaje: es infraestructura. Y si no tienes tierra suficiente para hacer crecer un bosque… lo construyes.


Los Supertrees son la demostración de que la naturaleza puede ser vertical, tecnológica y urbana, sin perder su esencia. Un bosque que no es bosque pero que hace de bosque. Mientras aquí discutimos si hay que limpiar bosques, cortar pinos, hacer más prevención o esperar a que llueva, Singapur nos recuerda que la naturaleza también se puede inventar. Que un árbol puede ser de hierro pero tener más función ecológica que muchos bosques abandonados. Que la tecnología no es enemiga del paisaje, sino una aliada cuando se utiliza con criterio.
Quizás no hace falta que llenemos el País de Supertrees. Pero sí hay que recordar que la naturaleza, si no la cuidamos, acaba convirtiéndose en humo. Y que crearíamos un nuevo paisaje, incluidos generadores de viento, más adecuado al siglo en el que estamos, los árboles, como muchos negocios que cierran, son conceptos del siglo pasado como tal, ya medio y largo plazo tendríamos una solución definitiva y estéticamente distinta. Y es que, en ocasiones, un árbol de hierro puede ser más inteligente que un bosque entero. El biólogo Edward O. Wilson, uno de los grandes pensadores de la biodiversidad, propuso una solución que parece utópica, pero es matemáticamente inevitable: dedicar el 50% de la superficie del planeta a espacios naturales protegidos. No por romanticismo ecológico. No por hacerlos hermosos. Si no porque la vida -toda la vida- necesita espacio para funcionar. La biodiversidad no se conserva en parques temáticos, ni en bosques fragmentados, ni en rincones residuales entre urbanizaciones. Necesita continuidad, extensión, silencio, agua, sombra, fauna, hongos, humus, tiempo. Los árboles de hierro son para las ciudades y sus alrededores. Los bosques naturales son para la vida. Y si no les protegemos ahora, el futuro será un desierto con sombras artificiales. 
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LOS INCENDOS NI SE EVITAN NI SE APAGAN CON MENTIRAS

Bomberos trabajan en las labores de lucha contra los incendios de la sierra oeste de Madrid EFE, la Vanguardia
Santiago Martín Barajas, Ecologista e Ingeniero Agrónomo, habla en la vanguardia, y sabe de lo que habla, con relación a los incendios que nos asolan. Vale la pena leerle para tener una idea clara del que y el porqué de los incendios actuales en comparación con los de años anteriores. Martín desmonta uno por uno todos los bulos que está vertiendo Vox, e incluso el PP y la lideresa 2. Lo que no sé es si su discurso lúcido y documentado llegará a los oídos de quien tiene que llegar.

En los últimos días, ha surgido una gran polémica en torno a los incendios forestales, sus causas y sus magnitudes. En este sentido, se están vertiendo una serie de falsedades que no sabemos si responden al desconocimiento o a razones puramente partidistas. Lo cierto es que esas falsedades están confundiendo a la población, además de entorpecer la realización de una gestión adecuada de los incendios forestales.

A continuación, vamos a analizar cuál es la situación real, dejando al margen opiniones erróneas o interesadas. Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en el año 2000 se produjeron 23.574 incendios, que afectaron a 187.567 ha, mientras que en el año 2025 el número de incendios fue 8.199, pero quemaron 354.794 ha. Es decir, el año pasado se produjeron tres veces menos incendios que en el año 2000, pero la superficie quemada fue de prácticamente el doble. Y dado que los medios de extinción materiales y humanos en 2025 son similares o mayores a los que había en 2000, parece evidente que ahora los incendios resultan mucho más difíciles de apagar que hace 25 años. ¿A qué es debida esta nueva situación? Desde diferentes sectores se están aportando una serie de causas, muchas de ellas claramente falsas y demagógicas.

Se afirma que es porque no se permite “limpiar” los montes, palabra por cierto muy mal usada en el caso de los ecosistemas forestales. Pero además es completamente falso. Los tratamientos selvícolas (retirada de madera seca, entresacas, poda de las ramas bajas en los árboles, etc.) no solo están permitidos, sino que están recomendados. Es más, la mayoría de las comunidades autónomas llevan a cabo directamente estos trabajos todos los años en los montes que gestionan. Lamentablemente, se hace mucho menos de lo que se debería, por falta de presupuesto (una sola hectárea de tratamiento selvícola cuesta varios miles de euros), pues la mayoría de los gobiernos autonómicos prefieren dedicar los fondos a actuaciones que lucen políticamente mucho más, como son la construcción de grandes edificios o instalaciones, circuitos de Fórmula 1, toros y similares. De hecho, no se ha “inaugurado” nunca un tratamiento selvícola en un monte. Y los ayuntamientos son aún mucho menos proclives a llevar a cabo actuaciones ambientales de este tipo.

Se afirma que no se deja entrar al ganado a pastar en el monte, lo que reduciría la masa herbácea susceptible de quemarse. Esto también es completamente falso. De hecho, en los últimos años algunas administraciones ambientales precisamente intentan que se meta ganado en los montes que gestionan, especialmente ganado ovino. Sin embargo, a pesar de que se les dan algunas facilidades e incluso ayudas, cada vez resulta más difícil encontrar rebaños para ello, y mucho más difícil aún, pastores.

Se afirma que no se permite extraer leña de los montes. También es falso. En los tratamientos selvícolas que realizan las administraciones, una parte importante del coste se la lleva la eliminación de los residuos vegetales. Por ello, es muy habitual ver apilada leña en los montes, y pasan meses sin que nadie la coja, a pesar de que en el ayuntamiento correspondiente se haya puesto un anuncio de que pueden los particulares ir a recogerla.

Se tratan todas de actividades permitidas en los montes, y simplemente se regulan para que se lleven a cabo de manera adecuada, y evitar así que se produzcan daños innecesarios. De todas maneras, los recientes incendios del oeste de la Comunidad de Madrid han afectado a montes gestionados por la administración regional, donde se llevan a cabo periódicamente tratamientos selvícolas y que cuentan con bastante ganado y una población de herbívoros salvajes. Y a pesar de ello han ardido pavorosamente, con un fuego de copas terrible, sin que los medios de extinción hayan podido evitarlo.

Se habla de que no se hacen cortafuegos, pues bien, tanto las zonas afectadas por los incendios de la Comunidad de Madrid, como la afectada por el reciente incendio de la Sierra Norte de Guadalajara estaban “cosidas” de cortafuegos, habiendo resultado todos ellos totalmente ineficaces, pues el fuego en estos incendios se ha saltado en el momento todos los cortafuegos existentes, incluso algunos de 40 y 60 metros de anchura. Los cortafuegos, además de ser ineficaces, y cada vez más con los incendios a los que nos estamos enfrentando, también suponen un riesgo para las personas, pues pueden dar una sensación de falsa seguridad. De hecho, en nuestro país a lo largo de los años ya han muerto unas cuantas personas al refugiarse en cortafuegos, que luego han sido arrasados por el fuego. Los únicos cortafuegos realmente eficaces son los que se abren en el momento del incendio, en aquellos puntos donde, por las características de ese fuego en concreto, van a ser realmente eficaces.

Lo cierto es que los incendios son cada vez más virulentos, y ello es debido a la subida de las temperaturas, una consecuencia directa del cambio climático que estamos sufriendo. Estos incendios, denominados de sexta generación, se caracterizan por su intensidad y virulencia, siendo capaces de alterar la dinámica de las capas altas de la atmósfera. Esto los hace muy imprevisibles y difíciles de controlar. Tienen su origen en las cada vez más frecuentes y prolongadas olas de calor, con periodos continuados con más de 40 grados durante el día, y noches que no bajan de los 23-25 grados, reduciéndose sustancialmente la humedad ambiente, y favoreciéndose así la intensidad de propagación del fuego, y parece claro que al menos de momento, no estamos preparados para hacerles frente con eficacia.

Para frenar e invertir la actual tendencia, lo primero sería indudablemente el adoptar todas las medidas necesarias para frenar el cambio climático. No obstante, de cara a la gestión directa de los incendios, es necesaria la adopción de una serie de medidas de prevención, y otras de cara a la extinción de los incendios ya declarados. En lo que a la prevención se refiere, es necesario que se gaste mucho más dinero en tratamientos selvícolas, a realizar tanto en los montes públicos como en las fincas privadas. Tratamientos selvícolas que no tengan ningún fin economicista, sino exclusivamente el de incrementar la resiliencia de las masas forestales frente al fuego, y a la vez aumentar su calidad ambiental y biodiversidad. Para ello, es necesario que las comunidades autónomas incrementen sustancialmente los presupuestos dedicados a tratamientos selvícolas, aunque sean poco “vistosos” de cara a las fotos. También debe favorecerse el pastoreo en los montes, pero siempre regulado por parte de los gestores del monte.

El 95% de los incendios tienen su origen en la acción humana, y de estos el 55%-65% son fruto de negligencias y accidentes, mientras que el 20%-35% son intencionados. Por ello, es fundamental actuar sobre estas causas. Sería bastante útil incrementar las sanciones y penas previstas en la legislación para los que los provocan de manera intencionada, pero solo ello no sería suficiente. Deberían prohibirse totalmente las quemas controladas de matorral para favorecer el desarrollo de los pastos, y de restos agrícolas, con independencia de la época del año en la que se lleven a cabo. La subida de temperaturas hace que estas prácticas entrañen cada vez más riesgo, que ya de por sí son causantes de una parte de los incendios que se han venido produciendo en los últimos años. La frase “no jugar con fuego” debería aplicarse a este tema de manera taxativa. Los únicos fuegos o quemas “prescritas” que deben aplicarse, son los que se llevan a cabo durante los incendios para frenar su propagación (contrafuegos), y siempre realizados por bomberos, jamás por particulares.

Hay que prohibir totalmente que se construyan viviendas y urbanizaciones fuera de casco, y mucho menos aún dentro de espacios arbolados, dado el riesgo que supone para las personas que las habitan, además de dificultar la labor de extinción de los incendios, al tener que destinar de forma prioritaria a su protección a una buena parte de los medios materiales y humanos.

En cuanto a las medidas de extinción, aunque en las últimas décadas se han incrementado los efectivos, está claro que están resultando claramente insuficientes, frente a unas olas de incendios cada vez más virulentos. Es necesario incrementar sustancialmente los efectivos humanos dedicados a la extinción dependientes de las comunidades autónomas, que son las que tienen las competencias directas en la prevención y extinción de incendios. Y también deben incrementarse bastante los efectivos de la Unidad Militar de Emergencia (UME), así como de las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF), ambas dependientes del Gobierno Central, dado lo útiles que resultan. Es necesario aumentar la disponibilidad de maquinaria pesada, para disponer de ella en el momento del incendio, y poder abrir sobre la marcha cortafuegos donde resulten realmente eficaces.

También se han incrementado los medios aéreos, del orden de un 30% en los últimos 25 años, pero para poder hacer frente a estos nuevos incendios derivados del cambio climático, resultan totalmente insuficientes. Por ello, es necesario aumentar sustancialmente la flota de hidroaviones y helicópteros, posiblemente multiplicando por dos o por tres las unidades actualmente disponibles.

Todas estas medidas son necesarias, y reducirían sustancialmente las pérdidas en nuestros bosques y masas forestales a corto y medio plazo, pero no hay que olvidar que el origen de estos incendios está en el cambio climático que se está produciendo a causa de la acción humana. Por ello, a largo plazo, lo realmente eficaz pasa por adoptar medidas adecuadas para frenar este cambio climático, y no solo para salvaguardar los montes, sino también el medio hídrico, e incluso la vida de las personas. Sin embargo, la gran mayoría de los gobiernos no están por la labor, y prefieren mirar hacia otro lado. No sabemos si estamos o no a tiempo de frenarlo o reducirlo, pero tenemos la obligación de intentarlo.
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UNA FAMILIA, UN VOTO


Hay ideas que duermen bajo tierra como semillas muertas. Nadie las riega, nadie las reclama, nadie las añora. Pero de repente, en algún rincón del mundo, alguien vierte agua sucia, y la semilla despierta. Rompe la corteza, saca un brote torcido, y vuelve a crecer. Así ha vuelto la vieja sombra del patriarca, disfrazada con un lema que quiere sonar antiguo y sagrado: "Una familia, un voto".

La propuesta es simple como un portazo: que las mujeres dejen de votar. Que la voz femenina vuelva a ser eco, que la mano que deposita la papeleta sea siempre la de un hombre. Que la ciudadanía se reduzca a un solo latido, el del “cabeza de familia”, como si el resto fueran solo costillas, anejos, silencios.

En América -la de las megachurches que parecen hangares de fe, la de los profetas digitales que venden sumisión como si fuera cosmética- esta idea ha encontrado a quien la recite con devoción. Pastores que confunden a Dios con un patriarca de novela rústica, influencers que proclaman que la libertad desgasta la piel, apóstoles de la machosfera que sueñan con un mundo donde las mujeres caminan detrás, agradecidas, obedientes, invisibles.

Y lo más inquietante es que ya no susurran en sótanos. Ahora lo dicen en convenciones con foco y escenario, en pódcast que llegan a millones, en discursos que no tiemblan. El fin de Roe vs Wade, la reacción contra el feminismo, la nostalgia de un pasado que nunca existió: todo ello ha creado un clima en el que lo impensable empieza a ser “opinable”.

Pero lo que se pone en juego es más profundo que una ley o un derecho. Es la propia textura de la democracia. Es la idea de que cada cuerpo tiene una voz, que cada vida tiene un voto, que nadie representa a nadie por decreto biológico. Sustituir a “una persona, un voto” por “un hombre, un voto” es convertir la mitad de la humanidad en sombra. Es hacer retroceder el tiempo hasta ese punto donde la mujer era un apéndice legal, una figura sin contorno.

Quizás todo ello quede en ruido, en una extravagancia más del laboratorio político estadounidense. O quizá sea un aviso: los derechos no son piedras, son cristales. Y los cristales, si no los miras, se rompen. El pasado, cuando se le llama demasiado, siempre vuelve. Y cuando vuelve, nunca lo hace solo: lleva una biblia, una sonrisa y una llave para cerrar las urnas a las mujeres.

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EL PROBLEMA DE LOS CLIPS


 En 2003, en una oscura lista de correo, un grupo de profetas del apocalipsis tecnológico se mandaba mensajes sobre cuánto les importaba “si la humanidad desaparecía”. Uno consideró que prefería estar con criaturas más listas y creativas, aunque no fueran humanos. Otro respondió que le parecería bien si no fuera porque esas máquinas no tendrían ninguna cualidad humana: “Serían solo pura inteligencia computacional dedicada a fabricar una cantidad infinita de clips”.

Aquella fue una de las primeras menciones al experimento de los clips, que en los últimos 20 años se ha convertido en el emblema del miedo a una IA descontrolada. La idea es simple: una IA todopoderosa recibe la orden de fabricar clips para papel. Como no conoce límites ni moral, acaba convirtiendo toda la vida terrestre en clips y empieza luego a conquistar el espacio. Todo por los clips.

Esta semana la humanidad se ha asomado al abismo de la primera IA conocida que salió a buscarse la vida por su cuenta. Empleados de OpenAI pidieron a dos de sus modelos más avanzados que colaboraran para resolver un problema de ciberseguridad en un entorno seguro sin internet. Pero, sin más instrucciones, la IA optó por buscar la solución a su manera. Los agentes, programas capaces de tomar decisiones y ejecutar tareas complejas con poca o cero supervisión humana, intuyeron que era más fácil salir a internet a buscar la respuesta que ponerse a pensar. Encontraron una vulnerabilidad para escapar de su espacio aislado, saltaron a la red y fueron a hackear una plataforma, Hugging Face (una biblioteca de modelos de IA), donde creían que podía estar la respuesta. En OpenAI tardaron una semana en darse cuenta, según fuentes citadas por Reuters. La compañía afectada, que alertó al FBI de lo ocurrido, está preparando una cronología de lo ocurrido que va a publicar.

Es un caso muy específico, previsible a ojos de los expertos y del que aún no se conocen todos los detalles. También supone un hito. “Es enorme”, dice David Krueger, profesor de la Universidad de Montreal y experto en riesgos de IA. “La inteligencia artificial rompió por su cuenta las medidas de seguridad que debían contenerla y luego se coló en otra empresa. Parece sacado de la ciencia ficción, pero es verdad. El mundo tiene que despertar y darse cuenta”.

El debate sobre la seguridad de la IA fue prominente en los primeros años tras la aparición de ChatGPT, pero ahora su peso público se ha diluido. “Para mí esto es una prueba clara de que lo que era un fenómeno de laboratorio está ocurriendo a escala real, como llevan tiempo advirtiendo los investigadores preocupados por la pérdida de control”, señala Linda Petrini, investigadora en seguridad de IA. “No tengo la sensación de que el interés por el tema haya bajado. Al contrario, veo a más gente tomándoselo en serio a medida que las consecuencias se hacen evidentes”, añade.

El desarrollo de la IA supone hoy una carrera desbocada hacia delante, con sustos como el de OpenAI. La competencia entre empresas es tan grande que era difícil distinguir si la comunicación de la tecnológica sobre el hackeo era una asunción sincera de responsabilidad o una muestra de ostentación de lo que podía hacer su IA. Sea como fuere, hay una cuestión insoslayable: la IA va en serio y muy rápido. “Estamos alcanzando ciertas capacidades que parecían lejanas hace apenas dos años. Quien no se haya sorprendido de los últimos avances de la IA o es un vidente o un cínico”, reflexiona José Hernández-Orallo, director de investigación del Centro Leverhulme para el Futuro de la Inteligencia de la Universidad de Cambridge y catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia.

Ahora se corre sin tener en cuenta consecuencias que ya advertían hace más de 20 años: “Debemos tener cuidado con lo que pedimos a una superinteligencia, porque a lo mejor nos lo concede”, decía en 2003 Nick Bostrom, filósofo que popularizó el ejemplo de los clips junto a Eliezer Yudkowsky, autor de aquel primer mensaje y una de las voces más influyentes sobre el riesgo de la IA.

De las altas en el hospital a la declaración de la renta - Los especialistas en IA ya no tienen que esforzarse en buscar ejemplos para alarmar a la población porque llevan un tiempo viendo avances que son aún difíciles de imaginar: “Parece haber una desconexión entre lo que los investigadores saben que estos sistemas son capaces de hacer y lo que el público considera posible”, dice Petrini.

No es difícil imaginar escenarios que pueden convertirse un día titulares. “Encargamos a una IA que gestione un hospital centrado en reducir el tiempo de estancia de pacientes ingresados hasta el alta. La IA podría rechazar pacientes críticos y con patologías complicadas, permitiendo solo pronósticos benignos”, ejemplifica Senén Barro, catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela.

Otro ejemplo. Alguien busca maximizar su beneficio. En ese escenario, cuenta Hernández-Orallo, podría pedir a su agente de IA: “Prepárame la declaración de la renta para pagar menos. Haz todo lo que sea necesario. Es muy importante”. El resultado puede ser que acabe hackeando el banco o incluso la Agencia Tributaria para conseguir cambiar los registros de la persona que se lo ha pedido.

Este tipo de hackeo o “envenenamiento de datos” no es ciencia ficción. El investigador Bálint Gyevnar, de la Universidad Carnegie Mellon (EE UU), ha publicado un artículo donde muestra que un agente de IA puede acabar accediendo a datos inventados la mitad de las veces que le piden investigar algo en internet. Por ejemplo, acceder y trucar una base de datos con estudios sobre discriminación en contratación. Imaginemos que está completada hasta 2021 y que muestra que la brecha entre candidatos de la mayoría y minorías apenas ha cambiado. Un atacante puede descargarlo, añadir datos inventados a partir de esa fecha y subir la versión falsa a una plataforma abierta, con una descripción convincente. Si un científico le pide a su agente de IA que investigue el estado de la discriminación, el agente encuentra los datos trucados y concluye lo que el atacante quería, sin sospechar que haya nada mal. “Sin las salvaguardas adecuadas, los agentes pueden escalar y legitimar el fraude científico con un escenario parecido a las campañas que montaron las tabacaleras en los años 60”, dice Gyevnar.

Un sector que se suele señalar al pensar en el peligro de la IA es el de las armas biológicas. En este ámbito funcionan dos límites importantes, por ahora. En primer lugar, la biología no es solo código y requiere elementos del mundo físico. En segundo lugar, hay una convención muy estricta que prohíbe el uso de muchos materiales. “La IA ya puede ayudar a generar protocolos, resolver problemas técnicos y diseñar moléculas y proteínas. Esas opciones ofrecen posibilidades reales de avances en medicina o agricultura, pero también genera preocupación”, explica Clarissa Ríos Rojas, científica que trabaja en la Convención de Armas Biológicas de Naciones Unidas y que responde a título personal.

“Pero esas preocupaciones no son iguales en todas las etapas hacia un arma biológica, que van desde concebir el agente, a conseguirlo, producirlo a escala y diseminarlo. La relevancia de la IA es mayor al principio. Las etapas posteriores siguen limitadas por los materiales, el equipamiento, la capacidad organizativa y, sobre todo, por la pericia práctica que no se puede adquirir solo leyendo. Hasta qué punto la IA puede llegar a sustituir ese conocimiento tácito es una pregunta genuinamente abierta”.

Es legítimo sentir pavor ante estos escenarios. Y la cosa puede empeorar. Pero hay también pequeños puntos de luz y esperanza. El principal es que todo esto sigue siendo en el fondo código. Los ámbitos donde los agentes funcionan mejor siguen estando sobre todo muy vinculados a software y matemáticas. La otra gran frontera es el mundo físico, como en el caso de las armas. “El modelo actual siga teniendo limitaciones. Las nuevas fronteras serán entornos corpóreos y robóticos. La IA demuestra teoremas complejos y hackea sistemas bien protegidos, pero no limpia nuestro retrete”, dice Hernández-Orallo.

Hay conocimientos humanos no tan verificables como las matemáticas. Por ejemplo, la poesía. Una cosa es analizar un poema para un examen de bachillerato. Otra es escribir poesía al nivel de un Nobel: “Los modelos de IA destacan en tareas verificables, donde se puede comprobar si el resultado es correcto o incorrecto. Ahí el progreso es espectacular. Pero si la verificación es difícil, como en poesía o periodismo, los modelos se estancaron hace tres años: siguen sin ser sobrehumanos, y el resultado suele ser lo que ya se conoce como bazofia IA”, añade Harry Coppock, investigador del Imperial College de Londres.

Aunque los retretes y la poesía parezcan lejos de la IA, pocos ya se atreven a predecir nada: “Hace años que en mis conferencias hablo de lo que todavía la IA no hace a nivel humano. Lo que ya no hago es decir jamás: ‘la IA nunca será capaz de A o B’”, explica Barro. Y en estos últimos cuatro años los avances han sido espectaculares, añade: “Se irán subiendo escalones de forma muy rápida. El próximo salto, aún mayor, será la IA que aprenda un modelo del mundo a través de la interacción con él: no por leer, sino por experimentar”. 

Jordi Pérez Colomé en el País. Es reportero de Tecnología, preocupado por las consecuencias sociales que provoca internet. Escribe cada semana una newsletter sobre los jaleos que provocan estos cambios. Fue premio José Manuel Porquet 2012 e iRedes Letras Enredadas 2014. Ha dado y da clases en cinco universidades españolas. Entre otros estudios, es filólogo italiano.  

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