RAMMAGEDDON, LA GUERRA SILENCIOSA

 El hambre insaciable de chips de los grandes centros de IA conlleva la escasez de estos componentes esenciales para el mercado de consumo, en especial de memoria RAM. El chip de memoria RAM está en el centro de atención de la industria de tecnología de consumo por su escasez de suministro Freepik.  - Francesc Bracero en la vanguardia.

La primera batalla documentada de la Historia, hace 3.500 años, es la que enfrentó a los ejércitos de Egipto comandados por el faraón Tutmosis III y a una coalición de Canaán que lideraba el rey de Kadesh. Los egipcios asediaron una fortaleza de los cananeos en la cima de un montículo llamado Megido, a unos 80 kilómetros de Jerusalén. Ese lugar tiene un nombre muy conocido: Armagedón. Se trata de un enclave físico que aparece varias veces en la Biblia, en especial en el Apocalipsis, donde es el escenario profético de la gran batalla final entre los ejércitos de las tinieblas y el Dios cristiano. Miles de años después, el nombre ha sido asociado, por sus tres primeras letras, a uno de los conflictos provocados por la inteligencia artificial, que está condicionando los precios y los suministros de la gran mayoría de dispositivos tecnológicos: RAMmageddon (en inglés, sin acento y con dos “d”).

El hambre insaciable de chips para construir megacentros está obligando a que las grandes compañías que se dedican a la tecnología de consumo paguen precios más elevados por las memorias RAM, que llegaron a triplicarse en algunos casos durante el 2025. Este tipo de componente es el que proporciona el almacenamiento a corto plazo para los datos que se están utilizando en el ordenador, de forma que el procesador accede a esa información cuando la necesita. Aunque los chips específicos para los centros de IA son más complejos que los de consumo, el brutal aumento de la demanda ha llevado a los fabricantes de estos componentes críticos a centrar la mayor parte de su producción en estos últimos, que ahora gozan de una fuerte inversión.

El problema tiene ya incidencias serias en la industria de la tecnología de consumo. Algunas informaciones apuntan a que Sony se está planteando que la nueva consola PlayStation 6, prevista para el 2027, retrase su lanzamiento hasta el 2028 e incluso el 2029. Uno de sus competidores, Nintendo, podría estar ya considerando una subida de los precios de su consola Switch 2. La imposibilidad de los suministradores de cubrir la demanda de consumo está apuntando a un alza de los precios, pero también se podría reflejar, como en el caso de la consola, en un recorte del suministro o de nuevos lanzamientos que ya estaban programados. Cuentas de resultados y valor en bolsa están amenazados.

Bloomberg ha elaborado un informe para explicar por qué el auge de la IA encarecerá los teléfonos, los coches y los aparatos electrónicos en el que concluye que “satisfacer la demanda exponencial de chips resultará costoso y tal vez incluso imposible”. Con las grandes compañías de IA dispuestas incluso a pagar un sobreprecio para poder acceder a los chips. El aumento más drástico es el de las memorias que llevan los ordenadores personales, los móviles y también los coches. Según esta agencia, “en algunos casos, los precios al contado se han disparado casi un 700 % en el último año”.

El RAMmageddon también afecta al mundo científico, según recoge Nature, aunque muchos están haciendo de la necesidad virtud. La escasez de los chips de memoria “está empujando a los investigadores a desarrollar algoritmos y hardware más eficientes, para reducir la cantidad de memoria necesaria”. Según Matteo Rinaldi, director del Instituto para la Innovación en Nanosistemas de la Universidad Northeastern de Boston, Massachusetts, “la investigación científica depende cada vez más de una infraestructura informática a gran escala. Y muchas de estas cargas de trabajo requieren una capacidad de memoria considerable”.

La profecía de la última de las batallas, el Armagedón, ha quedado para siempre ligada a la inteligencia artificial, pero también está vinculada a algo más actual, la ofensiva de Estados Unidos e Israel en Oriente Medio, a partir del enfrentamiento de Anthropic con el Pentágono. La Administración Trump ha roto su contrato con esta compañía y la ha declarado empresa de “riesgo para la seguridad nacional en la cadena de suministro”. Pocas horas después, contrató a OpenAI como sustituta para el empleo de la IA en las campañas militares. Un análisis de medios de comunicación de Estados Unidos sugieren que la selección de objetivos mediante IA es la causa de que un misil estadounidense atacara una escuela en el pueblo iraní de Minab y matara a 165 niñas. La IA no tiene dudas. Solo tiene datos. Terriblemente equivocados en este caso.

La trágica paradoja es que es posible que fuera la IA de Anthropic, una compañía que constantemente se preocupa por los límites éticos de la inteligencia artificial, la que seleccionara la escuela de Minab para el bombardeo. Esta semana, una oferta de trabajo de esta compañía en LinkedIn, muestra hasta qué punto es preocupante el alcance de una IA como amenaza para las personas. La oferta es para contratar a un “responsable de políticas sobre armas químicas y explosivos de alto rendimiento”. Lo que intenta la empresa es evitar un “uso indebido catastrófico” de su IA. Es decir, evitar que alguien aprenda gracias a un chatbot cómo fabricar armas químicas o las llamadas “bombas sucias”, pequeñas armas nucleares. OpenAI, por su parte, también está contratando a un “equipo de preparación” con la misión de “identificar, realizar un seguimiento y prepararse para los riesgos catastróficos relacionados con los modelos de IA de vanguardia”. El Armagedón siempre en el horizonte.

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DE LAS IDEAS

Si como nos dice Cioran, las ideas son todas neutras en sí mismas, mejor no demos la culpa a las ideas de los disparates que cometen los hombres al aplicarlas estos a su antojo y para su propia conveniencia, y criminalicémosles, pues, a ellos, por su uso torpe e inadecuado con que las llevan a cabo, e intentemos preservar la esencia y la pureza de estas ideas (no importa cuáles sean) pues es posible que alguna vez, si llegamos a ser seres civilizados, nos hagan falta. 
Las ideas, como la vida, deberían llevar incorporado un manual de instrucciones de uso y disfrute, bien explicado, para no dar lugar a confusiones ni malentendidos.
 
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ARQUEROS Y CIERVOS, LAS TARIFAS DEL HORROR

 ‘Arqueros’ y ‘ciervos’, los secretos del safari humano de Sarajevo. ‘Turismo de francotiradores’. Un libro del escritor italiano Ezio Gavazzeni reconstruye los supuestos viajes de occidentales que pagaban por disparar contra civiles durante la guerra de Bosnia - Francesco Olivo, foto AFP

Que hubiera cínicos francotiradores occidentales dispuestos a pagar para participar en las matanzas de civiles en Bosnia no parecía ser un secreto. Y, sin embargo, al menos en Europa occidental prácticamente nadie habló de ello. El escritor italiano Ezio Gavazzeni lo descubrió solo recientemente y desde ese momento no se ha detenido. Hasta llegar al libro Los francotiradores del fin de semana (I cecchini del weekend), que llega este martes a las librerías italianas publicado por la editorial Paper First y tiene el mérito de reconstruir la cínica logística de aquellos viajes, arrojando luz sobre las organizaciones que captaban a los “clientes”, a menudo cazadores, y los llevaban a la zona de guerra atravesando las fronteras.

En el lenguaje utilizado por los organizadores, los francotiradores eran llamados “arqueros”, mientras que las víctimas eran definidas como “ciervos”. Ese mismo lenguaje aparece en el testimonio de uno de los interlocutores clave de la investigación, llamado “el francés”. Hacia el final de la obra, el autor le pide que describa el tipo de turista: “Notarios, abogados y médicos de alto nivel, empresarios, hijos de papá naturalmente ricos y aburridos; en general personas de más de cincuenta años con mucho dinero. Nosotros conocíamos su identidad, para asegurarnos de que todo nos fuera pagado como correspondía; de lo contrario habrían tenido problemas”.

Y luego, en un crescendo casi insoportable de crueldad, se aborda el tema de las tarifas. “El francés” revela: “Si matabas a un niño costaba 30 millones de liras (unos 15.500 euros ahora), una mujer 20 (unos 10.300) , un hombre adulto 10 (unos 5.100) y un viejo o una vieja, 3 (unos 1.500)”. Según el testigo, unos 230 italianos participaron en esos safaris durante la guerra de Bosnia, que ocurrió entre 1992 y 1995.

Según un testigo, los clientes eran “notarios, abogados, médicos o empresarios, casi siempre ricos y mayores de cincuenta años”

Una historia poco conocida. Sin embargo, en las primeras páginas de Corriere della Sera y La Stampa de 1995 aparecieron dos titulares casi idénticos: “En Sarajevo se va a cazar hombres” y “Los turistas de la guerra que disparan contra Sarajevo”. Dos de los principales diarios italianos publicaban con gran relevancia una denuncia presentada en aquellos días ante el Tribunal Permanente de los Pueblos, un organismo internacional independiente que examina violaciones de los derechos humanos. En una situación normal, tras artículos de este tipo sería lógico que la magistratura abriera una investigación. Sin embargo, pocos días después cayó el silencio sobre el asunto.

Muchos años después, en 2022, el director esloveno Miran Zupanič realizó un documental titulado Sarajevo Safari, en el que se recogían testimonios sobre francotiradores occidentales que iban a disparar contra civiles bosnios por diversión durante el conflicto balcánico de los años noventa. La historia tiene un indudable valor periodístico y narrativo y, sin embargo, también en ese caso nadie se movió: ni siquiera las distribuidoras lo llevaron al público de Europa occidental.

Las tarifas del horror - El testigo anónimo revela: “Un niño costaba 30 millones de lira(unos 15.500 euros ahora), una mujer 20 (unos 10.300) , un hombre adulto 10 (unos 5.100) y un viejo o una vieja, 3 (unos 1.500)”

Ese silencio fue lo que lo empujó a iniciar una investigación que esta vez ha traspasado el ámbito editorial para entrar en su lugar natural: un palacio de justicia, y quizá algún día un tribunal. La investigación se encuentra aún en fase preliminar, pero por primera vez desde aquellos años empieza a emerger algo concreto. De momento hay tres personas investigadas por la fiscalía de Milán: un empresario de Lombardía, un transportista de la región de Friuli Venezia Giulia y un cazador del centro de Italia. A los tres se les atribuye el delito de homicidio voluntario continuado, agravado por motivos abyectos.

En las 270 páginas de la obra se explica, a través de diversos testimonios, cómo operaban las organizaciones que llevaban a estos ricos italianos —aunque el fenómeno no se limita en absoluto a Italia— a las colinas de Sarajevo, la ciudad que sufrió el asedio más largo de Europa desde la Segunda Guerra Mundial, donde podían experimentar el monstruoso escalofrío de participar en un tiro al blanco contra civiles, a menudo —según algunos testimonios— con predilección por mujeres y niños.

Gavazzeni reconstruye con transparencia los pasos de su investigación, llevando al lector por bares cutres de provincias, talleres de coches y chats de redes sociales, omitiendo nombres, apellidos y elementos que puedan conducir a la identidad de los protagonistas de aquellos viajes, dado que la investigación judicial se encuentra todavía en una fase preliminar. Todavía queda mucho por investigar, y no solo en el noreste de Italia.

No era, al parecer, solo una cuestión italiana. Gavazzeni cuenta que en los últimos meses fue contactado también por un español, identificado como Toni C., que le relató: “Mi padre tenía un amigo millonario que una vez había ido a cazar elefantes en África. La persona que organizaba aquellos safaris, un catalán cuya identidad no conocemos, también organizaba viajes a Yugoslavia para cazar seres humanos y le ofreció participar”.

Todavía queda mucho por investigar, y no solo en el noreste de Italia.

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LA BARBARIE HUMANA SIN FIN


Desde tiempos inmemoriales sabemos que la primera víctima de la guerra es la verdad. La frase es una reformulación moderna de las ideas de Esquilo, el dramaturgo que combatió en las guerras médicas y que mostró en sus tragedias cómo la mentira y la propaganda son hijas de la guerra, los gobernantes manipulan el relato para justificar sacrificios y la población recibe versiones distorsionadas de los hechos. 

 De vez en cuando aparecen noticias que nos hacen dudar sobre si la civilización avanza en una buena dirección o volvemos a los tiempos de los bárbaros o de la Edad Media, una Edad Media de la que quizás aún no hemos salido, aunque nos neguemos a aceptarlo. Hace unos días, Gisèle Pelicot visitaba Barcelona y nos recordaba el drama que vivió por culpa de su marido, que grabó en vídeo cómo era violada por 80 hombres distintos tras ser sedada por él. Hoy el corresponsal  de la vanguardia en Roma, Francesco Olivo, nos informa sobre la investigación realizada por el periodista y escritor italiano Ezio Gavazzeni sobre los safaris humanos que se organizaban en Bosnia durante la guerra en este país a principios de la década de los noventa. O los tours que se organizan en África para cazar toda clase de animales, hubo quien montó viajes a Sarajevo para que quien quisiera disparase y matase a los civiles que se le pusieran a tiro. Hoy llega a las librerías italianas el libro Los francotiradores del fin de semana (I cecchini del weekend), donde Gavazzeni explica cómo era la trama que organizaba estos crueles safaris. Gente de un alto nivel económico que estaba dispuesta a pagar importantes sumas de dinero para poder disparar contra otros seres humanos. En el colmo del sadismo, las víctimas tenían diferentes tarifas según fueran niños, hombres, mujeres o ancianos. El caso ha llevado a que la justicia inicie una investigación que está todavía en fase preliminar.

Parecía que lo habíamos visto todo y más en una guerra. Quizás nada comparable con el genocidio de Ruanda, donde se intentó exterminar a la población tutsi por parte de la etnia hutu en 1994. Se calcula que entre medio millón y un millón de personas fueron asesinadas. O el genocidio más actual de Gaza, donde ayer se produjo otro crimen que merece todo nuestro repudio. Publicaba ayer la noticia de que el ejército israelí mató a dos niños de cinco y siete años y a sus padres cuando regresaban de un viaje en coche en Cisjordania. Los otros dos hijos del matrimonio, que resultaron heridos, vieron morir a su familia y el mayor explicó cómo fueron tiroteados por una patrulla militar. Había quien dudaba de la veracidad de la noticia publicada en el País, pero parece más que contrastada. 

La barbarie humana no parece tener fin. Las páginas de Internacional no dan abasto estos días para explicar tantas tragedias que se van acumulando. Ojalá pudiéramos explicar noticias más positivas. El problema es que la maldad sí existe, ha existido siempre, pero ahora se ha exacerbado, no se esconde, al contrario, sabiéndose impune, se muestra descarnadamente cruel.

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HABERMAS Y LAS REDES SOCIALES

 “Murió Jürgen Habermas. Murió el siglo XX”. “Murió Habermas, el mundo que conocimos no existe más”. Estos dos comentarios resumirían por sí mismos el sorprendente impacto que tuvo en las redes sociales la muerte del filósofo y sociólogo alemán el pasado sábado. Quizás sean los prejuicios, pero no estaba entre las quinielas de uno que el último gran exponente de la Escuela de Frankfurt compartiera un notable protagonismo en X con otras tendencias del momento, como fueron la película Torrente presidente, las elecciones del Barça o la falsa noticia de la muerte de Netanyahu. 

Lo cierto es que hay un poco de trampa. Una buena parte de los comentarios tenía tono humorístico. Este que escribe, por ejemplo, no había reparado hasta el sábado en el asombroso parecido entre el filósofo y Carl Fredricksen, el entrañable anciano gruñón protagonista de la famosa producción de Pixar Up. “Vuela alto, Habermas”, deseaba un usuario, adjuntando la preceptiva imagen del personaje de animación en el aire junto a sus inseparables globos.

El filósofo alemán vio que internet no era el espacio de debate cívico para fortalecer la democracia que él mismo había proyectado

Otros salieron a rebufo del trending, ironizando precisamente sobre la supuesta popularidad de Habermas, cuyos textos, como es sabido, no son plato de digestión fácil. Y así fue como se infló la conversación. “Así que eras seguidor de Habermas? A ver, nómbrame tres canciones”, señala uno. “¿Ha publicado Rosalía ya su vídeo sobre Habermas en TikTok?”, decía otro. “Ya murió Habermas, ya pueden admitir que nunca le entendieron”, bromeaba un tercero. Por no hablar de los muy poco originales juegos de palabras con su apellido. Que sí, que ya sabemos que ni va a haber más ni lo vamos a ver más... ¡ay!

Porque, como siempre ocurre en X, el último que se respeta es al fallecido. Los códigos de cortesía han cambiado en la esfera digital respecto a los del mundo en el que pensó el propio Habermas. De hecho, todo ha cambiado respecto al mundo que imaginó Habermas. Si las redes sociales son la traslación digital del debate deliberativo y racional en la esfera pública que configuró el gran pensador para moldear una mejor democracia, pues estamos apañados. 

Por ejemplo, más allá de chistes, otra buena parte de los comentarios en X eran cobros de facturas ideológicas. Los marxistas de la vieja escuela no perdonaban a Habermas su acomodo a la democracia liberal o, dicho de otro modo, le reprochaban “el divorcio entre la teoría marxista y la praxis revolucionaria de la clase obrera”. Hasta el punto de acordarse, algunos, de su pasado en las juventudes hitlerianas. Pero lo que más subrayaron fue su posición sobre Israel, país al que recientemente apoyó públicamente en plena guerra en Gaza. “Habermas murió el día en que su atrofiada brújula ética lo llevó a apoyar el genocidio en Palestina”, sentenciaron con crudeza.

Él se dio cuenta. Vio que las redes no eran hoy ese espacio de comunicación adecuado para la deliberación en las democracias. O que, si podían serlo, estaban fracasando. En uno de sus últimos textos, Un nuevo cambio estructural de la esfera pública y la política deliberativa, apuntó que las redes fragmentaban el debate hasta el punto de hacer imposible una opinión pública compartida, y alertó ante el triunfo de la emocionalidad sobre la racionalidad. Incluso los comentarios sobre su propio fallecimiento parecen darle la razón. Lo explicaba mejor el politólogo Javier Sánchez (@javisanchezglez): “El filósofo que teorizó el espacio público terminó señalando una paradoja: internet prometía más debate, pero ha acabado siendo un sistema de cámaras de eco, dominado por algoritmos, polarización y unos pocos gigantes tecnológicos”. 

Por eso lo que reinaba era el pesimismo con su deceso. Como si, con él, muriera una Europa posible basada en un diálogo razonado. Como si todo el mundo hubiera ya tirado la toalla. Porque “se van los pensantes y serios” y “se quedan los bárbaros y charlatanes”, como lamentaba el politólogo Elvin Calcaño (@elvin_calcano24). Porque “parece que en la conversación pública actual sobreviven mejor los eslóganes que los argumentos”, como apuntaba el filósofo Eduardo Infante (@eledututordecía). Visto lo visto, muy pertinente fue la reflexión de la cocinera Maria Nicolau (@MAlbercocs): “Gràcies per pensar, Habermas, però el diàleg racional no existeix: són els pares”. ¿Será verdad? - Jaume Pi C.de Sobregrau

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NOTICIA DEL SOLDADO JOSEPH DARDICHON

 Es interesante recibir hoy una postal de la Primera Guerra Mundial, con sensaciones escritas a pluma que nos servirán para la Tercera Guerra Mundial: el futuro será más negro, sobre todo si lo imaginamos de color blanco. Postal que el soldado Dardichon envió el 15 de abril de 1915. Archivo MJS -
Plácid Garcia-Planas Marcet, en la vanguardia.

La encontré perdida en un rastro y nunca imaginé que me llevaría tan lejos. Era la libreta sentimental y militar de un recluta del ejército francés, Josep Dardichon Fàbregas. Nacido en Barcelona el 12 de junio de 1886, era hijo del francés Émile Dardichon, del textil, y de la catalana Miquela Fàbregas.

Catalán y catalanista, tenía nacionalidad francesa y en Francia debía cumplir el servicio militar. Escribió y garabateó la libreta, en catalán prefabriano y francés, entre 1906 y 1907. "Joseph Dardichon Fabregas. Soldado en el Regimiento n. 12 Compañía n. 11 en la Ciudadela de Perpiña. (Pirineos Orientales). Fransa", anotó en la primera página.

Era, siete años antes de 1914, una premonición del suicidio de Europa. En la libreta, el recluta mezcla prácticas de tiro con relatos de amor. Sangrantes cantos de guerra con cuplés picantes. Dibujos del Cu-Cut con el número de soldados que Alemania podía sumar en tiempo de guerra. Todo en un mismo cóctel: en un relato de amor apasionado, escribe que ella “se desnuda y se mete en la cama” y la frase frota el dibujo de la trinchera que le enseñan a cavar.

Lo más revelador de esta libreta es el roce entre la pulsión sensual (y sexual) que le sale del cuerpo y la rigurosidad militar que el ejército francés intenta meterle en el mismo cuerpo. Él sólo concibe una forma de morir: por amor a otro cuerpo humano. Y el ejército francés le subraya que la forma más sublime de morir es por amor al cuerpo del Estado: en el campo de batalla.

La libreta contenía una inesperada bala final. Una carta doblada y colocada en la última página, fechada diez años después en Barcelona, el 17 de agosto de 1917. Está firmada por el cónsul de Francia en Cataluña y dirigida a “madame Dardichon”, en Mollet.

"Tengo el honor de hacerle llegar, en pliego separado, un diploma referente al sargento Josep Dardichon del 238 regimiento de Infantería, muerto al servicio y en la defensa de Francia. Le agradecería que devolviera, debidamente firmado, el recibo que le adjuntamos. Reciba, señora, mis saludos más distinguidos". Así es la guerra: un diploma a cambio de una vida. Pavana [burocrática] para un recluta difunto.

Estiré de su hilo vital en los archivos franceses y averigüé que lo mataron los alemanes –¿o lo mató Europa?– en un alarde de la ofensiva del Somme. Narré lo que pude rescatar de su historia en estas páginas, el mismo día en que, cien años atrás, había estallado la Primera Guerra Mundial. Y ahí quedó la cosa.

Ahora, de repente, doce años después, recibo una postal del soldado Dardichon. Está escrita desde la Primera Guerra Mundial y podía estar escrita hoy desde el Donbass o el Pérsico. La pone en mis manos, amablemente, una descendiente indirecta del soldado, María José Surribas, que conserva cuatro fotografías y once postales enviadas desde Francia en guerra.

En una de ellas –escrita a su cuñado el 15 de abril de 1915– me llaman la atención dos párrafos, quince líneas cargadas de optimismo. La postal está ilustrada con cañones franceses de 75 mm, la pieza de artillería más revolucionaria de la Primera Guerra Mundial.

“El otro día los alemanes trataron de atacar a nuestras trincheras –explica el soldado Dardichon–, pero nuestros cañones 75 tiraron dentro de las filas enemigas causando una verdadera carnicería, ¡en un campo de 500 metros de ancho había más de 150 muertos!”.

“Les estamos golpeando más fuerte de lo que nadie ha golpeado desde la Segunda Guerra Mundial”, acaba de afirmar Trump de los iraníes.

"Tengo la impresión –seguía escribiendo el soldado en la postal de 1915– que la guerra acabará pronto, dentro de un par de meses! Austria y Hungría pagarán los platos rotos".

"Esto es una excursión, una excursión corta", dijo Trump el jueves al definir la Tercera Guerra del Golfo.

Dardichon con sus soldados en una trinchera del frente francés 1914-1915. Archivo MJS.

Lo más corto en este tipo de excursiones suele ser la vida. Cuando escribió la postal, al soldado Dardichon solo le quedaban 544 días de existencia. Salió de las trincheras de Vermandovillers con la bayoneta calada el 10 de octubre de 1916. Tenían órdenes de avanzar cinco kilómetros. Y les adelantaron: arrebataron a los alemanes los bosques carbonizados de Chaulnes y Ablaincourt. Pero él, ya con el grado de sargento, se cayó avanzando, como cayeron cincuenta de sus soldados.

Cada cien metros hacia ese objetivo le costó a Francia una vida. ¿Cuántas vidas por barril de petróleo nos costará esta guerra?

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EL EJÉRCITO ISRAELÍ ASESINA A UN MATRIMONIO PALESTINO Y A DOS DE SUS HIJOS

 El ejército israelí mata a tiros a un matrimonio palestino y a sus dos hijos pequeños en Cisjordania El padre, la madre y los dos menores han muerto por disparos en la cabeza. Otros dos hijos de la pareja están heridos. “Nos gritaban: ‘Hemos matado a unos perros”

El ejército israelí ha matado a tiros en la madrugada de este domingo a cuatro miembros de una familia palestina: el padre, la madre y dos niños de cinco y siete años, al abrir fuego contra el vehículo en el que viajaban en la localidad de Tammun, en el norte del territorio palestino ocupado de Cisjordania, según las autoridades sanitarias palestinas. Otros dos hijos de la pareja, de ocho y 11 años, han sobrevivido con heridas leves de metralla en la cara y la cabeza, informa la agencia palestina Wafa.

Ali Jaled Bani Odeh, de 37 años, su esposa Waad, de 35, y sus cuatro hijos habían ido este sábado a otra ciudad palestina, Nablus, para cumplir una tradición para los palestinos: comprar ropa nueva para el Aid Al Fitr, la festividad religiosa musulmana que marca el final del mes de Ramadán, que este año cae el 20 de marzo.

Poco después de medianoche, volvían a casa en el vehículo familiar cuando los militares israelíes abrieron fuego contra ellos en una de las entradas de su pueblo. Los padres y los dos niños más pequeños, Mohamed y Otmán, de cinco y siete años respectivamente, murieron al recibir disparos en la cara o en el cráneo. Según fuentes de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Otmán era ciego.

Uno de los dos hermanos supervivientes, Jaled, citado por Reuters y por fuentes palestinas, ha explicado desde el hospital que, antes del tiroteo, oyó llorar a su madre y rezar a su padre. El niño no oyó la voz de ninguno de sus otros hermanos antes de que se hiciera el silencio tras la ráfaga de disparos que alcanzó al vehículo.

“Nos vimos bajo fuego directo, no sabíamos de dónde procedía. Oí gritar a mi madre y luego ella murió. Todos los que iban en el coche murieron excepto mi hermano Mustafa y yo”, ha dicho Jaled. “Intenté sacar a mi hermano Mohamed, pero no pude. Pensaba que yo también iba a morir”, recuerda el niño. Este menor ha contado que los soldados lo sacaron luego del vehículo y se pusieron a golpearlo, después de que uno de ellos gritara: “Hemos matado a unos perros”.

Un vídeo difundido en la red social X muestra cómo un vehículo militar israelí, al que sigue un jeep también del ejército, se lleva más tarde remolcado el coche de la familia, con el parabrisas delantero destrozado por numerosos impactos de bala. Según un comunicado del Ministerio de Exteriores palestino, tras el tiroteo, los militares israelíes “dejaron morir” a algunas de las cuatro víctimas que no murieron en el acto al impedir que los equipos de la Media Luna Roja Palestina que habían llegado al lugar las socorrieran.

El ejército israelí ha reconocido en un comunicado haber abierto fuego contra un coche en Tammun. La versión de los militares es que el vehículo de la familia aceleró hacia los soldados y que estos, al “percibir una amenaza”, empezaron a disparar. La nota se limita después a decir que el “resultado” de ese tiroteo fue que “cuatro palestinos murieron”.

Como suele suceder cuando uno de estos casos se hace público o adquiere notoriedad, el ejército israelí ha asegurado que las circunstancias de este suceso están siendo “investigadas”. Sin embargo, esas supuestas investigaciones prácticamente nunca dan lugar ni siquiera a que los responsables de ese tipo de actos comparezcan ante la justicia, ni tampoco a que rindan cuentas por ellos ni sean condenados.

Las organizaciones internacionales de derechos humanos —y algunas israelíes como B’Tselem— llevan años denunciando que las muertes de palestinos suelen ir seguidas de la impunidad de los culpables.

Esa “impunidad”, que denuncia también este domingo un comunicado del Ministerio de Exteriores palestino, no solo ampara a los militares israelíes en Cisjordania. También a los civiles israelíes que viven en asentamientos en ese territorio palestino ocupado, ilegales según el derecho internacional. Esos colonos han redoblado también su violencia desde el inicio de la ofensiva israelí contra Gaza, en octubre de 2023, y especialmente desde el inicio de la guerra contra Irán, el pasado 28 de febrero. En muchas ocasiones, los colonos cuentan con la protección de los militares israelíes.

Esta madrugada, un nuevo ataque de colonos israelíes ha terminado con la muerte de otro palestino. Ya van al menos nueve en las dos semanas transcurridas desde el comienzo de los bombardeos en Irán, mientras que otro palestino murió el pasado domingo en la localidad de Abu Falah, cuando el gas lacrimógeno lanzado por los soldados le provoco un episodio de asfixia que derivó en un paro cardiaco.

Desde el comienzo de los bombardeos contra Irán, el ejército israelí ha cerrado además los accesos a las carreteras principales que conectan las principales localidades cisjordanas. Ese hecho impide a las ambulancias llegar con rapidez para atender a los heridos en este tipo de incidentes, según las autoridades sanitarias palestinas.

La nota de condena del Ministerio palestino de Exteriores sobre el tiroteo que ha matado a los cuatro miembros de la familia Bani Odeh califica lo sucedido como una “ejecución extrajudicial” y remarca que no es “un hecho aislado” sino una manifestación más de “la violencia organizada en toda Cisjordania ocupada”, que forma parte “de un ataque más amplio y sistemático contra el pueblo palestino”.

El comunicado termina “reiterando su llamamiento a la comunidad internacional” para investigar “el genocidio, los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad” contra los palestinos, y “para que los responsables rindan cuentas ante la justicia”.

Desde octubre de 2023, al menos 1.041 palestinos han muerto a manos de israelíes en Cisjordania, de acuerdo con datos de la ONG israelí B’Tselem. La mayoría a manos de militares, pero al menos 27 asesinados por colonos, mientras que se desconoce si los autores de las muertes de otros 14 palestinos fueron soldados o bien colonos.

Antes del tiroteo de este domingo, esa ONG calculaba que Israel había matado a 16 palestinos en lo que va de año. A esta cifra hay que sumar ahora a los cuatro miembros de la familia Bani Odeh y a cinco de los nueve palestinos muertos en ataques de colonos desde el inicio de la guerra contra Irán. EL PAIS

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CAMARADA KRASNOV


 Donald Trump regará la maquinaria bélica del Kremlin con miles de millones de dólares para sostener la presión en los mercados de su agresión contra Irán. Estados Unidos ha levantado temporalmente las sanciones impuestas a la venta de crudo y otros productos petrolíferos rusos que ya estaban cargados en navíos antes del 12 de marzo. La concesión durará un mes, si Trump no la prorroga en el futuro, pudiendo suponer la colocación en los mercados de unos 100 millones de barriles de petróleo ruso, según el enviado especial de Putin y director del Fondo de Inversión Directa ruso, Kiril Dimitriev.
Esta noticia me ha recordado un artículo de mayo del año pasado de Lluis Uria sobre la conexión Trump/Putin, que parece patente con esta decisión que tan poco ha gustado al presidente del Consejo Europeo, António Costa, quien ha criticado "la decisión unilateral" de Estados Unidos.

CAMARADA KRASNOV - LLUÍS URIA - 23/03/2025

El senador demócrata por Oregon Jeff Merkley no fue con tapujos el pasado 4 de marzo cuando le tocó el turno de examinar al candidato a subsecretario de Estado Christopher Landau, antiguo embajador estadounidense en México y nuevo número dos del secretario de Estado, Marco Rubio. Sin más preámbulo, Merkley le espetó a quemarropa: “Señor Landau, ¿es el presidente Trump un agente ruso?”. “En absoluto”, respondió este segundo con cara de asombro.
¿Es posible, o verosímil, que Donald Trump sea un agente de Moscú? Probablemente, el senador Merkley no lo crea y simplemente utilizó ese recurso retórico para poner en evidencia el giro prorruso de la nueva política exterior de EEUU. Pero si formuló la pregunta de esa manera es porque esa sospecha planea sobre el historial del presidente estadounidense desde hace años.
Quien ha asegurado explícitamente que el presidente de EEUU es un agente ruso encubierto es Alnur Mussayev, exjefe del Comité de Seguridad Nacional (KNB) de Kazajistán y antiguo agente del KGB soviético. Actualmente residente en Austria, el exespía aseguró en febrero en declaraciones a Kursiv Media que Trump fue reclutado como agente a mediados de los años ochenta por el KGB, que le habría dado el nombre en clave de Krasnov. Mussayev no aportó prueba alguna de tan espectacular como incierta revelación y varios expertos ponen en duda que él pudiera tener acceso –si fuera verdad– a tal información. Pero no hace falta llegar tan lejos. Antiguos miembros de los servicios de inteligencia no descartan, en cambio, que los soviéticos trabajaran durante años para atraer a Trump y hacerlo suyo de alguna manera. Ésta es la hipótesis que defiende Yuri Xvets, un antiguo agente del KGB, destacado en la década de los ochenta en Washington como falso periodista de la agencia Tass y exsocio de Alexander Litvinenko –un exespía disidente asesinado en Londres en el 2006–. Xvets declaró a The Guardian que Trump fue instruido por los servicios secretos rusos durante 40 años.
La aproximación al magnate se inició, según varias fuentes, a mediados de los setenta, después de su boda en 1977 con la modelo checa Ivana Zelnickova, su primera mujer. La joven pareja empezó a ser vigilada por los servicios secretos checoslovacos, según consta en archivos desclasificados en 2016 por el gobierno de Praga consultados por Politico. En cualquier caso, el acercamiento decisivo fue en 1987, cuando el entonces embajador soviético en Estados Unidos, Yuri Dubinin –que anteriormente lo había estado en España (1978-1986)–, invitó a Trump, interesado en hacer negocios inmobiliarios en la URSS, a visitar Moscú y San Petersburgo. Es en ese momento cuando los servicios secretos habrían lanzado su red sobre el futuro presidente de EE.UU.
Los amantes de las conspiraciones achacan la presunta captación de Trump a un chantaje, a partir de supuestas pruebas comprometedoras –desde un vídeo sexual hasta información financiera– según la vieja práctica soviética del kompromato . Otros, más realistas, creen que los rusos simplemente detectaron la principal debilidad de la personalidad del hoy líder republicano –la desmedida vanidad– para atraerle hacia sus intereses mediante la adulación. Y algunos favores...
Sea como fuere, cuando regresó a Nueva York, Trump –hasta entonces centrado exclusivamente en sus negocios– abandonó su discreción y empezó a cuestionar públicamente la política exterior de Washington y la participación de su país en la OTAN, incluso publicó anuncios de página entera en los periódicos.
Durante los años noventa, Trump tuvo negocios con inversores rusos y en 2013, como copropietario de la empresa que tenía la titularidad, llevó el concurso de miss Univers a Moscú, cuya organización le puso en contacto con personas vinculadas al Kremlin. Fue por medio de aquellos contactos que, tres años después –en plena campaña de las elecciones presidenciales–, se organizaría una controvertida reunión de su hijo mayor, Donald Trump jr.; su yerno, Jared Kushner, y su director de campaña, Paul Manafort, cuya abogada rusa les había prometido información comprometedora sobre su rival, la demócrata Hillary Clinton.
A partir de ahí, todo es más conocido. Los servicios de inteligencia de Estados Unidos constataron la injerencia de Moscú en la campaña electoral del 2016 para beneficiar a Trump, lo que –unido a los contactos de miembros de su equipo con ciudadanos rusos– llevó al FBI a abrir una investigación para determinar si el candidato republicano trabajaba secretamente para Moscú. Tras su elección como presidente, Trump destituyó de forma fulminante al director del FBI, James Comey, por haberse negado a cerrar la investigación, pero no pudo impedir que su adjunto, Rod Rosenstein, nombrara a un fiscal especial, Robert Mueller, para investigar lo que se acabó llamando Rusiagate .
El informe final de Mueller, presentado en el 2019, constató las interferencias rusas –desinformación a través de las redes sociales, pirateo de los ordenadores del equipo de Clinton–, pero no encontró prueba alguna concluyente de una cooperación criminal entre el Kremlin y el equipo de campaña electoral de Trump.
Durante su primer mandato, el presidente de EEUU ya mostró un extraordinario entendimiento con su homólogo ruso, pero a principios de este segundo ha ido aún más allá, asumiendo las tesis de Moscú sobre la guerra de Ucrania. Al preguntar si Trump podría ser un agente ruso, el senador demócrata Jeff Merkley repasó las declaraciones y tomas de posición del presidente y concluyó con otra pregunta: “¿Qué podría hacer un agente ruso que Trump no haya hecho ya?”.

Un souvenir en Moscú con la imagen de Trump, como un niño pequeño, en los brazos de Putin - MLADEN ANTONOV / AFP - lavanguardia.com

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