La primera batalla documentada de la Historia, hace 3.500 años, es la que enfrentó a los ejércitos de Egipto comandados por el faraón Tutmosis III y a una coalición de Canaán que lideraba el rey de Kadesh. Los egipcios asediaron una fortaleza de los cananeos en la cima de un montículo llamado Megido, a unos 80 kilómetros de Jerusalén. Ese lugar tiene un nombre muy conocido: Armagedón. Se trata de un enclave físico que aparece varias veces en la Biblia, en especial en el Apocalipsis, donde es el escenario profético de la gran batalla final entre los ejércitos de las tinieblas y el Dios cristiano. Miles de años después, el nombre ha sido asociado, por sus tres primeras letras, a uno de los conflictos provocados por la inteligencia artificial, que está condicionando los precios y los suministros de la gran mayoría de dispositivos tecnológicos: RAMmageddon (en inglés, sin acento y con dos “d”).
El hambre insaciable de chips para construir megacentros está obligando a que las grandes compañías que se dedican a la tecnología de consumo paguen precios más elevados por las memorias RAM, que llegaron a triplicarse en algunos casos durante el 2025. Este tipo de componente es el que proporciona el almacenamiento a corto plazo para los datos que se están utilizando en el ordenador, de forma que el procesador accede a esa información cuando la necesita. Aunque los chips específicos para los centros de IA son más complejos que los de consumo, el brutal aumento de la demanda ha llevado a los fabricantes de estos componentes críticos a centrar la mayor parte de su producción en estos últimos, que ahora gozan de una fuerte inversión.
El problema tiene ya incidencias serias en la industria de la tecnología de consumo. Algunas informaciones apuntan a que Sony se está planteando que la nueva consola PlayStation 6, prevista para el 2027, retrase su lanzamiento hasta el 2028 e incluso el 2029. Uno de sus competidores, Nintendo, podría estar ya considerando una subida de los precios de su consola Switch 2. La imposibilidad de los suministradores de cubrir la demanda de consumo está apuntando a un alza de los precios, pero también se podría reflejar, como en el caso de la consola, en un recorte del suministro o de nuevos lanzamientos que ya estaban programados. Cuentas de resultados y valor en bolsa están amenazados.
Bloomberg ha elaborado un informe para explicar por qué el auge de la IA encarecerá los teléfonos, los coches y los aparatos electrónicos en el que concluye que “satisfacer la demanda exponencial de chips resultará costoso y tal vez incluso imposible”. Con las grandes compañías de IA dispuestas incluso a pagar un sobreprecio para poder acceder a los chips. El aumento más drástico es el de las memorias que llevan los ordenadores personales, los móviles y también los coches. Según esta agencia, “en algunos casos, los precios al contado se han disparado casi un 700 % en el último año”.
El RAMmageddon también afecta al mundo científico, según recoge Nature, aunque muchos están haciendo de la necesidad virtud. La escasez de los chips de memoria “está empujando a los investigadores a desarrollar algoritmos y hardware más eficientes, para reducir la cantidad de memoria necesaria”. Según Matteo Rinaldi, director del Instituto para la Innovación en Nanosistemas de la Universidad Northeastern de Boston, Massachusetts, “la investigación científica depende cada vez más de una infraestructura informática a gran escala. Y muchas de estas cargas de trabajo requieren una capacidad de memoria considerable”.
La profecía de la última de las batallas, el Armagedón, ha quedado para siempre ligada a la inteligencia artificial, pero también está vinculada a algo más actual, la ofensiva de Estados Unidos e Israel en Oriente Medio, a partir del enfrentamiento de Anthropic con el Pentágono. La Administración Trump ha roto su contrato con esta compañía y la ha declarado empresa de “riesgo para la seguridad nacional en la cadena de suministro”. Pocas horas después, contrató a OpenAI como sustituta para el empleo de la IA en las campañas militares. Un análisis de medios de comunicación de Estados Unidos sugieren que la selección de objetivos mediante IA es la causa de que un misil estadounidense atacara una escuela en el pueblo iraní de Minab y matara a 165 niñas. La IA no tiene dudas. Solo tiene datos. Terriblemente equivocados en este caso.
La trágica paradoja es que es posible que fuera la IA de Anthropic, una compañía que constantemente se preocupa por los límites éticos de la inteligencia artificial, la que seleccionara la escuela de Minab para el bombardeo. Esta semana, una oferta de trabajo de esta compañía en LinkedIn, muestra hasta qué punto es preocupante el alcance de una IA como amenaza para las personas. La oferta es para contratar a un “responsable de políticas sobre armas químicas y explosivos de alto rendimiento”. Lo que intenta la empresa es evitar un “uso indebido catastrófico” de su IA. Es decir, evitar que alguien aprenda gracias a un chatbot cómo fabricar armas químicas o las llamadas “bombas sucias”, pequeñas armas nucleares. OpenAI, por su parte, también está contratando a un “equipo de preparación” con la misión de “identificar, realizar un seguimiento y prepararse para los riesgos catastróficos relacionados con los modelos de IA de vanguardia”. El Armagedón siempre en el horizonte.
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