A menudo se ha calificado el cine de arte de masas. Seria mejor decir: 'arte contra las masas'. Todas las tiranías de nuestro tiempo - mejor que no hablemos de ellas - se han aprovechado del poder estupidizante del cine para borrar la sensibilidad social y humana del espectador. El cine capitalista es, exactamente, el opio del pueblo. Los cines de propaganda son otro tipo de opio con idénticos efectos adormecedores muy aburridos y sin sueños agradables. De hecho, los que nos gusta del cine es que nos infantiliza, haciéndonos creer que podemos ser arte y parte de los sueños que nos explica, como contraste de una realidad que queremos rehuir; una realidad vulgar y aburrida, que de hecho es lo que hay, el resto, preocupaciones de las que el cine sólo nos distrae, pero que no se van cuando en la pantalla sale 'FIN'
