Publiqué el otro día en absurdidades esta foto de un autobús en la Habana con la gente en el vehículo, colgados materialmente por la parte exterior. Olvidaba que esto sucedía aquí hace cincuenta y pocos años. Y és que parece que seamos muy modernos y civilizados y venimos de donde venimos hace cuatro dias...

DE VIAJAR EN CHANCLETAS

"Cuándo empecé a trabajar hace ya de ello un montón de años, iba con el autobús del Martí. Como vivía en la "Creu Alta", bajaba el transporte ya prácticamente lleno de Ca N'Oriac, y era bastante normal en aquellos tiempos ir en la parte de atrás del autobús, cogido a la barra y el cuerpo medio dentro medio afuera pues el cobrador no cerraba la puerta, entre otras cuestiones porque no podía; el desayuno en una mano, envuelto con papel de la Vanguardia y la otra mano cogida en la barra, y así íbamos al trabajo casi cada día por la mañana.
Esto que es impensable a día de hoy para ir al trabajo, en cambio lo hemos trasladado a viajar por ocio y en los aeropuertos, cosas de la socialización de la aviación. Es enorme la cantidad de gente que viaja de un lugar a otro cada día y no sólo los meses de verano, con la aparición de los vuelos baratos, y no van colgados de la barra como en el autobús porque no se posible que si no aún lo veríamos en días punta. Este cambio que se ha producido en los últimos años ha trastocado muchas pautas de comportamiento social a la hora de viajar y ha saturado nuestros aeropuertos a pesar del aumento de capacidad operativa de los de Reus y Girona, sobre todo éste último que ha experimentado un crecimiento espectacular. 

Todo este cambio ha provocado que la saturación llegue al punto que el personal viajero se mueve y es tratado casi como si de transporte de ganado se tratara, y no sólo si viajan en Ryanair. Pero que quieres, que puedes exigir si te vas a Praga en chancletas y por 30€. Viajar en avión, antes, era cosa de privilegiados u ocasional en los demás mortales y todo iba dentro de unas pautas tranquilas y organizadas, pero actualmente con una gente que quiere que todo funcione cómo un reloj, que es incapaz de entender que con tanto movimiento es normal y lógico que haya esperas, retrasos, pérdida de maletas, etc, resulta de que todo son quejas y lamentos. 

Cualquier día de verano si vais al Aeropuerto del Prat, fijaros en la cantidad de gente que se traslada a una multitud de sitios del planeta, la de vuelos que salen y llegan uno tras otro, y entenderéis que mover tanta gente es complejo y cualquier pequeño incidente lo altera todo. A finales de septiembre hace ya nueve años fuimos Marraquech - fuera de temporada pues - Pues bien, la cola de aviones para salir un viernes por la tarde del aeropuerto del Prat era enorme, los conté, teníamos doce delante y ocho detrás."