Comentaban el otro dia en una tertulia de radio, que Rogelio Velasco, flamante consejero de Economía de la Junta de Andalucía, promete muchas tardes de gloria para el periodismo y poca ayuda para borrar el desprestigio general de la política. Después de asegurar que la promesa estrella del PP –crear 600.000 puestos de trabajo– era sólo “una forma de expresarse durante una campaña electoral”, nos ha contado ahora cómo piensa atacar el paro endémico en Andalucía, especialmente el de larga duración. El consejero propone a los parados irse de su pueblo hacia la Costa del Sol, Almería o Huelva, donde el turismo y la agricultura del plástico dan algunas oportunidades a la estancada economía andaluza. Más allá del hecho de que son trabajos muy mal pagados, a menudo denunciados por la ilegalidad de los contratos o las condiciones laborales y cubiertos por los más desesperados, los inmigrantes, la pregunta que se plantea es: ¿qué pasará entonces en el resto de Andalucía, en los pueblos de interior, en las comarcas más desfavorecidas?. De hecho, al menos en Huelva, mucho caso no le han hecho por lo que publiqué aqui mismo el otro día.
Ya me veo a venir que Andalucía, con un consejero de Economía que debe de ser amante de las películas de Pedro Lazaga de los setenta como la mítica fue ¡Vente a Alemania, Pepe!, que retrataba la emigración masiva de españoles para trabajar en la industria alemana ante la falta de oportunidades en España, lance pronto una nueva campaña publicitaria de la Junta de Andalucía "Vente a Almería, Pepe" con la boina y la maleta de cartón atada con un cordel, eso sí, para dar más autenticidad al esperpento.
Ya me veo a venir que Andalucía, con un consejero de Economía que debe de ser amante de las películas de Pedro Lazaga de los setenta como la mítica fue ¡Vente a Alemania, Pepe!, que retrataba la emigración masiva de españoles para trabajar en la industria alemana ante la falta de oportunidades en España, lance pronto una nueva campaña publicitaria de la Junta de Andalucía "Vente a Almería, Pepe" con la boina y la maleta de cartón atada con un cordel, eso sí, para dar más autenticidad al esperpento.
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