DUBROVNIK SE ENFRENTA AL RUIDO DE LAS MALETAS

La popularidad de la ciudad croata, con más de un millón de turistas al año, ha llevado a su alcalde a proponer medidas para mejorar la convivencia. Las hermosas calles empedradas del centro histórico de Dubrovnik se han convertido en un dolor de cabeza para los pocos vecinos que el turismo no ha desplazado hacia barrios menos bulliciosos. La multitud de turistas que a diario la recorren cargados de maletas buscando su alojamiento ha hecho que los residentes de Dubrovnik exijan una solución a la contaminación acústica, sobre todo por las noches, cuando el ruido de las ruedas de las maletas por el empedrado los mantiene en vela. 

De ahí que el alcalde, Mato Frankovic, pusiera en marcha antes del inicio del verano Respect the City, una iniciativa que recuerda la famosa campaña contra el incivismo en Barcelona del alcalde Jordi Hereu. Como la capital catalana, Dubrovnik busca acabar con el consumo de alcohol y comida en los monumentos históricos, andar en bañador por las calles o dejar a los perros sueltos. Pero la medida más polémica ha sido la del ruido de las maletas bajo multa de 265 euros, instando a que los turistas carguen con ellas en vez de hacerlas rodar por el suelo, algo que ha llevado al Gobierno croata a tomar cartas en el asunto. De momento la medida está en standby, pero el mensaje ya ha trascendido.

La prohibición no es más que el reflejo de un intento de las autoridades locales por poner algo de orden en una ciudad que está muriendo de éxito, y más después de que la exitosa serie Juego de Tronos la convirtiera en uno de sus principales platós de rodaje. Con una población de 41.000 habitantes, Dubrovnik recibió en 2019 (antes de la pandemia) 1,5 millones de turistas y, en lo que va de año, ya suma 289.000 visitantes y 763.500 pernoctaciones, con lo que las autoridades locales calculan que se volverán a registrar cifras prepandémicas. Eso supone que por cada habitante recibe unos 34 turistas, lo que la convierte en una de las ciudades europeas más sobrecargadas de turistas, seguida por Venecia, Brujas y Rodas, con 21 turistas por vecino cada una de ellas (según el último informa de la plataforma de alquileres Holidú).

Es por ello que la ciudad de Dubrovnik lanzó un video animado informativo con el objetivo de educar a los visitantes sobre cómo ser conscientes al explorar el centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979. La animación muestra el tipo de comportamientos que la ciudad preferiría no ver de los turistas, como la de caminar vestido de playa en el centro histórico. Un clip donde se ve también a un turista arrastrando una maleta con ruedas y perturbando la paz de los vecinos. La Junta Nacional de Turismo de Croacia ha salido al paso emitiendo una declaración sobre el uso de maletas: “La administración de la ciudad de Dubrovnik no ha implementado, ni tiene ninguna intención de introducir, ninguna sanción con respecto al uso de maletas en el centro histórico”, dice en un comunicado. Y enfatiza que es solo una recomendación.

Pero poner freno a un sector que supone más del 20% del PIB del país es muy complicado (los datos del 2022 se cerraron en Croacia con 18,9 millones de viajeros y 104,8 millones de pernoctaciones). Y más cuando acaban de entrar en la zona euro y su atractivo como destino de sol y playa puede caer en picado al dejar de ser un destino económico, frente a lo que ofrece la costa española, griega, francesa o italiana, sus principales competidores.

Y luego se quejan los cuatro habitantes que quedan en el centro de Barcelona que aún no han sido desplazados por los turistas. Eso si que es morir de éxito. Y la culpa en el caso de Dubrovnik no es de la Colau.

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