Puede que el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, no quisiera definir el mundo que nos toca vivir, sólo señalar algunos irresponsables, pero creo que es la frase del mes y del año: “El mundo necesita menos imbéciles”. Una sentencia así merecería que se imprimiera en camisetas e incluso que los líderes de la UE llevaran gorritas azules con la frase a las reuniones. La ventaja de la inconcreción en nombres es que nadie se daría por ofendido, pero resultaría una advertencia imprescindible. Y muchos imbéciles se mirarían al espejo pensando: ¿Y si me han descubierto? ¿Y si se han dado cuenta de que detrás de tanta verborrea amenazadora han descubierto que dentro de mí se esconde un imbécil descomunal? El único problema es que un asesor de imbéciles les recomiende que se pusieran la camiseta o la gorra con la frase en cuestión, para que los demás piensen que el aviso no va para ellos. Màrius Carol

Kristersson hizo esta declaración sobre la invasión de los imbéciles tras el episodio sufrido por su viceprimera ministra, Ebba Busch, líder del Partido Demo cristiano, cuando se difundió una imagen suya en bikini con la herramienta de inteligencia artificial Grok, de la que es propietario Elon Musk. La Comisión Europea ya ha multado a la empresa del magnate amigo de Donald Trump con 120 millones por incumplir el reglamento de servicios digitales. La herramienta de IA permite crear imágenes sexualizadas de mujeres y niños en internet, lo que constituye un comportamiento inaceptable.

El primer ministro sueco ha avisado de que "el mundo necesita menos imbéciles"

Es desconcertante que a Trump le parezca "asquerosa" la sanción, en lugar de que le resulte repugnando la manipulación de las imágenes. Sobre todo cuando hace unos días declaró en The New York Times que el único límite a su poder es su propia moralidad: “Mi propia mente es lo único que puede detenerme”. Así que estamos listos con ese referente ético. 

El pensador Pino Aprile ha escrito en Nuevo elogio del imbécil que la IA nos acompaña y llena la vida de herramientas sabias, pero los seres humanos nos volvemos menos inteligentes. Aprile concluye que está creciendo la estupidez en el planeta, aunque se trata de una ventaja adaptativa. Será hasta el día en que todo salte por los aires. Por culpa del imbécil jefe.