Un temor recorre Europa: el retorno de la inflación que, en el 2021/24, redujo el nivel de vida, elevó tipos de interés y contribuyó a la ira de sectores que viraron a la extrema derecha. Pero hay más: de prolongarse la guerra, sus efectos serán severos, en precios por descontado, pero también en crecimiento, bolsas y tipos de interés y de cambio. En esta tesitura, ¿Qué nos espera?

Sucintamente, existen dos escenarios posibles. El primero, continuidad de la crisis. En este caso, el modesto impacto en el IPC o en el PIB de hoy se transformaría en algo mucho más duro: como todo choque de oferta, las alzas de la energía y otros inputs importados reducen nuestra renta, al tiempo que los mayores costes empresariales expulsarían a las empresas menos eficientes. Desde la demanda, el deterioro del empleo y la renta familiar y las pérdidas de riqueza (bolsa y bonos) afectarían negativamente al consumo y la inversión, añadiendo efectos recesivos. En tipos de interés, además, se visualiza una nueva fase alcista, y aunque su intensidad dependerá de la profundidad y duración de la crisis, se otean peores perspectivas para el crédito. 

Por su parte, las expectativas de mayor inflación, combinadas con elevadas deudas públicas, presionan al alza sus tipos de interés: entre el 27 de febrero y ayer, los de aquella a 10 años han aumentado por doquier: en EE.UU. (del 3,96% al 4,23%), Alemania (2,65% y 2,94%), Francia (3,22% y 3,59%), Italia (3,28% y 3,68%) o España (3,06% y 3,42%), incrementando la carga por intereses, ampliando el déficit y reduciendo margen de maniobra de los gobiernos. En tipos de cambio, la recuperación del dólar, y las pérdidas del euro y otras divisas asiáticas, acentúan las transferencias de renta al exterior dado que tanto el petróleo como el gas cotizan en dólares. ¿Bajo crecimiento e inflación? La stagflation podría regresar. Quizás sea esta la visión de la Agencia Internacional de la Energía, que ha acordado una reducción histórica de los stocks de crudo, aunque sus efectos (con el petróleo otra vez a 100 dólares/barril) no se han dejado notar.

En EE.UU. difícilmente casan elecciones en noviembre con caídas de las bolsas

Este duro escenario puede tener una salida menos dramática: que Trump considere que debe finalizar pronto la guerra. Es una posibilidad, porque en EE.UU. difícilmente casan elecciones en noviembre con caídas de las bolsas y aumentos de tipos de interés e inflación. En suma, quizás veamos un nuevo

TACO (siglas en inglés de “Trump siempre se arruga”), como ya sucedió con parte de sus bravatas arancelarias de hace un año. En ello cifran toda su confianza, la que les quede, los mercados financieros y de energía del planeta. Veremos.

Pero, termine como termine esta crisis, nada continuará igual: el viejo mundo globalizador hace mutis por el foro y el bravo nuevo mundo se consolida definitivamente. Uno, además, para el que los europeos no estábamos preparados. Que haya suerte. Josep Oliver Alonso