SI AL SEXO, POR FAVOR, SOMOS BRITÁNICOS


 Una diputada laborista propone un 'verano del sexo' educativo en el Parlamento de Westminster. Samantha Niblett reivindica con 'Yes sex please, we’re british!' el lado positivo de la sexualidad, para lo que pretende llevar juguetes para adultos al Parlamento - Panorámica de la Cámara de los Comunes en el Parlamento de Westminster.House of Commons / Reuters

A principios de la década de 1970, la comedia No sex please, we’re british (Nada de sexo, por favor, somos británicos) fue un éxito de taquilla —tanto en el teatro como cuando se convirtió en película— en el Reino Unido. La obra muestra las vicisitudes de una joven pareja inglesa, cuando, por error, reciben un envío de pornografía escandinava, con la que no saben qué hacer más allá de sentir culpa y vergüenza, y sufrir. En este 2026, la parlamentaria laborista Samantha Nibblet, nacida al final de la década de 1970, ha presentado un programa que toma el título de la obra y que juega, y ese es el verbo, a lo contrario.

La campaña Yes sex, please, we’re british (Sí al sexo, por favor, somos británicos) que impulsa Nibblet podría parecer una provocación, pero busca objetivos saludables. Por ejemplo, diferenciar entre la intimidad afectiva y la pornografía y reivindicar, dice, una sexualidad positiva.

Un informe de Unicef España de 2025 señaló que la edad media del primer acceso a la pornografía se sitúa en los 11 años y medio. En el 36,7% de los casos, los menores consultados en el informe aseguraron haber llegado a contenidos pornográficos de forma fortuita, es decir, sin buscarla. Las cifras en Reino Unido son similares. Ante esta realidad, Nibblet propone un “verano del sexo” que se anticipe al debate político, ya previsto para otoño, sobre cómo abordar la educación sexual.

En España, la edad media del primer acceso a la pornografía son los 11 años y medio. La cifra es similar en el Reino Unido

En la presentación de su campaña, Nibblet presentó una gira estival de reuniones con “una serie de organizaciones con las que hablar y recopilar información, para que podamos hablar de sexo durante todo el verano”. Entre sus propuestas más provocadoras está utilizar el Parlamento de Westminster como sede de una exposición de juguetes sexuales. De momento, la idea se queda en propuesta: la laborista no está segura de si las rígidas normas de la sede del poder legislativo permiten albergar objetos que hace tres décadas solo se veían en sesiones de tuppersex.

Niblett defiende la relevancia de la educación sexual y de la normalización de ciertas conversaciones no porque sea una mujer particularmente “deshinibida”, explicó a The Times, sino por todo lo contrario. De vuelta a la pornografía, reconoce que “la primera vez que recuerdo haber visto porno tenía diez años; la vi en una cinta de vídeo y en revistas”. Lo lamenta. “Si pudiera reconfigurar mi mente… No es demasiado tarde; espero que este verano del sexo sea educativo también para mí”, concedió.

La diputada espera que su campaña contribuya a facilitar conversaciones aún hoy difíciles. Por ejemplo, exponer “cómo el parto, la menopausia, el estrés y otras condiciones de salud pueden afectar a la satisfacción sexual”.

“Tenemos que asegurarnos de educar sobre lo que es bello y normal en el sexo y el amor reales, en la vida real, para todas las personas que consientan en el Reino Unido”, dijo Nibblet, esta vez en la BBC. Su campaña, sin haber arrancado, ya ha abierto en el Reino Unido sobre su propia existencia. ¿Por qué la búsqueda de un objetivo bueno —poner coto a la pornografía, decir sí a la sexualidad consentida y afectiva— puede verse como una provocación, y no lo contrario? - Javier Dale Becedoniz en la vanguardia.


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