EL MEJOR COLEGIO DEL MUNDO


 Régis Marques, director del mejor colegio del mundo: “El narcotráfico iba a devorar la escuela”. Educar en la 'No violencia' en las aulas.  El docente brasileño recondujo la historia de la escuela Parque Dos Sonhos de São Paulo reduciendo la violencia y el absentismo. Ahora aspira a mejorar las notas de los alumnos. En los suburbios de Cubatão, en São Paulo, una escuela ha pasado de ser una pesadilla (como se la conocía popularmente) a llevarse el premio al mejor colegio del mundo. Y no tanto por las buenas notas, que van mejorando, sino por cómo gestionan la dificultad. La escuela Parque Dos Sonhos empezó a caminar hacia un futuro esperanzador gracias al liderazgo de Régis Marques (São Paulo, 1982), un profesor de historia que asumió la dirección de este centro público en 2016 y que lleva a sus dos hijas a esta escuela. Lo primero que hizo al aterrizar en el nuevo centro fue comer con los alumnos para saber qué pensaban. Y ha reducido el absentismo. Pero su tarea constante, subraya, es trabajar por la no violencia. Marques ha estado estos días en Barcelona en el espacio Mutare Educació organizado por la Fundació Carulla.

¿Qué hay que hacer para conseguir ser la mejor escuela del mundo?

Trabajar con amor, afecto y esperanza. Y nunca dejar de pensar que es posible el cambio. Entiendo la educación como una forma de transformación del mundo. Era una escuela muy violenta, nadie quería estar allí. La autoestima de alumnos, maestros y comunidad era muy baja.

¿Cómo empezaron el cambio?

Lo primero fue definir nuestra función social. Queríamos ser una escuela de paz y no violencia. Tenemos que hablar de no violencia todos los días. Porque cuando llegamos a casa o en la televisión, hay violencia. Después definimos una meta: ser la mejor escuela de São Paulo en cinco años. Todo el mundo pensaba que estaba loco. ¡Cómo una escuela en la que el 80 % de los alumnos no saben leer ni escribir lo podía conseguir! Y lo tercero que hice fue escuchar a los alumnos. Porque los oímos, pero no los escuchamos. ¡Nadie les había preguntado! Como con ellos. Aún lo hago.

¿Qué le pidieron?

Talleres. De peluquería, de danza, de teatro… Y los empezamos a hacer una vez a la semana.

¿En horario escolar?

Sí. Hoy tenemos 43 proyectos. No teníamos dinero y necesitábamos arreglar el edificio. Enviamos cartas a 135 empresas. Una de ellas un gran banco en Brasília, Banco Itaú. Y nos dieron 20.000 dólares. Logramos pintar por dentro y por fuera. Y eso cambió la mirada de los alumnos. Era la primera vez que hacían algo por la escuela. Y la empezaron a cuidar más y a no vandalizarla. La escuela no es del director ni de los profesores, es de la comunidad. Hoy Parque dos Sonhos es un espacio abierto a todos. En 2020 ya era la mejor escuela de São Paulo. Y ha crecido un 400%. Hemos reducido un 80 % los incidentes policiales y el absentismo. Tenemos que cuidar la escuela. Estamos más en ella que con nuestra familia…

Y en 2025 lograron ser la mejor del mundo.

Nos inscribí en el World’s Best School Prizes, aunque no creía que fuera posible ganar. Somos una escuela pública de Cubatão. ¿Quién conoce Cubatão? La inscribí para formar parte del universo. Se incribieron 10.000 escuelas. Pasamos a ser de las 1000 mejores y participamos en una encuesta con T4 Education. Preguntaron a una alumna qué significaba Parque dos Sonhos para ella. Y dijo que en esa escuela se reconoció a sí misma como ser humano y que todo lo que había aprendido en su vida lo había aprendido allí. También mencionó que había llegado a la escuela sin cabello debido al cáncer, y que nunca sufrió acoso allí por no tenerlo. Y empecé a llorar. Al finalizar la encuesta, me preguntaron: ¿Qué distinguía al Parque de Sonhos de las otras 999 escuelas?. Y cuando tomaba aire para responder, un maestro contestó que él puede transformar vidas, cambiar personas, y que puede traer su familia. Ahí volví a llorar.

¿Cómo siguió?

El 18 de junio nos comunicaron que estábamos en el puesto 10 de las 50 mejores. En ese momento, no creía que tuviéramos posibilidades de ganar, ya que competíamos contra escuelas de Palestina, Ucrania y Uganda. Pensaba “¿Cómo vamos a ganar frente a una escuela situada en una zona de guerra? ¿frente a un lugar que se enfrenta a adversidades tan extremas?”. Pero me di cuenta de que nosotros también estamos en guerra en Brasil. Es una guerra silenciosa, en la que los estudiantes conviven a diario con la delincuencia y el narcotráfico. Y cuando dijeron que habíamos ganado, todos lloramos. Salimos de ser una escuela que podría estar cerrada por la violencia y se volvió la mejor del mundo.

Ejemplar del diario que cada dos meses editan los alumnos de la escuela Parque Dos Sonhos de Brasil

Cuando llegó a la escuela lo recibieron con piedras los alumnos. ¿Y los profesores?

Soy profesor de historia y siempre creí en la no violencia porque formo parte del Movimiento Humanista que tiene como metodología de acción la no violencia activa. Lo de las piedras no me impresionó porque ya había pasado esto en otras escuelas. En una me rajaron las ruedas de la moto. El objetivo de todo el proceso era demostrar que la escuela pertenece a los alumnos. Y en cuanto a los profesores, hay una que cuenta cómo, entre 2013 y 2014, se vendían drogas dentro de la escuela. El narcotráfico iba a devorar la escuela. En 2015, robaron todas las computadoras del centro educativo. Y hoy ella ve esta transformación. Y llora. Lloramos mucho. Antes de tristeza, ahora de felicidad (sonríe)

¿Le acompañaron los profesores en el cambio?

Fue un proceso porque tenían la autoestima muy baja y no creían que era posible. Se trató de ir inspirando a los poquitos que querían. Y esos que se sentían más inspirados inspiraban a los otros. Y los que no querían, dejaron la escuela.

La motivación de los docentes es fundamental ¿No?

Sin ella nada sería posible. Los 43 proyectos que tenemos no serían posibles. El proyecto de patinaje fue impulsado por un profesor que es emprendedor y gestiona una instalación recreativa. Nuestros alumnos son campeones estatales de voleibol, gracias a un programa que también puso en marcha un profesor. El teatro está a cargo de otro. Y el coro, de otro más. Debo mantener la escuela abierta a estos líderes para que ellos también puedan crear. Las personas que trabajamos en educación creemos que podemos hacer algo por el mundo, por las personas.

¿Los proyectos son talleres?

Sí. En Brasilia tenemos las asignaturas académicas y también ofrecemos experiencias adicionales porque creemos que la escuela es un espacio de experimentación donde los alumnos pueden probar cosas y visualizar su futuro. Así es como surgen campeones como Rafael Santos, quien se convirtió en campeón mundial de patinaje en Estados Unidos.

¿Qué otros talleres hacen?

Teatro, podcast… Y tenemos un periódico que hacen los alumnos (trae una muestra) y que sale cada dos semanas.

¿Cuántos alumnos y profesores son?

Hoy tenemos 1200 alumnos y 105 profesores. En 2013 teníamos 116 alumnos y 13 profesores…

Los profesores van a casa a conocer a las familias.

Es el proyecto A escola vai à sua casa. Conocimos la idea en el Foro Social Mundial en 2003 y de una experiencia en Cuba. El proyecto me pareció hermoso y profundamente enriquecedor, y la idea quedó grabada en mí. Pero definimos algunas reglas. La primera era no hablar de los alumnos. Hablamos de lo importante que es la escuela en la vida de ese alumno. Y de cómo la escuela puede ser algo que transforma su vida. Y el segundo paso es escuchar a la familia: comprender su historia, de dónde vienen, qué buscan, qué desean y a qué se dedican. Luego, evaluamos cómo transcurre la visita y cómo cambia la perspectiva del docente, ya que este proyecto está dirigido al maestro y a la familia. A menudo, los maestros ven a los alumnos simplemente como individuos que deben cumplir con tareas y deberes; no siempre los perciben como seres humanos que sufren, sienten y viven la vida. Cuando un maestro visita el hogar de un alumno, se pone en su lugar. Eso lo cambia todo. Hemos llegado a hogares que carecían de absolutamente todo: sin nevera, sin sofá, sin un peine….

¿Los profesores quieren ir a las casas?

Hay profesores que no. Les digo que vayan una vez y si no quieren volver, que no lo hagan. Pero vuelven diciendo “Ahora entiendo por qué tengo que hacer esto”. Cambia la mirada.

Cuando llegó a este colegio, había mucha violencia ¿Y ahora?

Todavía tenemos porque se incorporaron unos 600 alumnos nuevos que nunca habían experimentado el modelo “Parque”; no entendían cómo funcionaba la escuela y no habían trabajado aspectos como la empatía.

¿Cómo gestionan la violencia?

Un ejemplo muy claro: Guilherme sufría acoso escolar. Logramos resolver el problema. Pero luego era él el que estaba acosando a otro compañero. Llamé a ambos a mi despacho y pregunté a Guilherme: ¿Cómo te sentías cuando te acosaban?”. Y me respondió: “Me sentía triste; no quería venir; lloraba todo el tiempo”. “¿Y cómo crees que se siente Isaac?”. Se detuvo, reflexionó, pidió disculpas y abrazó a Isaac. Pero nuestro enfoque de la mediación de conflictos implica algo más que pedir disculpas: requiere reparar el daño. Guilherme asumió un papel similar al de un monitor de “patrulla contra el acoso”. Si veía a alguien acosando a otros, me lo comunicaba. Tenemos que reparar nuestros errores. Son adolescentes que todavía están aprendiendo, pero la violencia grave —destrozar la escuela o traficar con drogas— ha desaparecido. Ahora se trata simplemente del comportamiento típico de los adolescentes mientras aprenden. Hay que trabajar para la no violencia cada día. Cada día, porque cada día van a casa y viven en la sociedad.

¿Lo importante es que los alumnos vean al profesor como alguien en quien confiar?

El alumno debe confiar en el docente, y viceversa. ¿Cómo podría aprender de alguien en quien no confío? Sostengo que, ante todo, debemos trabajar en las relaciones. Es preciso fomentar relaciones sanas y afectuosas en la escuela. Y una vez establecidas estas relaciones, los resultados surgen como consecuencia de ellas.

¿Y qué tal son sus resultados ahora?

Nuestro resultado en la evaluación SARESP de São Paulo en 2016 era un 1,45 sobre 10. Hoy estamos en 5,9 Estamos inscribiendo alumnos constantemente y ya hemos alcanzado nuestra capacidad máxima para lo que queda de año. Así que ahora vamos a empezar a trabajar para llegar a 7, 8 y 9.

En lo académico ¿qué es lo que más trabajan?

Tenemos un proyecto de incentivo a la lectura donde los alumnos empiezan a leer autores brasileños. También llevamos a cabo un proyecto en el que todas las puertas lucen grafitis que representan iconos de la no violencia; tenemos murales de Nelson Mandela, Kobe Bryant, Maria da Penha e incluso Tolstói. Los alumnos deben realizar proyectos sobre estas figuras para conocerlas a fondo. Y no se trata solo de eso: leen y luego deben exponer lo que he leído, porque se aprende enseñando, no solo leyendo. También contamos con un programa de matemáticas muy sólido que incorpora educación financiera y emprendimiento, ya que algunos alumnos no desean ir a la universidad.

Aquí en Catalunya los docentes están bastante enfadados.

No conozco esta realidad. Puedo hablar de Brasil. Si se plantea una huelga, la apoyo. Pero eso no puede servir de excusa para ser un director mediocre. Hay que luchar, pero también debemos centrarnos en las soluciones. Y si no eres feliz en este lugar, vete. Hay otras escuelas, otros lugares donde trabajar.

Lorena Ferro Cabrera, en la Vanguardia


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