Por ello, no son pocos quienes en las últimas horas se preguntan si esa imagen de un equipo solidario y fraternal se podría extender a la política española en su conjunto. Sería bueno que fuera así, sin duda, pero hoy es materialmente imposible. El nivel de polarización existente en la vida política y social española convierte al equipo de Luis de la Fuente en un espejismo. Y no se trata solo de la habitual confrontación entre derecha e izquierda, sino que también sería imposible por la conflictividad entre territorios. Desde presidentes autonómicos abonados a propagar el supuesto trato de favor que recibe Catalunya hasta los discursos independentistas del “España nos roba”. Separadores y separatistas.
No es culpa solo de los políticos. Los medios de comunicación y, especialmente, los mensajes de odio que se cruzan en las redes sociales han abierto brechas imposibles de recoser. El ministro de Justicia, Félix Bolaños, afirmó este pasado domingo en la entrevista publicada en La Vanguardia que desde su Gobierno “buscamos que cada vez más catalanes se sientan cómodos en un proyecto común que se llama España”. Seguro que es mejor eso que alimentar el discurso independentista con políticas frentistas. Y no cabe ninguna duda de que el éxito de un proyecto común, como el de la selección española, puede contribuir a ese objetivo. Pero no nos llamemos a engaño: el mundo real poco tiene que ver con el fútbol.
Celebremos el éxito de esta gran generación de futbolistas y no caigamos en la tentación de convertirlos en un símbolo de una concordia general que hoy no existe en España. La Vanguardia.

La verdad es que han dado un bonito ejemplo. Una lección para todos.
ResponderEliminarSalud.