Si se atiende menos al ruido digital y más a los periodistas sobre el terreno, uno descubre que un mes y medio después de la entrada masiva de migrantes en Ceuta, hay quien ha encontrado algo bueno en la crisis. Hay un boom de reformas caseras en la ciudad aprovechando la mano de obra barata. Los marroquíes que molestan en las calles por la noche son de lo más útiles de día para hacer unas reformillas en casa al módico precio de 50 euros la jornada —sin concretar el número de horas—, intercambiable por una cama para dormir y un plato caliente. Podría llamarse solidaridad, pero también explotación.

Joaquín Vera, que no deja de patearse Ceuta, nos explicaba ayer en La Vanguardia el misterio de las furgonetillas blancas que hacen cola para acceder a unos almacenes de materiales de construcción. “La economía ha hecho boom”, le explica un encargado del establecimiento. Las ventas de materiales y suministros se han disparado. Tras la entrada masiva de migrantes, hay mano de obra a espuertas. Y barata, claro. Y en negro, por supuesto, explica Vera.

Los smartphones que la ultraderecha pone como ejemplo de la no vulnerabilidad de los migrantes sirven como portafolio de presentación. Una galería de imágenes con todos los servicios: se levantan tabiques, alicatan cocinas, cambian suelos, se sustituyen bañeras por platos de ducha… Se contacta por Facebook. Barato, barato… Vera hasta ha encontrado clientes satisfechos: “Son unos hachas en lo suyo, perfeccionistas como nadie, y con mucha experiencia”. Hay pintores, carpinteros, electricistas, fontaneros… un negocio de reformas integrales. Y un corre que te pillo. Las ofertas en las redes desaparecen rápidamente.

¿Quién hacía esas obras hasta ahora? La regularización de migrantes fue aplaudida por las patronales del campo, la construcción y el transporte, al contrario de las críticas que PP y Vox dirigen a la medida lanzada por el Gobierno de Sánchez. Estos sectores, como el de la hostelería y los cuidados de dependencia, cuentan con la inmigración para sobrevivir ante el déficit de personal evidente.

En Ceuta hay quien no tiene tanta prisa para ejecutar las expulsiones de ilegales y en las redes proliferan los vídeos que muestran el hundimiento del Estado occidental del bienestar sin migrantes. Brilla estos días en Facebook un corto hecho con IA de Leeno Daash. ¿Cómo sería una Europa sin inmigrantes?, se pregunta. Hospitales sin médicos ni enfermeras, ancianos suplicando que no les abandonen, la selección francesa de futbol con tres jugadores. En el último Mundial había 98 futbolistas nacidos en suelo francés y solo 26 jugaban con la camiseta blue. De estos, únicamente media docena tenían sus orígenes en territorio francés, aunque fuera de ultramar.

Hay más: clases vacías de alumnos y sin profesores, para sorpresa de François Cluzet reconvertido en director de un colegio; restaurantes cerrados por falta de personal, ni sushi, ni pizza... y, los que resisten, ofrecen patatas fritas a precio de oro.

No se aprende la lección, por mucho que lo parezca en los comentarios.  La película Un día sin mexicanos, en el 2004, explicaba la misteriosa desaparición de todos los migrantes de California, que acaba sumida en el caos. Hay vídeos mostrando  situaciones similares en Quebec o la sanidad alemana.  

Hasta José Mota incluyó un plan de expulsión de inmigrantes en su especial de Nochevieja del 2025. “Todos fuera”, excepto los que cuidan de ancianos, los camareros, los que trabajan en el campo y, claro, los que cotizan. Abogados, maestros y médicos, que se queden; también los futbolistas y “los que trabajan en B, así les pagamos menos”... como en Ceuta.

Isabel García Pagan, Subdirectora de 'La Vanguardia' - La foto es de J.Vera.