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DE LA TOLERÁNCIA

No estoy de acuerdo con la palabra tolerar, y por lo tanto la consecuencia de su aplicación, se tolera sólo por educación aquello que se detesta o no entiende, que vendría a ser como una caridad mal entendida y peor aplicada, muy en la línea populista y falsamente piadosa de muchos cristianos viejos. Por lo tanto aparco en un rincón de la memoria la palabra tolerancia y saco a pasear, conocimiento mutuo, comprensión, mestizaje y complicidad. Y es que, esta sociedad instalada en una auto satisfacción nihilista, obsesionada sólo en consumir y malgastar e ignorar todo aquello que pueda alterar su supuesta estabilidad, no está por esta labor de convivencia, y ve pasar la vida a través del televisor o la tarjeta de crédito, inmune a todo y interesada en nada, y son éstos los síntomas de la decadencia real de una sociedad, cuándo instalada entre esta auto satisfacción, pasotismo y aburrimiento, se empecina en molestarse por las pequeñas absurdidades cotidianas, perderse en mil y una tonterías, y hacer ver que no ve los problemas reales de su entorno; o dicho de otra manera, los ignora y desprecia, sean los vecinos de al lado, o los muertos de cada día en Iràn, Afganistan, Egipto o allí donde sea del tercer mundo, que siempre se le hace muy lejano. Y querría reafirmarme en el sentido que nuestra sociedad, hace ya una temporada que ha empezado a habitar permanentemente en este estado previo a la decadencia moral y ética total.
 

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