Tras la jornada de hoy, donde unos dos millones de personas han votado libremente la consulta en Catalunya... (lo han hecho moros y cristianos, vivos y muertos sin demasiadas garantías), y de hecho el % tanto por ciento como el que hayan votado tampoco es excesivamente importante, el Presidente Mas dirá que ha cumplido con su promesa de sacar las urnas a la calle, y un clásico como que habrá un antes y un después, mientras, Rajoy dirá que primero lo paralizó todo aunque luego fue generoso al mirar hacia otro lado (después de negociarlo con Rigol), y permitir el simulacro de votación ideado por el Gobierno de la Generalita. 
Los partidos y las entidades soberanistas experimentarán, posiblemente una sensación agridulce, de falsa euforia. Por un lado, se sentirán fortalecidos por haber demostrado una vez más su extraordinario poder de convocatoria, y por haber lanzado un claro mensaje al Gobierno Español y a la comunidad internacional. Pero también saben que todas estas energías estaban destinadas hacia una consulta de verdad, con garantías democráticas y reconocimiento exterior. Una consulta en la que participaran todos los ciudadanos y no sólo los que optan por la independencia.
Después de hoy, todo seguirá pendiente de hacer en Cataluña, hasta que no se celebre el referéndum de verdad (nada ya de eufemismos), o aparezca una propuesta creíble por parte de las fuerzas políticas españolas para los que todavía creen en un futuro compartido con España. Quedará pendiente, decidir a quién corresponde el liderazgo del proceso soberanista; la regeneración democrática que tanto Cataluña, como España necesitan, además de una pluralidad imprescindible que ahora no existe para que en Cataluña y España se escuchen todas las voces en las mismas condiciones de expresar su opinión. Y, por encima de todo, es cierto que habrá un Gobierno incapaz de ofrecer una alternativa política dialogada para millones de ciudadanos que de forma civilizada expresen una y otra vez su voluntad. Por todo ello, el futuro de Cataluña y de España pasa por el cambio de las mayorías políticas que se vislumbra cercano. No habría que correr demasiado por parte de la Generalitat, en este sentido la fruta madura está a punto de caer. Pero el dilema, la duda, sigue siendo: ¿que pasará en una referéndum de verdad, donde votaran todos los ciudadans? ¿Quién ganaría? el SI, SI,! Tengo mis dudas de que así sería.