A veces me cuesta entender, de aceptar que vivo en una sociedad llena de idiotas, de imbéciles que no entienden nada y se la cogen con papel de fumar con las naderías mientras se les escapa todo lo que es fundamental. Lo entiendo en nuestros políticos, de hecho, la estulticia es su estado natural donde se mueven a sus anchas, pero la gente, la buena gente que tanto daño ha hecho y hace, me cuesta entenderla, de comprender cómo ha podido llegar a este punto de estupidez, incluso por - como decía antes - nimiedades, como el caso de este gimnasio de Rubi que por unos anuncios inocuos, los han tenido que retirar es que nada por que se ve peligraban subvenciones. Los anuncios los han tachado los hipócritas fariseos de turno, de sexistas, y ha ido del canto de un euro que no les acusan de machistas.

Francamente, se lo deberían hacer mirar, con este rasero, la mitad de los chistes de Woody Allen, algunos de Groucho Marx, muchos de Eugenio y no digo ya de Arévalo y similares, deberían censurarse, de erradicarse, no fuera molestaran a sus estulticias, que aparte de abandonarles la inteligencia, les ha abandonado también un mínimo sentido del humor, que no tiene por qué ser respetuosamente respectuoso, ni políticamente correcto, porque entonces ya no sería humor.

Pero se ve que todo esto hoy en día no toca, hay que ser muy serio, te acusan de sexista o machista en cualquier comentario o acto, sino no se es serio ni se está al día. En cambio no oigo a hablar nunca y la hay más de lo que parece de la violencia de género femenina, que no mata, eso es cierto, pero que es como una mosca cojonera, siempre despreciando a los hombres, tratándoles de todo y nada bueno, que si nosotros dijéramos de ellas la mitad de la mitad, ya nos dirían de todo, pero chico, tienen patente de corso, y he de reconocer que saben hacer daño, como corrosivas que son. Decía Bolaño en una recopilación de cuentos: las mujeres son putas asesinas, y supongo que como era él, la gente se leyó el cuento, y nadie se le echó encima, aunque si lo publicase ahora, no se que pasaría, ni si se lo publicarían con este título.

Aquí la corrosión, la socarronería, la mala baba con más o menos base, no se acepta (si afecta a un lado), todo debe ser gilipollamente correcto, limpio pulido y aburridamente ordenado. Ni tan siquiera puedes echar un piropo a una señora, que enseguida te tachan de machista (culo, he dicho culo). Pues conmigo que no cuenten, esta sociedad paranoica, histérica no me interesa lo más mínimo. Allá ellos.

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Francesc Puigcarbó

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