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EN NOMBRE DE UN DIOS INEXISTENTE


El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, retoma su lucha contra el colectivo LGTBI, ahora a razón de la Ley integral del reconocimiento del derecho a la identidad y expresión de género en la Comunidad Valenciana, y especialmente para su adaptación y normalización en los centros educativos. Ante esta nueva etapa el arzobispo llama en el semanario diocesano 'Palabra' contra la Ley afirmando que "adoctrinar a los niños en ideología de género es una maldad".

Según avanza el diario Levante-EMV Cañizares insta "actuar" y "no cruzarse de brazos" ante una norma que aboca a "la destrucción de la familia" y vuelve a cargar contra el consejo de PSPV y Compromís. Así advierte que "nuestra Comunidad Valenciana que, como otros ocho comunidades autonómicas españolas, pretende imponer, a modo colonizador de las conciencias y aún por la fuerza, esta ideología mediante una legislación inicua [malvada, injusta, contraria a la equidad] que se encuentra en estos momentos en las Cortes Valencianas".

Curioso que se preocupe por la familia quien no la tiene, no la ha creado ni la piensa cear. Hay acciones mucho peores malvadas, injustas, contraria a la equidad, que hizo pasear a los niños con un farolillo con una estelada, del que estos ni en harán caso en la cabalgata de los Reyes, sonseñor Cañizares, maldita sea, sabe un montón de ello de adoctrinar a los niños, y sabe tanto que confunde enseñar con adoctrinar, con informar de la realidad de una ideología real que él pretende ignorar y por supuesto niega, no en nombre de la Iglesia, sino en nombre de su ignorancia e intransigencia. Este experto en adoctrinar niños en la infamia, la hipocresía y la intolerancia tan cristianas, en la falsa fe de su Dios inexistente, se sorprende de que la sociedad civil eduque, enseñe a los niños en la realidad, las varias realidades que conforman la familia a día de hoy, una familia de cualquier género mucho más sana y honesta que la del Cardenal, hundido en su hipocresía y su miseria ética y moral. Pura basura que deambula por tierras valencianas mientras espera su extinción, y que ni siquiera tendrá que rendir cuentas a nadie cuando traspase, porque nadie habrá para juzgarlo. Ya ha sido juzgado y condenado en vida por sus propios hechos. A hacer la mano, que seguro tiene práctica, sabido es que a los de su especie en general les gustan mucho los niños.

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