La guerra de las Malvinas, en 1982, permitió a Margaret Thatcher superar la crisis de las huelgas de los mineros. Gracias a la excitación patriótica que recorrió el país como un relámpago, pudo aplastar la revuelta de los mineros y
lanzar la primera gran marea privatizadora de una democracia occidental. En 1999, el ataque de la OTAN contra Belgrado permitió que más tarde la antigua
Yugoslavia fuera pasto de rápidas privatizaciones, un objetivo anterior a la propia guerra. La economía no fue en absoluto la única motivación que desató estos conflictos, pero en todos y cada uno de los casos, un estado de shock colectivo de primer orden fue el marco y la antesala para la terapia de shock económica.
Los traumáticos episodios que «prepararon el terreno» no siempre han sido de carácter abiertamente violento. En los años ochenta, en Latinoamérica y África, las crisis a causa de las deudas forzaban a los países a «privatizarse o morir»,
como dijo un ex funcionario del FMI.
Devorados por la hiperinflación, y demasiado endeudados como para negarse a las exigencias que venían de la mano de los préstamos extranjeros, los gobiernos aceptaban los «tratamientos de choque» creyendo en la promesa de que les salvarían de mayores desastres. En Asia, la crisis financiera de 1997 y 1998 —de consecuencias comparables a la Depresión de 1929— bajó los humos de los denominados Tigres de Asia, abriendo sus mercados en lo que el New York Times describió como «la mayor liquidación por cierre del mundo». 
Muchos de estos países eran democráticos, pero las transformaciones radicales que crearon el «libre mercado» no se instauraron democráticamente. Más bien al contrario: tal y como lo entendía Friedman, la atmósfera de crisis a gran escala ofrecía los pretextos necesarios para desestimar los deseos expresados por los votantes y entregar las riendas del país a los «tecnócratas» económicos.

Y a mí que esta 'terapia de shock' de Naomi Klein, no me digáis porque ni me tachéis de mal pensado, me remite a un tal M.Rajoy y su gestión del 'proces' y otras como el ayto de Madrid para tapar la Gürtel. ¡Ay! no me hagáis caso, soy muy mal pensado, pero fijaros que los medios españoles ni hablan del indiciario M.Rajoy como perceptor de 300 mil euros de la cosa esa de la que usted me habla (la caja B del PP) de un tal Barcenas, como ha con firmado un tal Morocho de la UDEF.
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Francesc Puigcarbó

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