Era, según el relato habitual de este suceso carne de programa de Iker Jiménez, un día más en el aeropuerto tokiota de Haneda. A pesar de no haber transcurrido una década desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Japón se encontraba en plena recuperación y recibía a visitantes de todo el planeta.  Lo que no se imaginaban los trabajadores de las instalaciones aeroportuarias niponas es que aquel calurosos día de 1954 iban a recibir la visita de un viajero inter-dimensional…o un timador con mucha imaginación y ganas de troleo.

Un funcionario de aduanas recibió en mano el pasaporte de un pasajero aparentemente llegado desde Europa. Mientras el viajero esperaba en silencio, revisó el documento. Vaya, el país no le sonaba. “Taured”. Debía de tratarse de alguno de esos minúsculos que casi parecían de broma, algún ducado o principado de esos como Liechtenstein o San Marino. Sin embargo, tras consultar con su supervisor, comprobó que la supuesta nación de Taured no aparecía por ninguna parte. El pasaporte sin embargo parecía auténtico y tenía estampado en sus páginas sellos de entrada de otros países que el pasajero había visitado aparentemente  sin problema. Algo imposible, dado que el país del que decía venir… no existía.

Según el blog Compendium Magazine, el viajero fue interrogado por la policía del país del sol naciente en una discreta sala del aeropuerto. Aseguraba que su patria se encontraba en Europa, pero que era normal que no les sonase su nombre en Japón. Explicó que era muy pequeño y se encontraba entre España y Francia, pero que nunca había tenido problemas al viajar a Japón. Que era la tercera vez que viajaba aquel año a la nación asiática, por negocios, y que nunca antes había experimentado problemas. Mostró moneda legal de distintos países europeos que llevaba en una gran billetera y los agentes de la ley, tras comprobar un libro de geografía, le preguntaron si venía de Andorra. El tipo señaló sobre el plano la pequeña nación pirenaica, pero aseguró no haber oído hablar de “Andorra” jamás en la vida y que su “Taured” existía desde hacía mil años. ¡Qué diantres!

El tipo, barbudo y que hablaba francés , aseguraba tener una cita con una empresa local e incluso una reserva en un hotel, por lo que los encargados de deshacer aquel entuerto llamaron por teléfono a esta compañía. Existía, pero no conocían al pasajero que aseguraba tener negocios con ellos, ni a la empresa a la que decía representar . Con el hotel, ídem de lo mismo. Aquello ya pasaba de castaño oscuro, y los funcionarios se plantearon el cortar por lo sano deportando al pasajero. El problema era…¿A dónde le deportaban?

El viajero estaba visiblemente nervioso y, harto de que se le cuestionase, les enseñó un carnet de conducir emitido en el inexistente país de Taured, así como una licencia de conducción internacional que parecía estar en regla. También les mostró, según El Pensante, una chequera de un banco que tampoco existía en ninguna parte más allá de los bolsillos de aquel hombre angustiado.


El misterio de la desaparición misteriosa

Viendo que el problema parecía irresoluble y que la historia de aquel loco o estafador se volvía cada vez más alambicada, tras ocho horas de fútil interrogatorio, los funcionarios decidieron alojar al extraño visitante en un hotel y volver a la tarea el día siguiente. Dos guardias custodiaron la puerta de la habitación durante la noche, pero al entrar en esta por la mañana, como en todo buen cierre de leyenda urbana, el hombre de Taured se había esfumado junto a todas sus pertenencias. El único sitio por donde había podido escapar era una ventana a quince pisos del suelo, y aquella mañana sobre el asfalto no aparecía ninguna pizza humana.

¿Viajero de otra dimensión, loco o simplemente un desafortunado ciudadano andorrano?

¿Venía el evanescente viajero de una dimensión paralela en la que el espacio geográfico de nuestro vecino más apreciado por los evasores fiscales está ocupado por un país llamado Taured? ¿Cuál era el equivalente taurediano del contundente y suculento trintxat? ¿Y el  famoso Centro Termolúdico de Caldea, existe en ese universo?
¿Era el protagonista de la historia un enfermo mental? ¿Alguien obsesionado con trolear a la policía japonesa? ¿Se trató todo de una simple confusión? Claro, pensar que un agente comercial de Taured se sube un avión con destino Japón y por el camino, tras atravesar una nube, aparece en nuestra dimensión, tiene su punto romántico, pero no deja de ser poco plausible.

Como comentaba Suzanne Marie Sullivanen en Quora, los empleados del Aeropuerto de Haneda no debían tener un nivel alto de francés, español y mucho menos de catalán. En la mayor parte de versiones de esta historia que circulan por internet se explica que su protagonista “hablaba varios idiomas”. Según la graduada en la Universidad de California, los empleados pudieron crear (como en el juego de pasarse una frase al oído y ver su evolución hasta que llega al último integrante de una cadena) el térmido “Taured” a partir de “terre d’Andorra”.

En cuanto a su “misteriosa desaparición”, el muy copipasteado relato algunas veces habla de la planta número quince de un hotel, pero también de una especie de calabozo en el mismo aeropuerto. ¿Y si simplemente nunca hubo guardias de seguridad y el indignado viajero decidió irse directamente a una embajada a que le atendiese alguien con un buen nivel de idiomas? Smells like urban legend.

¿Algún andorrano leyendo esto? ¿No será usted por casualidad el hombre de Taured?
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Francesc Puigcarbó

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