Hemos caminado por la playa, un buen rato, las olas han ido borrando nuestras huellas mientras las gaviotas merodeaban a la búsqueda del desayuno, un crucero se deja ver en la lejania del horizonte y más cerca una barca de pescadores vuelve a puerto. Después de comer y la siesta, reposo en la sala wifi del hotel, poca gente hay y todo está en calma. Mientras una niña juega al tenis en la play, a su lado, su madre, toca muy bien el piano, un piano que ni siquiera me había dado cuenta que estaba allí, podría decir que por supuesto suena Bach, pero no reconozco la autoría de la música, agradable de escuchar y muy bien interpretada.
Es de esos momentos raros de calma, en que todo está en su lugar, donde todo está bien. Momentos de felicidad como decía Françoise en la Náusea, esporádicos, breves, pero calmados al tiempo que intensos. Sólo la música puede llevarnos a este estado.
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