"El exilio, aparte de la negación de la libertad patria, es el peor castigo para un intelectual comprometido, y no se le puede reprochar este hecho, pues desde el exilio se pueden resguardar los vínculos y los sentimientos patrios, que permitirán ser mantenidos y reencontrados en recuperar la libertad, pues, los que se quedan, corren el peligro, a pesar de su animadversión hacia los opresores de acabar colaborando o transigiendo ante ellos."

Max Aub, el hombre sin patria, nació, vivió y murió exiliado:

¡Qué daño me ha hecho, en nuestro mundo cerrado, el no ser de ninguna parte! (…) En estas horas de nacionalismo cerrado el haber nacido en París, y ser español, tener padre español nacido en Alemania, madre parisina, pero de origen también alemán, pero de apellido eslavo, y hablar con este acento francés que desgarra mi castellano, ¡qué daño no me ha hecho! - Max Aub -