Para los que no hayan leído la novela 'El Planeta de los Simios' que dio origen a varias versiones cinematográficas, del escritor francés Pierre Boulle, que quizás os sonará enseguida en deciros que es también el autor de la novela "el Puente sobre el río Kwai", llevada también al cine, quisiera explicar un aspecto que no contemplaba ninguna de las versiones que se llevaron al cine, que cuadra con mi manera de pensar. El confinamiento obligado por el coronavirus (Covid-19 no acaba de cuajar) traerá una serie de consecuencias en nuestro quehacer diario, o como ya se empieza a decir, nada será igual después del confinamiento. He recuperado el artículo sobre 'el planeta de los simios' de Pierre Boulle y una reflexión sobre la sobriedad, que creo es como nos deberíamos empezar a plantear como la nueva manera de vivir después de la plaga.

La novela "El planeta de los simios" valdría la pena leerla o releerla, pues a pesar de ser la idea básica la misma en la película, los simios son la raza dominante y los hombres sus esclavos, el enfoque que le da Boulle es mucho más interesante y preocupante a la vez que el de la película. Los humanos consiguen incorporar a los simios en su vida diaria para que les hagan todas sus tareas, desde trabajar, hasta limpiar la casa, cocinar, conducir, ir a comprar etc. Que sucede?, pues que caen en una indigente indolencia que los hace ir abandonado su superioridad sobre los simios. Que se sueltan, vaya, hasta que éstos se dan cuenta y es cuando se sublevan y se apoderan de este mundo decadente y débil en el que se instalan echando a sus antiguos dueños.

Una vez asentados en el poder, los simios no evolucionan. En la novela, el nivel de civilización es más o menos el de los años sesenta, es decir, los simios tienen aviones, autobuses, coches, motos, diarios, radios, TV, viven en pisos o casas, trabajan, llevan a sus hijos en la escuela, hacen deporte etc. ¡Vaya! que hacen la misma vida que hacían los humanos antes de abandonarse en su laxitud inconsciente. Y no estamos nosotros tan lejos de este estado, solo que sustituimos simios por robots, pero vamos por el mismo camino que en la novela de Boulle, o que en la película Idiocracia.

Como ocurre con todas las cosas del comportamiento humano, hay un momento en que, como sociedad debemos plantearnos cambiar radicalmente nuestro estilo de vida, y quizás ahora con la plaga del coronavirus sea el momento. De hecho lo que no podemos es continuar manteniendo los esquemas actuales, el tiempo de las vacas gordas, petróleo y comida barata que teníamos años atrás, se ha acabado y ya no volverá, por tanto una serie de comportamientos que hasta ahora habíamos adoptado alegremente ya no podrán volver a ser.

De hecho ya no tenían que haber llegado hasta aquí, hemos querido jugar a los nuevos ricos despreocupados, viajeros compulsivos de uno cuando más lejos mejor, veraneantes de donde sea, con dos coches por familia, o más y cuando más grandes mejor . Ha sido un derroche de recursos inútil, y ahora no tendremos más remedio que volver al origen, allí donde estábamos antes de pensar de que éramos ricos y civilizados. No quiere decir que tengamos que ir a pie partes, ni comer solo grano y verduras, pero si que se deberán reconsiderar seriamente una serie de comportamientos abandonados.

De algunos de ellos querría hablar:

1.- No he entendido nunca una persona que tiene el coche toda la semana encerrado en el garaje o en la calle para cogerlo el fin de semana o sólo el domingo, le sale mucho más a cuenta alquilar uno cada semana y se ahorra, seguro, mantenimiento, impuestos, garaje, etc, etc.

2.- Sigo viendo a primera hora de la mañana mucho coche y persona sola, cuando ya sería hora de ponerse de acuerdo y más ahora que hay tantos polígonos para ir en un solo coche cuatro o cinco personas a trabajar, en otros lugares de Europa bastante lo hacen.

3.- Hay una actividad para muchos desconocida que se llama andar, significa que si tiene que ir de una distancia a otra de quince o veinte minutos a pie, no hay que coger el coche para aparcarlo mal y estorbando, se puede ir a pie o en bicicleta, que es como me muevo por Sabadell, y de paso se hace un poco de ejercicio que dicen es bueno.

4.- No podemos comer de todo, todo el año, esto nos lo tenemos que sacar de la cabeza, no hace mucho de esta historia, hasta hace poco la fruta se comía del tiempo (así hacía el olor que hacía), pero esto de comer cerezas en el mes de enero no puede ser. En conjunto significa que no hemos entendido nada, que no hemos sabido adaptarnos a las ventajas que teníamos y en muchos aspectos estamos anclados en los esquemas de finales del siglo pasado.

5.- Es un disparate los trailers y trailers que circulan cada día por carreteras y autopistas cuando tenemos un medio de transporte rápido, no contaminante y más económico que se llama tren, y este tren tan reprobado gracias a la ineficiencia del Ministerio de Fomento, es el futuro, no los trailers, el avión o el automóvil, es el tren, esto es el futuro y aún estamos a tiempo, pero no vale distraerse.

Estoy hablando de sobriedad, no de austeridad que es palabra demasiado severa. Sobriedad significa vivir con mesura sin estarse de nada importante, pero de una manera sencilla, sobria como dice el significado de la propia palabra. Tenemos el problema que hemos vivido como niños malcriados por encima de nuestras posibilidades demasiado tiempo y quizás ya es llegada la hora de crecer y ser un poco responsables, y es en momentos de crisis como ahora, cuando hay que empezar a actuar, o eso o bajaremos de las nubes de golpe y el batacazo será fuerte. 

Esta es la lección que deberíamos sacar de la plaga del coronavirus que nos tiene a todos encerrados en casa desde hace una semana, y ya es necesario que nos mentalicemos de que tenemos para un par de meses más. Vamos a sufrir.