Explica Antoni Puigverd en su artículo de la vanguardia que el diario Le Soir ha elegido ultracrepidarianismo como palabra del año.
¿Ultra qué? Ultracrepidarianismo. Esta rarísima palabra yo sólo la había leído una vez. Años ha: claro, en una columna del gran Quim Monzó, antena irónica de todas las novedades. Procedente de la citada frase que Plinio atribuía a Apeles, la palabra se ha puesto de moda en Bélgica, en este tiempo de pandemia, para designar lo que nosotros llamamos totologismo, un comportamiento cada vez más extendido en las redes sociales, pero que lleva décadas imperando en las tertulias y, en general, en las mesas familiares y de amistad.
Tiene buena memoria Puigverd, porqué el artículo de Monzó es del 2014, aquí os lo dejo. Por cierto, tiene más memoria que yo, que también comenté la palabra a raíz del artículo de Monzó.
RODEADOS DE ULTRACREPIDIANOS
Hace unos cuantos años, un día descubrí la existencia de la palabra procrastinación: la acción de dejar para más adelante tareas que deben atenderse con urgencia a base de dedicarse a otras más irrelevantes pero agradables. No sabía que existía y me llevé una gran alegría porque -como el burgués gentilhombre de Molière que no sabía que hablaba en prosa- vi que a menudo procrastino sin saberlo. Poco más o menos por la misma época, di con la palabra serendipia: un hallazgo afortunado e inesperado cuando estás buscando otra cosa. Desde entonces, ninguna novedad léxica me había fascinado tanto como la que vi la semana pasada por casualidad: ultracrepidarianismo. La vi en un texto en inglés, que explicaba que está en recesión, que cada vez se usa menos y que puede llegar a ser una de esas palabras que acaban sirviendo para poco más que marcarte unos cuantos puntos más cuando juegas al scrabble. En inglés es ultracrepidarianism y la definen como "tendencia a opinar y dar consejos sobre materias de las que no tienes ni idea". He intentado saber en qué otras lenguas se utiliza. De momento, he visto que la usan en portugués (ultracrepidanismo), en francés (ultracrepidanisme), en bosnio (ultrakrepidarianizam) y en español: ultracrepidarianismo. En ninguno de esos idiomas es de uso corriente y, por lo que veo, en castellano la usan sobre todo en Argentina, pero supongo que también en otros países de Latinoamérica. Su origen está en 1819, en una carta que un crítico literario envió a otro. Nació a partir de la frase que Apeles de Colofón dijo un día a un zapatero que se dedicaba a criticar sus pinturas: "Ne supra crepidam sutor iudicaret". (Literalmente: que el zapatero no opine más arriba de los zapatos. De ahí a "Zapatero, a tus zapatos" hay sólo un paso.)
Al individuo afectado por ultracrepidarianismo se le conoce como ultracrepidiano. Sabidillo, sabelotodo y sabiondo ya no están solas en el diccionario de sinónimos. Bienvenido sea ultracrepidiano, si tenemos en cuenta que, para no repetirnos, necesitamos muchas palabras análogas para definir a algunas de las personas con las que nos tropezamos durante el día. Desde primera hora de la mañana, cuando tipos que tienen tan poca idea de fútbol como yo dictaminan cual jueces supremos qué hizo mal el equipo en el partido de ayer, hasta los que, a lo largo de la jornada, te explican cómo solucionarían ellos la crisis en un pispás, o sentencian que, cuando un chino se muere, lo trocean y te lo sirven en sus restaurantes, ligeramente pasado por el wok, sea en forma de chop suey o de chow mien.
Quizá en inglés ultracrepidarianismo y ultracrepidiano estén en recesión, pero les juro que me vienen de perlas y, ahora que las he descubierto, las utilizaré tanto como sea necesario, para no repetir siempre lo de sabidillo, sabelotodo y sabiondo. Ahora sólo necesito memorizarlas bien, que no será fácil.
2 Comentarios
Estos días precisamente ando cabreado por eso mismo. Estoy harto de toda esa gente que, amparándose en su cargo o tras las redes sociales, pontifica de todo y es capaz de opinar de cosas para las que no están capacitados. Veo al alcalde de Madrid, acogotado por la extrema derecha, llamar "personaje" a Almudena Grandes, cuando posiblemente no haya leído ninguna novela de ella (tal vez ninguna otra). A esos medios digitales que pululan por facebook y que elevan a la categoría de meteorólogo a un niño de 15 años que dice predecir el tiempo basándose en apreciaciones anticientíficas. Y más cosas que no digo, que ya le he tenido esta mañana en casa por tildar de oportunistas y papanatas a esos políticos que pretenden cambiar el lenguaje a su antojo porque les viene bien de cara a sus electores y lo mismo te sueltan una "portavoza" que un "elles", porque queda muy guay y todos tan contentos.
ResponderEliminarUn saludo.
Cabreado estáis, pardiez. Algo aunque poco ha cambiado, sobre todo los expertos cuando se les pide una opinión son más comedidos, y contestan - por ejemplo - con un: no soy experto epidemiólogo, mi área es la medicina, etc. El problema está sobre todo en redes y tertulias radiofónicas o televisivas, en este ámbito se dicen muchos disparates.
EliminarSalut.