«Donde se queman libros se acaban quemando
  también personas». Heinrich Heine. 

El gobierno del estado de Tennessee ha puesto en vigor un decreto por el que todos los bibliotecarios y bibliotecarias de escuelas públicas deben someter para su aprobación una lista de los libros que tienen en las estanterías y que, por tanto, podrían ser libremente consultados o leídos por el alumnado. Los libros que se consideren "inapropiados" serán retirados, tanto de las bibliotecas como de las fichas.

"Inapropiado" es claramente un término ambiguo y altamente subjetivo que, desde el punto de vista de los grupos conservadores que han propuesto y apoyado este decreto, hace referencia a todos los libros que traten temas como el racismo, el género, la identidad política y la sexual, según informe anual sobre censura de la Asociación Americana de Bibliotecarios ALA. Pero si esto ya es grave en sí, mucho más grave es lo que ha salido a la luz –a través de Twitter y que recoge Washington Post– en el curso de la polémica que han mantenido dos senadores de Tennessee, el republicano Jerry Sexton y el demócrata Ray Clemmons. Cuando este último preguntó a su colega republicano qué pensaba hacer con los libros que, basándose en este criterio de “lectura inapropiada”, fueran retirados de las bibliotecas, Sexton contestó: “Ni idea, pero yo les quemaría. ”

El problema, uno de los muchos problemas, es que todo esto no sólo ocurre en Estados Unidos. Cada vez hay más partidos e incluso grupos y asociaciones en todas partes, nuestro país incluido, que quieren censurar, prohibir, quemar; que proclaman con orgullo no creer en la ciencia, no creer en la evidencia del cambio climático, que incluso dudan de que nuestro planeta sea una esfera. Si no tenemos cuidado, en breve veremos quemar libros en la plaza pública. "Por nuestro bien", claro. Estas cosas siempre se hacen para salvarnos. Guárdenos los dioses de salva patrias y salva conciencias.