Me gustaría tener una opinión formada sobre la intención del Gobierno de Pedro Sánchez de ilegalizar a la prostitución. No la tengo, o no lo tengo claro, pero sí tengo clara la intención del gobierno del proyecto de ilegalizarla. Dicen de la prostitución que es el oficio más antiguo del mundo, y entiendo que en el mundo actual no debería haber espacio para la explotación sexual, pero parece difícil que la prohibición de la prostitución llegue algún día a ser efectiva, y lo previsible es que las prostitutas, empujadas a la clandestinidad, acaben quedando en un estado de indefensión superior al que ya tienen actualmente. Según una reciente encuesta, los votantes de Vox serían los principales partidarios del prohibicionismo, mientras que la regularización de la prostitución tendría un amplio apoyo entre el electorado de izquierdas. Dicho esto, me pregunto qué interés podría tener un gobierno de izquierdas como éste de PSOE y Podemos en aprobar una ley que no parece convencer a sus votantes y que sólo suscitaría entusiasmos entre los votantes de extrema derecha. Todo parece indicar que el Ejecutivo ha abierto el debate para tenernos entretenidos y que al final acabará quedando todo en agua de borrajas, como ya ha ocurrido en otras cuestiones.
En otro orden de cosas, mañana se celebran elecciones autonómicas en Andalucía y todo indica que Juanma Moreno Bonilla no tendrá dificultades para ser reelegido presidente. Andalucía, la vieja Andalucía de la revuelta de Casas Viejas, la de los aceituneros altivos, la de la lucha eterna contra latifundistas y caciques, se ha hecho de derechas. ¿Qué ha pasado en Andalucía para que un buen número de votantes tradicionales del PSOE haya decidido, como aseguran los expertos, pasarse al Pp? Vivimos efectivamente en los tiempos líquidos de Zygmunt Bauman, en el que las cosas que parecían sólidas, consistentes, se han vuelto volubles, escurridizas, y uno no sabe si el anunciado descalabro de la izquierda andaluza es consecuencia de unas dinámicas estrictamente locales o el indicio de una crisis más vasta y más profunda. La izquierda andaluza haría bien en empezar a remojar su barba viendo los resultados de la izquierda francesa. Avisados están.

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