El dibujante estadounidense Gary Larson publicó en los ochenta una viñeta de humor gráfico que se convirtió en un clásico: Cow Tools. Una vaca aparece junto a unas herramientas difíciles de identificar, pero que tienen apariencia de inútiles. Nadie entendió el chiste, hasta el punto de que el autor tuvo que lanzar un comunicado para explicarse. La broma, dijo, partía de la idea de que, si las vacas hicieran herramientas, serían ineficaces y absurdas. Esta imagen era el reflejo de la percepción cultural del ganado durante décadas: unos animales intelectualmente limitados. Sin embargo, lo que parecía absurdo e imposible acaba de ser documentado en la vida real, concretamente en Carintia, un estado en el sur de Austria. Una vaca doméstica, llamada Veronika, demostró que puede utilizar una herramienta de forma flexible, una acción que nunca había sido vista en el ganado. La técnica, calificada por los expertos como “fascinante”, la aprendió por sí sola. Sus herramientas: un palo o una escoba, que utiliza para rascar varias partes del cuerpo.

El estudio, que se publica este lunes en la revista Current Biology, amplía el reducido grupo de animales capaces de utilizar una herramienta con múltiples propósitos. En el caso de Veronika, sus cambios de sujeción indican que se trata de una acción anticipada, un uso visto sólo en primates y córvidos. Su historia ha sido documentada por los biólogos Antonio J. Osuna-Mascaró y Alice MIAuersperg. Estos investigadores de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena colocaron frente a Veronika una escoba con dos extremos diferentes: uno con cerdas rígidas y otro liso. A lo largo de siete sesiones de 10 ensayos experimentales, Veronika utilizó la escoba en 76 ocasiones para rascarse. Con la boca y la lengua levantaba la escoba, la ajustaba cuidadosamente y la sujetaba con firmeza entre los dientes, para conseguir un control preciso del extremo que utilizaría.

Osuna-Mascaró afirma que lo que puede hacer Veronika es el único caso consistente, es decir, no basado en anécdotas, que se ha conocido en bovinos. Veronika adaptaba el uso de cada extremo según la zona del cuerpo. Para áreas de piel más gruesa, como el lomo, utilizaba el cepillo con movimientos firmes de fregado. En cambio, cuando se trataba de zonas delicadas como la teta o los pliegues del vientre, cambiaba de estrategia. El extremo del mástil (mango), aparentemente no funcional, lo reservaba para áreas especialmente sensibles, y aplicaba una técnica mucho más cuidadosa.

El comportamiento de Veronika implicó ajustes anticipatorios de la adherencia, cambios de técnica y una coordinación entre cuerpo y herramienta. Rasgos que, hasta ahora, se asociaban exclusivamente con primates y algunas aves altamente inteligentes, como los cuervos. "Al principio pensamos que utilizar el palo era un error", reconoce Osuna-Mascaró. "Pero empezamos a ver a un patrón. Veronika estaba adaptando la herramienta a la función. Lo que parecía no funcional, ella lo había convertido en funcional".

Mientras los chimpancés usan herramientas para interactuar con objetos externos (un uso alocéntrico), Veronika dirige la herramienta hacia su propio cuerpo (un uso egocéntrico). "El uso egocéntrico es más sencillo", subraya Osuna. "Los niños, por ejemplo, aprenden antes a peinarse que a utilizar objetos para interaccionar con el entorno".

El laboratorio Goffin, dirigido por Auersperg, recibe a menudo vídeos enviados por personas que creen haber observado el uso de herramientas en animales. La mayoría no lo son. "Hoy en día, con la inteligencia artificial, abundan los vídeos falsos", advierte Osuna-Mascaró. Pero el de Veronika, de 13 años, era distinto. Ante la posibilidad de estar ante un caso real, el equipo viajó de inmediato a la zona rural de Austria donde vive Veronika y conocieron al propietario, Witgar Wiegele, un panadero tradicional. Allí confirmaron que esta vaca, su mascota, utilizaba palos y lo había empezado a hacer desde los cuatro años. No había sido entrenada y era capaz de rascarse por sí misma. "Y esto es porque Veronika está durante el verano sometida a la presión constante de los tábanos. Están siempre picándola, siempre molestándola y ella los odia completamente", explica el biólogo. ABC