La solución no solo pasa por crear normativas que se incumplen por falta de vigilancia y de sanción. Se trata de abordar una revisión profunda que apela directamente al diseño del espacio público, pensando en todos los usuarios, empezando por los peatones, que son los más numerosos y vulnerables. En cambio, se ha priorizado a una ínfima minoría que viaja en patinete, en bici eléctrica o repartiendo paquetes sobre dos ruedas.
El diseño del espacio público perjudica al mayor colectivo de la movilidad: el peatón
Y todo ello se ha hecho obviando a los técnicos en movilidad y seguridad viaria cuando indican que las señales de tráfico o las que ordenan el espacio público deben ser claras para evitar la confusión que causa el vigente diseño urbano de Barcelona. El principal error que se ha cometido es pensar que en todas las calles cabe de todo: el bus, los contenedores, los carriles bici, los coches, los peatones, las terrazas de los bares, la indisciplina en la doble fila de carga y descarga, árboles, jardines, las motos aparcadas… El tamaño de muchas calles no da para todo eso.
Por otro lado, las zonas pacificadas, como su nombre indica, deben estar diseñadas para el paseo tranquilo de los peatones y no como ahora, que se ha convertido en una especie de circo romano donde lanzamos a los sufridos viandantes a los leones. El actual modelo parte de una buena idea, pero su aplicación tiene muchos defectos y, lo que es peor, provoca el efecto indeseado del estrés y la dificultad y miedo a caminar. Especial comentario merece el peligroso diseño de los pasos de peatones, de las zonas 10, 20 o 30 km/h, llamadas plataformas únicas, donde se mezcla todo y donde el peatón es el más perjudicado. Los carriles bici sobre la acera, los de doble dirección o los semáforos en ámbar para estos vehículos de dos ruedas son un peligro y parece mentira que la autoridad competente se empecine en no corregir esta anomalía.
Tampoco ayuda la impunidad que disfruta la mencionada minoría de la cadena de la movilidad. Esta inimputabilidad cuenta con avales políticos de relevancia y se traduce en una laxitud en la vigilancia policial. Dicho de otra manera, saben que no les pasará nada porque están de moda y es feo sancionarlos, como sí sucede con el resto de modalidades motorizadas que circulan y a quienes se les aplica la tolerancia cero.
En definitiva, la gran mayoría de ciudadanos (y de votantes) tiene un problema que la administración puede resolver, pero antes debe pasar una cosa poco común en política, que es admitir un error y corregirlo. Esto es lo más difícil. Enric Sierra Diaz en lavanguardia.com

Y las principales víctimas somos nuestro colectivo: menos reflejos y mayor vulnerabilidad en caso de impacto.
ResponderEliminarSalud.
Si nos centramos bien, en realidad en la ciudad el que sobra, el que molesta es el peatón, porque es el más vulnerable de todos.
ResponderEliminarSaludos