Sin duda, según coinciden especialistas y encuestas, en que la llegada de los smartphones ha disparado los problemas de salud mental entre los adolescentes. Pero también tienen razón los detractores de la medida cuando dicen que las redes sociales permiten socializar a algunos jóvenes más solitarios. ¿Cuál de los dos argumentos pesa más? Cada uno tendrá su propia opinión. Para quien esto firma, tiene mucha más fuerza el primero. Naturalmente, debe existir un control parental del acceso a las redes. Pero no nos engañemos: en una sociedad desestructurada como esta, a veces esa función tuteadora no existe, ni se le espera. Y el corte de acceso radical a las redes es la única solución.
Luego está el debate de hasta qué punto se podrá controlar técnicamente esta medida. Si hacemos caso a lo que dicen las autoridades australianas de su experiencia, las principales plataformas de redes han eliminado el acceso a 4,7 millones de cuentas identificadas como menores de 16 años. No está mal. Qué lejos nos queda el mayo francés, el de prohibido prohibir.
Creo que el Gobierno enfoca mal esta cuestión, a la que debería prohibirse tajantemente el acceso a las redes es a los políticos, influenciadores, y otros sospechosos habituales, todos adultos y muy nocivos. Al fin y al cabo, para los jóvenes las redes son parte de su vida desde que nacen, en las que son protagonistas nada más llegar, ya que quienes se cuidan son sus progenitores que llenan las redes con sus fotos desde el primer día. Los mismos progenitores que permanecen enganchados a las redes todo el santo día y parte de la noche.
Quizás en casa seamos una excepción, pero a la hora de comer, no hay en la mesa móviles y la tele está apagada, lo que nos permite hablar, comunicarnos, dialogar...
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En mi casa igual. A la hora de comer, se come; no se está con el móvil. Cuando pasamos el día con los amigos, lo mismo.
ResponderEliminarCreo que somos un caso aislado, o poco común.
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