En noviembre de 2024, se derrumbó una marquesina en una estación de tren serbia, causando la muerte de 16 personas. La causa más probable de la mala ejecución de la obra fue la corrupción. Estallaron enormes protestas y los periodistas independientes informaron sobre ellas. Algunos fueron entonces apaleados por matones mientras la policía miraba. A la mitad los golpearon los propios agentes. En 2025 se produjeron al menos 91 agresiones físicas a periodistas en Serbia, según la Asociación de Periodistas Independientes del país. Rara vez se castiga a los agresores, lo que “anima a que se cometan nuevos delitos contra periodistas”, afirma Jelena Petkovic, especialista local en seguridad de los medios. Serbia presenta todos los elementos propios de una democracia. No encarcela a los periodistas por lo que escriben. Sin embargo, de muchas otras formas dificulta su trabajo y su vida, a menos que respalden al gobierno.

El caso de Serbia, analizado en The Economist, no es un caso aislado, pero es una antigua forma de represión, aunque sea Serbia un estado democrático. Actualmente la represión hacia los medios és más sofisticados, aunque menos violenta. Màrius Carol habla del tema en su artículo en la Vanguardia, ampliado a otro efecto negativo y más actual sobre la libertad de prensa, el efecto de la Inteligencia Artificial.

"El gran desafío de los próximos años será poder distinguir entre información cierta y contenidos manipulados. La expansión acelerada de la inteligencia artificial generativa está alterando el ecosistema del periodismo, la comunicación y las redes sociales, al multiplicar la producción de textos, fotos o vídeos falsos, con un grado de realismo indetectable. Ello hace que los ciudadanos muestren una incapacidad cada vez mayor para distinguir entre la verdad y la mentira, lo que muchos viven con angustia porque no solo amenaza al periodismo, sino también a la democracia. El informe anual de VML Intelligence, que lleva por nombre The Future 100, pone de manifiesto que el 71% de los encuestados afirma que la inteligencia artificial (IA) está haciendo imposible entender qué es cierto y qué no. El porcentaje sube hasta el 81% cuando se les pregunta si creen que la verdad es un concepto amenazado.

La mentira viral entra diariamente en nuestras casas sin llamar a la puerta, gracias a la IA, produciendo masivamente noticias falsas, muy difíciles de distinguir hasta por los expertos, colándose en nuestras pantallas. Lo que antes podía ser un artículo malintencionado o un tuit engañoso hoy es una maquinaria capaz de producir un aluvión de mentiras, con imágenes de gran realismo y textos sofisticados que nos hacen dudar de si son ciertas. Ello acaba comportando la pérdida de confianza de los ciudadanos en sus instituciones y, por extensión, en el periodismo. Los expertos avisan de que la desinformación, detrás de la cual hay intereses políticos y económicos, desgasta a las sociedades, polariza a los ciudadanos y deteriora la democracia.

El 71% de los encuestados en el informe anual ‘The Future 100’ cree que la IA amenaza la verdad

La confianza es la base del periodismo, así que nos toca a las empresas serias y a los profesionales rigurosos analizar imágenes, vídeos y narrativas para discriminarlas. La tecnología no solo nos puede manipular, también nos permite descubrir las manipulaciones. Hay herramientas que facilitan descubrir si un contenido ha sido generado o alterado por la IA y controlar la trazabilidad de su distribución.

Ya en el Nuevo Testamento (San Juan 8, 32), Jesucristo nos dice que la verdad nos hará libres, mal que le pese a Elon Musk.