Donald Trump regará la maquinaria bélica del Kremlin con miles de millones de dólares para sostener la presión en los mercados de su agresión contra Irán. Estados Unidos ha levantado temporalmente las sanciones impuestas a la venta de crudo y otros productos petrolíferos rusos que ya estaban cargados en navíos antes del 12 de marzo. La concesión durará un mes, si Trump no la prorroga en el futuro, pudiendo suponer la colocación en los mercados de unos 100 millones de barriles de petróleo ruso, según el enviado especial de Putin y director del Fondo de Inversión Directa ruso, Kiril Dimitriev.
Esta noticia me ha recordado un artículo de mayo del año pasado de Lluis Uria sobre la conexión Trump/Putin, que parece patente con esta decisión que tan poco ha gustado al presidente del Consejo Europeo, António Costa, quien ha criticado "la decisión unilateral" de Estados Unidos.
CAMARADA KRASNOV - LLUÍS URIA - 23/03/2025
El senador demócrata por Oregon Jeff Merkley no fue con tapujos el pasado 4 de marzo cuando le tocó el turno de examinar al candidato a subsecretario de Estado Christopher Landau, antiguo embajador estadounidense en México y nuevo número dos del secretario de Estado, Marco Rubio. Sin más preámbulo, Merkley le espetó a quemarropa: “Señor Landau, ¿es el presidente Trump un agente ruso?”. “En absoluto”, respondió este segundo con cara de asombro.
¿Es posible, o verosímil, que Donald Trump sea un agente de Moscú? Probablemente, el senador Merkley no lo crea y simplemente utilizó ese recurso retórico para poner en evidencia el giro prorruso de la nueva política exterior de EEUU. Pero si formuló la pregunta de esa manera es porque esa sospecha planea sobre el historial del presidente estadounidense desde hace años.
Quien ha asegurado explícitamente que el presidente de EEUU es un agente ruso encubierto es Alnur Mussayev, exjefe del Comité de Seguridad Nacional (KNB) de Kazajistán y antiguo agente del KGB soviético. Actualmente residente en Austria, el exespía aseguró en febrero en declaraciones a Kursiv Media que Trump fue reclutado como agente a mediados de los años ochenta por el KGB, que le habría dado el nombre en clave de Krasnov. Mussayev no aportó prueba alguna de tan espectacular como incierta revelación y varios expertos ponen en duda que él pudiera tener acceso –si fuera verdad– a tal información. Pero no hace falta llegar tan lejos. Antiguos miembros de los servicios de inteligencia no descartan, en cambio, que los soviéticos trabajaran durante años para atraer a Trump y hacerlo suyo de alguna manera. Ésta es la hipótesis que defiende Yuri Xvets, un antiguo agente del KGB, destacado en la década de los ochenta en Washington como falso periodista de la agencia Tass y exsocio de Alexander Litvinenko –un exespía disidente asesinado en Londres en el 2006–. Xvets declaró a The Guardian que Trump fue instruido por los servicios secretos rusos durante 40 años.
La aproximación al magnate se inició, según varias fuentes, a mediados de los setenta, después de su boda en 1977 con la modelo checa Ivana Zelnickova, su primera mujer. La joven pareja empezó a ser vigilada por los servicios secretos checoslovacos, según consta en archivos desclasificados en 2016 por el gobierno de Praga consultados por Politico. En cualquier caso, el acercamiento decisivo fue en 1987, cuando el entonces embajador soviético en Estados Unidos, Yuri Dubinin –que anteriormente lo había estado en España (1978-1986)–, invitó a Trump, interesado en hacer negocios inmobiliarios en la URSS, a visitar Moscú y San Petersburgo. Es en ese momento cuando los servicios secretos habrían lanzado su red sobre el futuro presidente de EE.UU.
Los amantes de las conspiraciones achacan la presunta captación de Trump a un chantaje, a partir de supuestas pruebas comprometedoras –desde un vídeo sexual hasta información financiera– según la vieja práctica soviética del kompromato . Otros, más realistas, creen que los rusos simplemente detectaron la principal debilidad de la personalidad del hoy líder republicano –la desmedida vanidad– para atraerle hacia sus intereses mediante la adulación. Y algunos favores...
Sea como fuere, cuando regresó a Nueva York, Trump –hasta entonces centrado exclusivamente en sus negocios– abandonó su discreción y empezó a cuestionar públicamente la política exterior de Washington y la participación de su país en la OTAN, incluso publicó anuncios de página entera en los periódicos.
Durante los años noventa, Trump tuvo negocios con inversores rusos y en 2013, como copropietario de la empresa que tenía la titularidad, llevó el concurso de miss Univers a Moscú, cuya organización le puso en contacto con personas vinculadas al Kremlin. Fue por medio de aquellos contactos que, tres años después –en plena campaña de las elecciones presidenciales–, se organizaría una controvertida reunión de su hijo mayor, Donald Trump jr.; su yerno, Jared Kushner, y su director de campaña, Paul Manafort, cuya abogada rusa les había prometido información comprometedora sobre su rival, la demócrata Hillary Clinton.
A partir de ahí, todo es más conocido. Los servicios de inteligencia de Estados Unidos constataron la injerencia de Moscú en la campaña electoral del 2016 para beneficiar a Trump, lo que –unido a los contactos de miembros de su equipo con ciudadanos rusos– llevó al FBI a abrir una investigación para determinar si el candidato republicano trabajaba secretamente para Moscú. Tras su elección como presidente, Trump destituyó de forma fulminante al director del FBI, James Comey, por haberse negado a cerrar la investigación, pero no pudo impedir que su adjunto, Rod Rosenstein, nombrara a un fiscal especial, Robert Mueller, para investigar lo que se acabó llamando Rusiagate .
El informe final de Mueller, presentado en el 2019, constató las interferencias rusas –desinformación a través de las redes sociales, pirateo de los ordenadores del equipo de Clinton–, pero no encontró prueba alguna concluyente de una cooperación criminal entre el Kremlin y el equipo de campaña electoral de Trump.
Durante su primer mandato, el presidente de EEUU ya mostró un extraordinario entendimiento con su homólogo ruso, pero a principios de este segundo ha ido aún más allá, asumiendo las tesis de Moscú sobre la guerra de Ucrania. Al preguntar si Trump podría ser un agente ruso, el senador demócrata Jeff Merkley repasó las declaraciones y tomas de posición del presidente y concluyó con otra pregunta: “¿Qué podría hacer un agente ruso que Trump no haya hecho ya?”.
Un souvenir en Moscú con la imagen de Trump, como un niño pequeño, en los brazos de Putin - MLADEN ANTONOV / AFP - lavanguardia.com
.jpg)
.jpeg)
La pela es la pela.
ResponderEliminar