S-81 Isaac Peral ‘el supersubmarino’ español: torpedos que fallan, daños en misiones de la OTAN y más horas en el taller que en el mar, La joya de la Armada, aunque Defensa admite incidencias, pero las enmarca dentro de la normalidad en un programa tan complejo. Un submarino de este S-81 que ha costado al erario nada más y nada menos de 4.339 millones de euros.

El Isaac Peral, el flamante submarino S-81 de la Armada española, zarpó a principios de febrero para integrarse en la operación de vigilancia marítima Noble Shield de la OTAN en el Mediterráneo. Cuatro días después, regresaba de urgencia a Cartagena. Navegando a poca profundidad y con mar gruesa, la tripulación oyó un estruendo. Planchas metálicas de gran tamaño –algunas, de casi una tonelada– se desprendían del casco. Al emerger, comprobaron que el submarino había perdido la superestructura de acero en la proa. Las piezas arrancadas golpearon la vela y la abollaron en varios puntos.

Podría haber sido mucho peor. Ninguna impactó contra el snorkel , el tubo que permite la entrada de aire a los motores. De haberlo hecho, el daño habría podido provocar una vía de agua. El incidente obligó a interrumpir la misión. El buque fue trasladado al astillero para una reparación urgente, para la que se utilizaron planchas del S-83, ya que las del S-82 ya estaban taladradas. No pudo volver a la mar hasta diez días después.

El episodio –que no trascendió– contrasta con el relato que ha acompañado al submarino desde su botadura, presentado como el mayor orgullo tecnológico de la Armada. En noviembre del 2023, cuando Navantia entregó el buque, el almirante jefe de Estado Mayor de la Armada, Antonio Piñeiro, celebró un “día ilusionante” y un “hito” para la modernización naval. La ministra de Defensa, Margarita Robles, habló de “un paso de gigante” y un motivo de orgullo nacional.

El S-81 no es un submarino más. Es el primero diseñado y construido íntegramente en España. El símbolo de una apuesta por la soberanía tecnológica en un arma clave para la disuasión naval. La serie tendrá cuatro unidades: al Isaac Peral le seguirán el S-82 Narciso Monturiol (previsto para 2026), el S-83 Cosme García (2028) y el S-84 Mateo García de los Reyes (2030). Solo once países en el mundo disponen de submarinos de guerra.

Pero tras esa imagen de éxito, la realidad operativa ha sido mucho más accidentada. El percance en la misión de vigilancia de la OTAN no es un caso aislado. Según fuentes conocedoras del programa, en los últimos meses se han acumulado incidencias en múltiples sistemas: en las válvulas de casco (con posibles problemas de diseño o materiales), el soplado de lastre líquido, la hidráulica que acciona timones de dirección y profundidad, la refrigeración de sistemas o el snorkel . También se han detectado fallos en escotillas y la propulsión, aunque con menor nivel de riesgo.

El buque ha encadenado reparaciones. Y, según estas fuentes, desde su entrega ha pasado más tiempo en el taller que en el mar. Se han realizado una decena de ejercicios de lanazamiento de torpedos; ninguno dio en el blanco, según fuentes conocedoras

Uno de los puntos más sensibles afecta al sistema de combate. En los últimos meses, el S-81 ha realizado una decena de ejercicios de lanzamiento de torpedos en aguas de Canarias o Almería. Ninguno ha dado en el blanco, afirman las mismas fuentes.

El submarino emplea el torpedo pesado DM2A4, de fabricación alemana y con sistema de gestión de la estadounidense Lockheed Martin. Las causas de los fallos no están claras. Podrían deberse al prolongado almacenamiento de los torpedos –adquiridos hace más de una década, antes de que el submarino estuviera operativo– o a problemas de integración entre sistemas.

Las incidencias fueron detectadas a lo largo de las distintas fases (…) y se han ido corrigiendo”, afirma Defensa

El Ministerio de Defensa reconoce incidencias, pero las enmarca dentro de la normalidad en un programa de esta complejidad. “Las incidencias fueron detectadas a lo largo de las distintas fases (…) y se han ido corrigiendo conforme a los procedimientos establecidos”, señala en un correo remitido a La Vanguardia .

Sobre los sistemas de armas, Defensa asegura que “se encuentran plenamente operativos” y han sido probados “satisfactoriamente” en varias ocasiones, “considerando exitoso su funcionamiento”. El pasado lunes se lanzaron dos torpedos “con absoluta normalidad”, añade.

En cuanto al episodio de febrero, Defensa lo atribuye a la mala mar y al “desprendimiento de elementos del revestimiento exterior” sin impacto en la seguridad. El ministerio no precisa cuánto tiempo ha estado realmente operativo frente al que ha pasado en mantenimiento o reparación, pero afirma que el submarino –entregado hace más de 1.200 días– “acumula 267 días de mar y más de 2.800 horas de inmersión desde su entrada en servicio”. “Se encuentra plenamente operativo”, insiste.

El buque encadena reparaciones: entregado hace más de 1.200 días, solo ha estado 267 días en el agua

El programa S-80 nació a principios de los 2000 con un objetivo ambicioso: dotar a España de submarinos propios y romper la dependencia tecnológica de Francia. Durante décadas, la construcción naval submarina española se desarrolló en colaboración con la empresa francesa DCN (hoy Naval Group), con la que se fabricaron los submarinos Scorpène, vendidos a Malasia, Chile o India.

La alianza se rompió tras un deterioro progresivo de la relación desde que Navantia decidió en el 2006 no contar con DCN. La empresa francesa llevó a la española a los tribunales, acusándola de haber aprovechado la cooperación para adquirir conocimiento y competir por su cuenta, mientras que España denunciaba haber sido apartada de contratos internacionales. La ruptura fue total.

Hace 20 años, España rompió con Francia y emprendió en solitario el desarrollo de los submarinos S-80

España emprendió entonces en solitario el desarrollo del S-80. El proyecto acumuló dificultades desde el inicio. La más sonada: en el 2012 se detectó un sobrepeso de 125 toneladas que comprometía la flotabilidad y obligó a rediseñar todo el buque y alargar la eslora casi diez metros.

El sistema de propulsión independiente del aire (AIP) tampoco estuvo listo a tiempo: los dos primeros submarinos lo incorporarán más adelante, lo que ha lastrado su competitividad.

La falta de experiencia industrial obligó a desarrollar desde cero componentes críticos como válvulas, bombas o sistemas eléctricos. Navantia especificó estos sistemas sin haberlo hecho antes, y las empresas que los fabricaron tampoco tenían experiencia. Esa es la principal razón de los fallos que están surgiendo ahora, señalan fuentes expertas.

El submarino es el buque más complejo de diseñar y fabricar. Requiere una extrema exigencia técnica: un fallo en sistemas esenciales puede provocar la pérdida del vehículo, al igual que ocurre con un avión o un satélite, y por lo tanto poner en grave peligro a su tripulación.

Estaba previsto que el primer sumergible estuviera listo en el 2011; no se entregó hasta el 2023, con más de una década de retraso. En realidad, Navantia lo entregó bajo presión del Ministerio de Defensa, sin haber completado las pruebas necesarias. La “entrega definitiva” del Isaac Peral no se produjo hasta un año más tarde.

El sobrecoste ha sido enorme. Los 2.135 millones de euros iniciales son ya 4.339 millones. El Consejo de Ministros aprobó en diciembre el último refuerzo: 432 millones para “poder alcanzar una configuración adecuada de los submarinos, adquirir repuestos y atender la gestión de las obsolescencias detectadas en los diferentes sistemas e instalaciones”. Una inyección que se enmarca no solo en el compromiso con la OTAN de destinar un 2% del PIB en Defensa, sino también en las capacidades operativas que las fuerzas armadas españolas deben alcanzar dentro de la Alianza.

El sobrecoste ha sido enorme: los 2.135 millones de euros iniciales son ya 4.339

El precio por unidad de los S-80 supera los mil millones, muy por encima de submarinos similares en el mercado. Navantia no está consiguiendo venderlo. El año pasado perdió contratos en India, Canadá y Polonia. Sus competidores –alemanes, franceses, coreanos– han sido los principales interesados en airear las dificultades de los submarinos españoles.

A ello se suma la situación de la empresa. Navantia acumula años en números rojos, a diferencia de las principales empresas de construcción naval de otros países euro­peos. En el 2024, las pérdidas crecieron un 61,7%, 197 millones, aunque la facturación creció un 6,6% hasta los 1.528 millones.

A principios de febrero, y a pocos meses de la entrega prevista del S-82, Navantia destituyó al director del negocio de submarinos, Agustín Álvarez Blanco. Lo sustituye Manuel Bermúdez de Castro.  El discurso oficial, especialmente desde ámbitos militares, es cerrar filas y defender a capa y espada el S-80. Sin embargo, muchas voces en el sector consideran un error histórico la decisión española de optar por una política técnica e industrial autárquica en la construcción de submarinos. Especialmente cuando la OTAN y la UE apuestan por la cooperación en programas de defensa: compartir desarrollo permite reducir costes, avanzar tecnológicamente y garantizar una mayor fiabilidad. Es también una de las recomendaciones del informe Draghi, que señala como debilidades críticas para Europa la fragmentación del mercado de defensa y la dependencia tecnológica externa.

Italia ha optado recientemente por abandonar su proyecto nacional para construir submarinos con Alemania, principal fabricante europeo, lo mismo que ha hecho Noruega. Una alianza que podría explorar España si la reconciliación con Francia no es posible.  Ignacio Orovio Monreal en la vanguardia.