He querido recuperar este escrito adecuado para el día de hoy, Sant Jordi, y quiero dedicarlo a los escritores mediocres que hayan conseguido publicar su novela y hoy se hayan atrevido a ir a firmarla, para ellos, toda mi simpatía y también mi consuelo. 

"Buscando "el Príncipe" de Maquiavelo en los "encantes" del domingo en la plaza del Mercado de Sabadell, encontré el "Manual del perfecto escritor mediocre" de Ramon Folch i Camarasa, ganador del premio Pere Quart de humor y sátira de 1991.  De esto hace ya tiempo, pero ayer lo encontré por casualidad buscando otro. 
El libro es delicioso, y rezuma una fina ironía, de aquellos que se leen con placer y una sonrisa dibujada en los labios, ¡vaya!. Hay un capítulo que, si no fuera porque me sucedió diez años más tarde a mí, parecería inspirado en mi caso, aunque de hecho, al leerlo, veréis que es la tónica habitual de lo que sucede cuando a un autor novel le toca ir a: la Firma de Libros.

Una advertencia si usted es escritor novel, no vaya nunca a una firma de libros (hágame caso), puede coger una depresión de caballo, y menos aún por Sant Jordi. Dicho esto, vamos a mi caso. Por Sant Jordi del año 2001 presentaba "El Marmessor de la Ignorancia", había salido una pequeña reseña en el Diario de Sabadell el día anterior y por megafonía iban anunciando de vez en cuando que yo estaba allí para firmar mi libro.
A mi lado tenía a Lluís Subirana, y junto a él a Ton Creus y más abajo a Ibáñez, el de Mortadelo. Había avisado a todos los que podía avisar que estaría en la plaza del Ayuntamiento firmando el libro por la tarde, pero no debía avisar muy bien o el personal se hizo el despistado. Lluís y Ton firmaron bastantes ejemplares de sus libros e Ibáñez; ya os podéis imaginar la cola que tenía formada ante sí. Y yo allí viendo cómo pasaba la gente, y cuando parecía que alguien se acercaba, a última hora iba a parar al compañero de al lado, y un como un "capullo" de brazos cruzados sin que viniera nadie.
Entonces, cuando ya me estaba angustiando, apareció Montse, que de hecho ya lo tenía firmado de dos o tres días antes, mi padre, el Santiago, que también lo tenía firmado, y Domènec Vila .... este lo que hacía era venir a que le firmara el libro, se iba y a los veinte minutos volvía, o sea que su libro llevaba tres o cuatro dedicatorias, pero al menos daba una cierta sensación de movimiento. Mientras tanto, a Ibáñez le debía doler la muñeca de tanto firmar. En resumen, que me frustró mucho, más que nada por que iba por primera vez.
A pesar del consejo que os he dado, dos años más tarde, al publicar "Fins que cal dir-se adèu" volví a reincidir y también a coincidir con Lluís Subirana y Ton Creus, pero esta vez iba ya preparado, o mejor dicho, resignado, y aún así fue un poco mejor que la primera, firmé diez o doce ejemplares, que vista la primera experiencia, fue todo un éxito. O sea que ya lo sabéis, escritores noveles o mediocres, negaros firmemente a ir a firmar libros por más que os lo pidan, si así lo hacéis, me lo agradeceréis.
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