Qué pánico le tienen todos los gobiernos, del color que sean, a Internet. Y es que ninguno de ellos, obsesionado en controlarlo todo, asume que los ciudadanos vivan en auténtica libertad. Cabe decir que, siendo muy conscientes de que este nuevo medio de comunicación global, no pueden controlarlo -de momento-, ya encontrarán tarde o temprano la manera de hacerlo. - El Marmessor de la ignorància (1999)
Una distopía es la representación ficticia de una sociedad futura indeseable, caracterizada por la opresión, el control totalitario, la alienación humana y la falta de libertad, funcionando generalmente como una advertencia sobre el presente. Y Internet, es este presente, un avance significativo para la transmisión de información entre los ciudadanos y facilita el uso de servicios digitales para hacernos la vida más cómoda. Es cierto que se debe proteger la privacidad y la seguridad de los usuarios y que se tiene que ser consciente de que las redes sociales transmiten desinformación y manipulación. Pero una sociedad con una internet libre siempre será mucho más democrática que la que no tenga acceso a esta red o la tenga bajo censura gubernativa.
Por todo lo aducido, y el peligro que representa para perder el control de este espacio, cada vez aumenta más el número de gobiernos que sienten la tentación de coartar la libertad de internet con el propósito de mantenerse en el poder. Es el caso de Rusia, donde hace ya tiempo que no se puede garantizar su funcionamiento porque de improviso se interrumpe el servicio normal por “razones de seguridad”. Se trata de cortes que pueden durar semanas y que dejan a los usuarios sin poder hablar por teléfono, pagar una consumición o utilizarlo para el trabajo diario.
Las últimas noticias que llegan de Moscú son que el Gobierno se plantea hacer un apagón digital en coincidencia estos días con los actos de la celebración de la Victoria, que conmemora el final de la Segunda Guerra Mundial. Lo mismo sucede en Irán, donde durante las revueltas de hace unas semanas contra el régimen de la Guardia Revolucionaria, los activistas se encontraban sin posibilidades de comunicarse entre sí para convocar sus acciones. Internet desaparecía por arte de magia. Mientras que en China, no recurren a esta estrategia, sino que tienen un sistema propio en el que plataformas nacionales sustituyen a las globales, y ello permite controlar mucho mejor la información que se transmite a los usuarios. Hay más censura que prohibición, pero también es un freno a la libertad de los ciudadanos.
La distópica obra de George Orwell, 1984, es una realidad en el mundo en el que vivimos hoy con control de la información, algoritmos que promueven falsedades o lugares donde directamente se apaga internet. El lúcido escritor británico acertó en 1948 el mundo hacia el que nos encaminamos. Vale la pena denunciarlo en los lugares donde aún se puede hacer. Avisados estábamos, aunque como siempre no hemos sabido defendernos y hemos acabado sucumbiendo al poder.

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