LOS AUTONAUTAS DE LA COSMOPISTA

Imaginad un viaje fluvial. El barquero, de la naciente al estuario, sigue el flujo de las aguas. ¿Ese viaje comienza? ¿Termina? El barquero encuentra que así es y así ve: y en verdad hay una faz del viaje donde el comienzo y el fin existen, donde existe una lectura o ejecución del viaje. Hay una faz del viaje donde pasado y futuro son reales; y otra, no menos real y más huidiza, donde el viaje, el barco, el barquero, el río y la extensión del río se confunden. Los remos de la barca hienden de una vez toda la longitud del río; y el viajero, para siempre y desde siempre, inicia, realiza y concluye el viaje, de tal modo que la partida en la cabecera del río no antecede a la llegada a su desembocadura.  Osman Lins, Avalovara.

"De cómo escribimos una carta que, no por insólita, dejaba de merecer respuesta, algo que no aconteció, y de cómo a la vista los expedicionarios decidieron ignorar una conducta tan incalificable y llevar a buen término lo que se explicaba de la manera más galana y detallada".

París, 9 de mayo de 1982.
Señor Director de la
Sociedad de las Autopistas,
41 bis, Avenue Bosquet,
75007 PARIS

Señor Director:
Hace algún tiempo, su Sociedad me pidió autorización para publicar en una de sus revistas, algunos pasajes de mi cuento titulado La autopista del sur. Por supuesto, otorgué con viva satisfacción dicho permiso.
Me dirijo ahora a usted para solicitarle a mi vez una autorización de naturaleza muy diferente. Junto con mi esposa Carol Dunlop, igualmente escritora, estudiamos la posibilidad de una «expedición» un tanto alocada y bastante surrealista, que consistiría en recorrer la autopista entre París y Marsella a bordo de nuestro Volkswagen Combi, equipado con todo lo necesario, deteniéndonos en los 65 paraderos de la autopista a razón de dos por día, es decir, empleando algo más de un mes para cumplir el trayecto París-Marsella sin salir jamás de la autopista.
Aparte de la pequeña aventura que esto representa, tenemos la intención de escribir paralelamente al viaje un libro que contaría en forma literaria, poética y humorística las etapas, acontecimientos y experiencias diversas que sin duda nos ofrecerá tan extraña expedición. Dicho libro se llamará quizá París-Marsella en pequeñas etapas, y está claro que la autopista será su protagonista principal.
Tal es nuestro plan, que se llevaría a cabo con el apoyo de algunos amigos encargados de reabastecernos cada diez días (aparte de lo que encontraremos en los paraderos de la autopista). El único problema está en que, según creemos saber, un vehículo no puede permanecer más de dos días en la autopista, y por esa razón nos dirigimos a usted para pedirle la autorización que, llegado el momento, nos evitaría tener dificultades en los diferentes peajes.
Si piensa usted que nuestra idea de escribir un libro sobre el tema no resulta desagradable para su sociedad, y que no hay inconveniente en autorizarnos a «vivir» un mes desplazándonos a razón de dos paraderos por día, me agradaría recibir su respuesta lo antes posible, puesto que quisiéramos partir hacia el 23 de este mes. Queda igualmente entendido que de ninguna manera quisiéramos que nuestro proyecto fuera difundido por la prensa, pues, siendo conocidos como escritores, podríamos ver perturbada nuestra soledad de expedicionarios. Llegado el día, nuestro libro se encargaría de contar la historia al público en general.
Agradeciéndole por adelantado su buena voluntad con respecto a este proyecto, le ruego acepte, señor Director, mis sentimientos más sinceros, así como los de mi esposa.
                                             JULIO CORTÁZAR

Los autonautas de la cosmopista o un viaje atemporal París-Marsella es un libro escrito en coautoría por el escritor argentino Julio Cortázar y su esposa, la fotógrafa canadiense Carol Dunlop, en la que se narra el viaje emprendido a bordo de una Volkswagen Combi roja, denominada Fafner como el dragón de Wagner, por la Autopista del Sur, partiendo desde París rumbo a Marsella, durante 33 días.
Antes de realizar el viaje, la pareja se impone reglas de juego que deben cumplir en forma obligatoria, como realizar expediciones científicas en cada parada que realizan, lo que contribuye a que haya humor y fantasía. La pareja compara el viaje con los realizados por Cristóbal Colón o Marco Polo, que los transporta a una realidad paralela surrealista y lúdica en la que los viajeros acaban descubriéndose a sí mismos.
De estas reglas científicas proceden los materiales que se incluyen en la obra, como fotografías y descripciones de flora y fauna, entre otras, que, según los autores, «sin las que este libro no tendría un serio aire». En el libro se suceden situaciones peligrosas y de misterio como espías, brujas e incluso personajes recurrentes en otras obras de Cortázar como Calac y Polanco. Si  deseáis descargarla, aquí os dejo el enlace del pdf.


Comentarios

  1. Recuerdo vagamente el libro, creo que en una edición de Muchnikdebe andar por ahí, pero como cuando lo leí yo no tenía coche creo que no me identifiqué con la aventura; pero nunca es tarde para revisitar el recorrido.

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  2. Solo a un cronopio de la talla - nunca mejor dicho- de Julio Cortázar se le ocurriría una hazaña de tal calibre. Nada descabellada si la comparamos con otras proezas suyas (solo literarias en estos casos) como La noche boca arriba, Continuidad de los parques o Casa tomada.
    Me has tocado la fibra sensible: Cortázar es uno de mis Julios favoritos y mi maestro de travesuras literarias.
    Saludos.

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