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CRÓNICA DE UN ERROR JUDICIAL


 El dos de mayo de 2025 publicaba este escrito:" Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib fueron condenados por varias violaciones que no cometieron. El segundo murió en prisión, y el primero ha pasado 15 años de su vida, aunque su inocencia fue demostrada cuando ya había cumplido seis de condena ahora. Ese error judicial terrible. Cinco magistrados han decidido que ese hombre, cuya vida cambió para siempre, no merece que le sea restituida la inocencia y que el Estado compense el mal que le ha causado. 

Pero un año más tarde, la justicia hizo justicia y  condenó al Estado a indemnizarle con 2,5 millones de euros por el calvario que le hizo pasar por unas condenas injustas y 15 años de cárcel.

Ahmed Tommouhi no varió ayer la rutina de las últimas semanas. A las seis y media de la tarde, tras la oración y tomar sus medicinas, salió con la silla de ruedas de la casa en la que reside con la familia de una de sus hijas y se fue a la plaza de Sant Pere de Riudebitlles (Barcelona). Su abogada, Celia Carbonell, le había asaltado por teléfono por la mañana: “¡Ahmed, que eres rico!”, le dijo para comunicarle la sentencia del Tribunal Supremo que condena al Estado a indemnizarle con 2,5 millones de euros por el calvario que le hizo pasar por unas condenas. Pero al fin se ha hecho justicia”, le respondió sin aparente emoción a la abogada.

El propio pragmatismo gastaba horas después respecto al ingreso que un día de éstos recibirá en su cuenta corriente. Después de años de asumir distintas condenas que para nada le correspondían –“por errores o por racismo”, dice–, ahora señala con sus dos dedos índice a su testa como la fórmula que le ha permitido sobrevivir a una situación que para otros podría haber sido inasumible. "La cuestión", defiende", "es ser rico en la cabeza, templado, con o sin dinero, cuando sales de la cárcel después de haber estado allí muchos años".

Este hombre de 75 años que niega ser “valiente” pero sí capaz de “aguantar” los embates de la vida visita la plaza del pueblo a diario para intentar no perder el tono después de que en verano de 2024 tuvieran que amputarle la pierna izquierda y en abril le volvieran a operar para salvarle la derecha. Sufre problemas de circulación, diabetes y ha sufrido varios infartos. Carbonell cree que ha terminado somatizando el sufrimiento, una versión que él no confirma, pero que tampoco niega tras una sonrisa algo forzada. Si el Supremo le ha dado la razón es porque considera que fue víctima de un error judicial "inequívoco y calificado", ya que el tribunal obvió una prueba pericial biológica cuyo resultado era incompatible con la autoría de las violaciones por las que lo condenaron. El Supremo anuló su condena tras una búsqueda periodística después de que él defendiera siempre su inocencia y mostrara la misma tozudez que con las muletas para defenderse: siempre se negó a participar en terapias para agresores sexuales. Pese a que le habrían ayudado a reducir la pena, era su forma de defender su inocencia hasta el final.

Siempre se sintió inocente, pero el fallo que dio a conocer ayer el Supremo cree que es un paso más en quitarle la mácula. Porque "ahora la justicia está un poco más limpia" y porque la sentencia no sólo le concierne a él: "La gente que desea justicia hoy también debe estar feliz". Y no se refiere solo al dinero, porque, pese a la cuantía, él lamenta que esos 2,5 millones de euros no le permitirán recuperar "la juventud, ni la vida, ni todo el tiempo que no pude pasar con mis hijos y que me robaron". A su mujer, que vive en Marruecos y ahora está unos días en Sant Pere de Riudebitlles, un pequeño municipio de apenas 2.500 habitantes, apenas lo ha visto en todo este tiempo ya una de sus tres hijos (residente en Marruecos) lleva 33 años sin verla. Su nieto Sohaib dice que siempre ha explicado que fue él quien puso distancia por la dificultad de, en su situación, poder dar explicaciones cuando ingresó en prisión con 40 años.

Su vida seguirá siendo la misma. Dice que con ese dinero intentará buscar un piso al que pueda acceder con su silla de ruedas, que ahora le obliga a estar en el garaje de la casa de su hija, que su yerno, albañil como él, le ha adaptado. No sabe dónde. Sohaib dice que le echará de menos después de tantos años compartiendo casa. "Repite las mismas historias, pero es verdad que ha vivido poco", suelta con dos frases que mezclan sorna con realidad. Para el abuelo, la última decisión judicial, como los demás que declararon su inocencia, le devuelve el "honor", aunque queda lo peor. Porque “de la pesadilla no se sale nunca, se olvida un poco, pero la pesadilla…” Con información de El  País .

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1 comentario:

  1. Nada como ser un pobre inmigrante para que te castiguen sin pruebas concluyentes.
    Saludos.

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