“Sigo comprometido con la fe de mis años de adolescente: con la auténtica libertad humana, como precondición para el bien supremo”, escribe Thiel en una pieza de 2009 sobre la educación de un libertario, aludiendo a su particular manera de entender el cristianismo. Un poco después, remata: “Y lo que es más importante: ya no creo que libertad y democracia sean compatibles”. La cita la recoge el escritor y filósofo Jordi Ibáñez Fanés en un libro reciente, Apocalipsis y democracia (Tusquets), donde reflexiona y explora con urgencia sobre lo que está ocurriendo tras la segunda llegada de Trump al poder. Lo hace pegado rabiosamente al presente, utilizando luces largas para reflexionar sobre lo que se ha pensado en los últimos años sobre las cuestiones que aborda, con unas maneras que tienen algo de diario y que incorporan distintas consideraciones sobre lo que trata en las clases con sus alumnos. Cercanía y distancia, coraje para mirar las cosas de frente, y abundantes reflexiones que obligan a pensar en lo que está ocurriendo hoy. Pone los pelos de punta.
El Apocalipsis y el Anticristo son dos cuestiones sobre las que Thiel no ha dejado de pronunciarse en los últimos años, y ocupa un lugar central en este ensayo. Como también lo ocupan la tecnología, la idea del aceleracionismo, el papel que pueden tener en este desbarajuste algunos de esos hombres buenos que son católicos, el horror de lo que ocurre en Gaza, etcétera. Para frenar el Apocalipsis y derrotar al Anticristo, explica Ibáñez Fanés, lo que sugieren Thiel y sus amigos es poner la Máquina a toda pastilla para que reviente por dentro “el Estado social, el Estado compasivo y solidario, el cosmopolitismo activo y generoso, aquello que malévolamente se califica de buenismo (…), la filantropía y, por supuesto, lo que entendemos ahora por wokismo y el cuidado de las minorías de todas índole”.
Esa es la dirección hacia la que empuja Thiel al mando de una poderosísima empresa tecnológica, y procurando mirar al cristianismo para darle legitimidad a su proyecto. Ibáñez Fanés apunta que, en ese inquietante marco, “para dejar de ser decadentes, aburridos y putrefactos, tenemos que volvernos reaccionarios, devotos del autoritarismo y de los gobiernos duros, venerar a los nuevos tecnomagnates y declararnos partidarios de la nación fuerte”. Menudo panorama. Lo peor es que, al ir leyendo este magnífico y desolador trabajo, se llega a tener la impresión de que Trump es solo el telonero que ha venido a desbaratar las cosas con sus ocurrencias. Lo importante es lo que vendrá después. Ay.
Peter Thiel (en la fotografia), tras una reunión con Javier Milei en la Casa Rosada el 23 de abril.Matias Baglietto (REUTERS)José Andrés Rojo en el País.En ‘Apocalipsis y democracia’, Jordi Ibáñez Fanés explora el proyecto del tecnomagnate: “Seguridad interior, hegemonía militar global, predominio en innovación tecnológica”.

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