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ARQUITECTURA QUE RESPIRA

 
El concepto “árboles inteligentes” no es botánica mágica ni ciencia ficción, pero tampoco es una tontería: es una forma moderna de hablar de bosques gestionados árbol por árbol, en lugar de tratar el bosque como una masa uniforme. En Singapur han encontrado un modo (Supertree), pero hay otros como Biourban.  Cada Supertree es una estructura de acero de hasta 50 metros de altura, recubierta con cientos de miles de plantas. Pero lo que les hace "inteligentes" no es la forma, sino la función:

  • generan energía solar para iluminarse de noche,
  • recogen agua de lluvia para regar la vegetación,
  • regulan la temperatura de los invernaderos,
  • crean microclimas que refrescan el ambiente,
  • y sirven de laboratorio ecológico en pleno centro urbano.

Son árboles que no solo decoran: trabajan. Lo fascinante es que estos árboles no forman un parque temático, sino un ecosistema funcional. Singapur ha entendido que la naturaleza no es solo paisaje: es infraestructura. Y si no tienes tierra suficiente para hacer crecer un bosque… lo construyes.


Los Supertrees son la demostración de que la naturaleza puede ser vertical, tecnológica y urbana, sin perder su esencia. Un bosque que no es bosque pero que hace de bosque. Mientras aquí discutimos si hay que limpiar bosques, cortar pinos, hacer más prevención o esperar a que llueva, Singapur nos recuerda que la naturaleza también se puede inventar. Que un árbol puede ser de hierro pero tener más función ecológica que muchos bosques abandonados. Que la tecnología no es enemiga del paisaje, sino una aliada cuando se utiliza con criterio.
Quizás no hace falta que llenemos el País de Supertrees. Pero sí hay que recordar que la naturaleza, si no la cuidamos, acaba convirtiéndose en humo. Y que crearíamos un nuevo paisaje, incluidos generadores de viento, más adecuado al siglo en el que estamos, los árboles, como muchos negocios que cierran, son conceptos del siglo pasado como tal, ya medio y largo plazo tendríamos una solución definitiva y estéticamente distinta. Y es que, en ocasiones, un árbol de hierro puede ser más inteligente que un bosque entero. El biólogo Edward O. Wilson, uno de los grandes pensadores de la biodiversidad, propuso una solución que parece utópica, pero es matemáticamente inevitable: dedicar el 50% de la superficie del planeta a espacios naturales protegidos. No por romanticismo ecológico. No por hacerlos hermosos. Si no porque la vida -toda la vida- necesita espacio para funcionar. La biodiversidad no se conserva en parques temáticos, ni en bosques fragmentados, ni en rincones residuales entre urbanizaciones. Necesita continuidad, extensión, silencio, agua, sombra, fauna, hongos, humus, tiempo. Los árboles de hierro son para las ciudades y sus alrededores. Los bosques naturales son para la vida. Y si no les protegemos ahora, el futuro será un desierto con sombras artificiales. 
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4 comentarios:

  1. Pues divertido sí parece. Pero la vegetación natural hoy por hoy es insustituible. Lo tremendo es que no se valore ni por muchos ciudadanos ni por los gobiernos regionales.

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    Respuestas
    1. Algo habrá que hacer, además si ponemos árboles artificiales en las ciudades, los barrenderos estarán de enhorabuena.

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  2. Visto lo visto... al final vamos a tener que recurrir a ellos.
    Saludos

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  3. O aislar los bosques de la ciudadanía para que se conserven en condiciones.
    Pero en la ciudad estos jardines Supertree son muy bonitos, i útiles.

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