ETGAR KERET: EL BLUES DEL FIN DEL MUNDO


 Cada seis años, Etgar Keret (Tel Aviv, 1967) da una fecha arbitraria a su editor y le asegura que, para ese día, habrá nuevo libro. “Es una tradición, siempre suelo tardar lo mismo y me alegra anunciar que ya estoy de vuelta”, dice a modo de saludo durante una videollamada con La Vanguardia, en referencia a su nuevo trabajo, El blues del fin de mundo (Siruela). Eso sí, reconoce que esta vez ha tardado un poco más, y se justifica: “Dije que entregaría todo el 8 de octubre de 2023. Un día antes, Israel sufrió un ataque terrorista que segó la vida de 1400 personas y supuso el secuestro de otras 252”. Los acontecimientos le obligaron a frenar. “¿Tenía sentido publicar?”, se preguntaba.

Durante los siguientes meses, Keret olvidó que había escrito un libro y se dedicó a visitar a algunas víctimas y familiares. También a dar charlas de literatura, como lleva media vida haciendo. 

“En una de ellas me topé con una mujer enfadada. Me interesé por saber qué le ocurría y me dijo que había dedicado todo mi speech a hablar de lo qué sucedía pero no a decir qué íbamos a hacer a partir de ahora. Le reconocí que no tenía yo esa respuesta pero que trataría de averiguarla mientras me dedicaba a contar historias. Así que, al llegar a casa, llamé a mi editor y le dije que seguía adelante con el libro. Él me dijo que estaba loco, que habíamos entrado en guerra y que nadie iba a querer leer nada de un israelí. Le hice entender que no se trataba de mirar nacionalidades, sino de que nosotros, el pueblo, pudiéramos contar nuestra propia visión de las cosas para que no lo hicieran otros por nosotros. Ese mismo día, el libro fue a imprenta”, relata el autor.

Mi editor me dijo que estaba loco, que habíamos entrado en guerra y que nadie iba a querer leer nada de un israelí”

No es de extrañar, tras conocer esta serie de acontecimientos, que muchos de los nuevos relatos del escritor se pregunten cómo el mundo ha llegado a lo que ha llegado. En todos los sentidos, no solo en los aspectos bélicos; también en los tecnológicos que, para el autor, “muchas veces parece que vayan a desenlazar en una distopía”. Por ello, nos encontramos en sus páginas, por ejemplo, con el concursante de un reality show en una realidad paralela; una anciana que intenta convencer a un programa de inteligencia artificial de que se suicide; dos humanos que hacen visitas turísticas a alienígenas; o un hombre que descubre que un asteroide bautizado con el nombre de su mujer está a punto de impactar contra la Tierra. “Si hay algo que todos ellos tienen en común es que intentan preservar la humanidad en un mundo que avanza a pasos agigantados hacia la locura”.

En la vida real, Keret trata de hacer lo mismo. Su posición no es nada fácil, pues son varias las veces que ha criticado públicamente la guerra prolongada en Gaza y el sufrimiento que esta causa, lo que ha provocado que le lleguen críticas de algunos sectores. “Aquí se han derramado muchas lágrimas, pero la justicia no se consigue con más sangre. No debemos perder la humanidad. Tres años después, parece que sigamos en aquel 7 de octubre. Si enciendes el televisor en Israel, no hay semana que no haya programada una película relacionada con lo que ocurrió. Y está bien recordar hechos históricos, pero el hacerlo de forma tan repetida se convierte en propaganda, y más cuando solo se cuenta el relato desde una única perspectiva. Es fácil que, desde fuera, se vea a Israel como un país fascista y belicista, indiferente al sufrimiento ajeno. Quien piense eso, está en lo cierto. Estamos liderados por un gobierno racista que va en contra de la democracia”.

Si enciendes el televisor en Israel, no hay semana que no haya programada una película relacionada con el 7 de octubre” 

Si bien asegura no tener la “clave final” para terminar del todo con esta situación, se convence de que los escritores, como él, si pueden hacer algo: “Acercar la verdad a la gente. En el caso de los israelíes como yo, ni que sea por calmar la culpa que sentimos de que nuestra gente sea responsable de algunas de las mayores atrocidades de nuestro tiempo”. Reconocer eso –admite – le ha llevado a recibir amenazas de muerte. “Tampoco puedo dar lecturas en la ciudad donde he enseñado en la universidad durante más de 20 años porque el alcalde piensa que soy un judío que se odia a sí mismo. Por suerte, mis redes son una ventana donde puedo expresar mis ideas y que, incluso los que piden mi boicot, me escuchen”. Sea como sea, Keret asegura tener clara una cosa: “No soy yo la víctima de todo esto”.

Igual que el narrador del relato que da título a la edición española de su nueva obra, el escritor adelanta que sus planes “de presente y de futuro” no son otros que contemplar el fin del mundo desde su balcón mientras se deleita con sus aceitunas preferidas. “Y, una vez hecho eso, seguir narrando todo lo que veo. Nadie impedirá que siga escribiendo y dando mi opinión”.


Lara Gómez Ruiz en la vanguardia; foto:Emmanuel Dukand/AFP

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