Pedro Sánchez ha estado toda la semana en la Moncloa desde que regresó el pasado sábado de La Mareta (Lanzarote), donde estuvo de vacaciones. A partir de una información de Abc y de la difusión de tuits de dirigentes del PP y de organizaciones territoriales de este partido se ha hecho viral que Sánchez se marchó tras el Consejo de Ministros del pasado martes en Andorra con Begoña Gómez para proseguir con sus vacaciones, mientras en Ceuta se profundizaba la crisis.
Sánchez suele reservar el último fin de semana de agosto en Andorra con unos amigos y sus parejas, por lo que esta costumbre puede haber dado lugar a malentendidos que terminaron en una fábula. Pero lo cierto es que en esta ocasión no tenía intención de acudir precisamente por la excepcionalidad de la situación en Ceuta, puesto que incluso se abordó si era conveniente convocar un Consejo de Ministros extraordinario que finalmente fue descartado. Las imágenes de Sánchez y su esposa en Andorra que se difundieron por las redes sociales para acompañar a la fábula son también de hace un par de años.
Francamente, el comportamiento del presidente Sánchez en este mes de agosto a raíz de los eventos de Ceuta ha sido errático, extraño. Como dice Carlos Zanón, es probable que hayamos pasado de un sentido torpe de gestionar la política –ya saben, ordenadores inutilizados a martillazos, seguro que a mí Villarejo no me miente, la fontanera, Koldos y Torrentes– en un estadio en el que ya no se sabe ni mentir. Ni bien ni mal. Simplemente mentir. Es el "Chao, pescao, que pesados que sois con lo del ático" o "el CNI me lo dijo, no me lo dijo, me lo dijo flojito" o "que las alertas por lluvias torrenciales son a veces sí, a veces no".
Parece mentira que después de un mes todavía no sepamos quién ha mentido, si la ministra Robles o el ministro Marlaska. O ambos.
Mentir significa que se sabe dónde está la verdad y se trata de esconderla, devaluarla, vencerla. Se miente por diversión, por conseguir algo o por salir de un trance. La mentira debe tener una estructura lógica que lleva a creer a lo mentido en una verdad que no es tal. Pero si ya en todos los tramos previos al engaño no hay ni inteligencia ni sentido de la realidad, la mentira es algo y lo contrario, lo absurdo sin más pretensión que perder tiempo y al siguiente charco. "Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio" cantaba Serrat. Siendo Sincero, creo que la ministra Robles no miente, lo que no entiendo es que si ella no miente, aún no hayan cesado a Marlaska.
Al final, quizá la respuesta sea la más simple, la de la navaja de Ockham: entre todos no se enteraron de lo que les venía encima a Ceuta porque estaban distraídos de vacaciones. Ninguna conspiración, ninguna trama, ninguna intriga: solo desidia, ruido y una incapacidad creciente para gestionar incluso la propia mentira.
Mientras tanto, informa La Vanguardia que la chispa que sitúa en Ceuta junto al estallido social empezó ayer a prender. Literalmente. Tras días en los que la crispación empezaba a desbordar la ciudad autónoma, la playa de Benítez se convirtió en la estampa que retrata el estado de la ciudad autónoma casi un mes después de la entrada masiva de más de 80.000 personas.
Un cordón de antidisturbios separa dos realidades: frente a los policías cientos de Ceuta cada vez más hartos claman por la inmediata expulsión de los “invasores”; detrás de los agentes, también cientos de inmigrantes, desafiantes, muestran su intención de resistir, de no volver a su país.
El humo, como de una olla a presión a punto de saltar por el aire, envuelve la playa. La humareda sale de las barracas del campamento que un grupo de vecinos han tomado, después de arrasarlo. Ni unos ni otros dan ya su brazo a torcer. Los manifestantes se van, la Policía se despliega, los magrebíes vuelven a levantar el asentamiento. Es cuestión de tiempo. Está por ver si la mecha da margen antes de quemar por completo.


2 Comentarios
Todo esto va dando un poco de asco y hastío.
ResponderEliminarSalud.
Díselo a los ceutíes que lo sufren en directo día y noche.
EliminarSaludos.