Ceuta viene de cruzar un umbral. Lo que hace unas semanas era una crisis migratoria difícil de gestionar se está convirtiendo en una crisis de convivencia y de orden público. Las violencias del jueves 27 de agosto son la señal más preocupante: grupos de ultras atacaron campamentos de migrantes, mientras militares fueron agredidos por algunos migrantes. Los acontecimientos se suman a una triste lista en la que figuraban ya El Ejido y Torre Pacheco. Una ciudad ya bajo tensión, pero con un evidente pulso solidario, ve instalarse ahora una lógica de enfrentamiento, violaciones y violencia contra menores migrantes y sed de pogromos.
La presencia de varios miles de migrantes menores de edad y el sentimiento de abandono de la ciudad pueden alimentar una inquietud legítima. Pero una preocupación legítima no da derecho a la violencia. Atacar a migrantes, a periodistas o a voluntarios de la Cruz Roja es inaceptable, como lo es agredir a militares. La diferencia está en que las agresiones a los migrantes responden a una coordinación deliberada, con convocatorias, listas y rondas por los barrios, incluidos desplazamientos ad hoc de seguidores ultras del Sevilla F.C., mientras que la agresión a los militares se produjo en el marco de un enfrentamiento puntual.
Es precisamente ahí donde la instrumentalización política se vuelve peligrosa. Evidentemente, ni el PP ni Vox han creado la crisis, pero ambos la cabalgan sin pudor y endurecen de manera cínica su marco político. Vox produce el relato de la “invasión” y del enfrentamiento identitario, mientras el PP se encarga de volverlo respetable desde la posición de un partido que aspira a gobernar. La crisis acaba siendo presentada como un enfrentamiento entre quienes dicen defender la ciudad y quienes son convertidos en los enemigos de España. Los vecinos de Ceuta, que llevan semanas pidiendo plazas de acogida, información y un calendario, acaban convertidos en argumento de quienes se aprovechan de esta crisis.
Es el mecanismo clásico de la polarización: cuanto más se deteriora una situación, más terreno ganan los discursos que prometen respuestas fáciles y extremas. Y cuanto más se prolonga una crisis, más difícil resulta volver a una solución política. Ceuta corre así el riesgo de convertirse en el escenario permanente de una confrontación entre dos bandos, la extrema derecha identitaria impulsada y financiada por el trumpismo internacional, y un gobierno completamente desbordado por los acontecimientos, que intenta cumplir la legalidad mientras la oposición le anima a saltársela.
Los ceutíes tienen un derecho legítimo a no sufrir indefinidamente una situación que altera su vida cotidiana y genera inseguridad, y a reclamar que las instituciones estén a la altura de sus responsabilidades. Al Gobierno le corresponde garantizar el orden público y proteger a los vecinos, pero también impedir que la respuesta a la crisis termine convirtiendo a los migrantes en el enemigo. Su obligación es recuperar una convivencia que una tardía y pésima gestión ha contribuido a deteriorar y devolver a los ciudadanos la confianza en las instituciones, ya que lo que se juega en Ceuta va más allá de la gestión de una crisis migratoria y humanitaria. Se trata de saber si las instituciones son capaces de impedir que el miedo, la frustración y la inseguridad terminen convertidos en una forma permanente de conflicto político.
Cuando una crisis dura demasiado, el riesgo no es solo que se agrave. Es que el espacio que deberían ocupar las soluciones políticas termine ocupado por quienes ofrecen respuestas cada vez más radicales, basadas en el racismo, el rechazo del otro y la confrontación. En ese sentido, la irresponsable actitud del PP, con la visita del criminal de guerra y pro sionista José María Aznar como broche final, supone un paso más en la deriva extremista de un partido que parece dispuesto a cometer cualquier dislate con tal de hacer caer al gobierno como sea, y cuanto antes. Si había alguna duda del papel que han jugado Israel y Estados Unidos en la gestación de esta crisis, ya no queda ninguna.
Aznar visita Ceuta - Viñeta de J.R. Mora - editorial ctxt.es
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