Abdelkrim no quería Melilla. La ultraderecha aprovecha la crisis de Ceuta para reivindicar las guerras coloniales en Marruecos, que fueron un desastre sin paliativos. Las fuerzas españolas que retomaron la plaza fuerte de Monte Arruit observan los cadáveres, aun sin enterrar, de los soldados muertos durante la batalla, tres meses antes.EFE.Un artículo de Najat El Hachmi en el País.

Los hechos de Ceuta este verano han avivado un vergonzoso nacionalismo colonizador. El debate postcolonial español se centra siempre en América Latina, pero la última penetración de este tipo que llevó a cabo España fue a principios del siglo XX: la del norte de Marruecos, la zona que acabaría convirtiéndose en el Protectorado Español (que nada protegió). Pero no es la entrada masiva a Ceuta lo que ha reavivado una historia olvidada sino la ideología de esa derecha extrema y racista, que necesita un enemigo exterior para aglutinar el malestar colectivo y un sentir patriótico del que se apropian como si solo se pudiera ser español a su manera. Mucho antes de que el Gobierno de Marruecos (que no el pueblo de Marruecos) permitiera la invasión del antiguo presidio español, la fundación Disenso, brazo ideológico de Vox, ya organizaba conferencias para reivindicar el desembarco de Alhucemas. Los de Abascal se quejan de que no hayamos celebrado la efeméride.

¿Pero qué vamos a celebrar? ¿Que hace cien años este país se embarcó en una guerra absurda que no querían más que los empresarios que tenían intereses económicos en la zona? ¿Que fue un matadero para los hijos de los pobres mandados todos a una muerte segura? ¿Que el Ejército español sufrió una vergonzosa humillación, en parte debido a la corrupción que lo corroía por dentro? ¿Que tardó 18 años en someter a unos moros primitivos y harapientos con fusiles viejos, comiendo tortas de cebada e higos secos, que resistieron la penetración extranjera hasta el punto de sacudir la monarquía y el Gobierno de entonces?

“Operación híbrida”, “gran victoria”, dicen los que quieren devolvernos a los tiempos pre democráticos en los que matar y doblegar la voluntad de los “indígenas” era signo de hombría. No cuentan que, sin la intervención de Francia, España habría perdido esa contienda ni que lo único que hacía Abdelkrim, el líder de la resistencia anticolonial, era defender su tierra. Quieren confundir esa defensa de lo propio por parte de unas tribus que nada tenían que ver con el gobierno de Marruecos, que estaba en manos de un sultán rendido a los intereses extranjeros, con lo que ha pasado en Ceuta. Cuando Abdelkrim nunca reclamó ni Ceuta ni Melilla, cuya españolidad no puso jamás en cuestión. Y dudo mucho que los marroquíes de hoy, los ciudadanos de a pie, tengan ningún interés en esa ambición territorial. Eso es cosa del nacionalismo de Rabat que no solo no se parece en nada al de Abdelkrim sino lo contrario: un sistema extractivista, también colonizador del Rif.