Es la mañana del 6 de agosto de 1942 y Janusz Korzak aún está sentado a una larga mesa de su orfanato judío en el gueto de Varsovia, desayunando con los chicos, cuando se oye el sonido estridente de un silbato y un grito áspero;  "¡Alle juden raus!", "¡Fuera todos los judíos!". Comprende al instante que, con esos silbidos y gritos, el hombre de las SS, que con su uniforme negro se perfila nítidamente contra el cielo de un soleado día de verano, acaba de condenar a muerte a los casi doscientos niños que le han sido confiados. Le darán quince minutos, ni uno más, para prepararlos. Si bien siempre ha respetado el principio de que no hay que mentirles a los chicos, para evitar que entren en panco, decide decirles solo que van a hacer un viaje al campo.
Muy disciplinados, los niños se organizan en una larga formación  de filas de cuatro cada una, todos ellos con su botellita de agua en la mano. Al frente está uno de los varones más grandes, el que lleva la bandera, en cuyo lado frontal tiene la imagen de un trébol de cuatro hojas sobre un fondo verde, mientras que el otro lado es blanco, con una estrella de David azul.
"Estos colores e imágenes son el símbolo de la esperanza --les había explicado Korczak a los chicos--, o sea que es nuestra bandera de la esperanza, ¡la esperanza que nunca hay que perder! Con la enseña alzada, los niños, todos con la frente en alto, comienzan lla caminata de tres kilómetros, desde el gueto, a través del centro de Varsovia, hasta la Umschlagplatz, el punto de transbordo donde les está esperando el tren...
Detrás del abanderado camina Janusz Korczak, que ya tiene sesenta y cuatro años, llevando en un brazo a Romeia, de cinco, y tomando de la mano a otro chico; detrás de ellos, esta todos los demás niños. Esa tarde, Nahum Remba, un testigo presencial que vio con cuanta dignidad Janusz Korczak  y si desfile llegaron a esa Umschlagplatz, anotaría en su diario: "¡Eso no es una marcha a los vagones del tren, sino una protesta silenciosa contra un régimen asesino!" Nunca en la historia se vio semejante procesión"
El destino final del tren es el campo de concentración de Treblinka, cien kilómetros al nordeste de Varsovia. Antes de que se pusiera el sol ese 6 de agosto de 1942, los nazis ya habían acabado con las vidas de estos huérfanos y de Janusz Korczak. 
      ¿Y también con la bandera de la esperanza?