En la película El caballero oscuro, el guionista puso en la boca del Joker (Heath Ledger) una frase premonitoria, que podrían repetir los autócratas que gobiernan el mundo: “Soy un agente del caos. ¿Y sabes qué tiene el caos? Que es justo”. El desorden ha pasado a ser la plataforma en la que se cimenta el nuevo orden. Nada es, todo cambia, escribió Heráclito de Éfeso hace 2.500 años, pero hablaba del paso de la vida a la que comparaba con el agua de un río.
Pero ahora Trump y su corte de los milagros, como les llamaría Ramón María del Valle-Inclán, han destruido el orden mundial y cada mañana nos despertamos con alguna decisión intempestiva que, directa o indirectamente, puede afectar a nuestras vidas. Ya escribió el escritor británico Alan Milne que una de las ventajas de los desordenados y de los desordenadores es que constantemente hacen descubrimientos.
Pero, de pronto, ha irrumpido un personaje que nadie esperaba: el primer ministro de Canadá, Mark Carney, un hombre culto, liberal y ordenado que no se deja arrollar por ningún déspota. Trump, que quiere que Canadá sea el 51.º estado de la Unión y que ha amenazado con imponerle aranceles del 50% en una disparatada guerra comercial con sus vecinos del norte, no ha puesto nervioso a Carney. El primer ministro no es un ingenuo al que le tiemblen las piernas, sino un personaje acostumbrado a los pulsos, que ha sido gobernador de los bancos centrales de Canadá y del Reino Unido. Así que ha buscado una alianza profunda con la UE en materia comercial y de defensa, lo que ha irritado al veterano de la gorra roja.
Carney había dicho en el foro de Davos que el orden mundial estaba roto y que había comenzado “una realidad brutal en la que la geopolítica entre las grandes potencias no está sujeta a ningún límite”. Canadá, según su líder, está dispuesto a construir junto con Europa un nuevo orden que contemple valores como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los estados. Carney encarna a un superhéroe sobrevenido que no teme la sonrisa sarcástica del Joker, que resuena en todos los rincones de la Tierra para causar miedo y para creerse invencible. Màrius Carol en la Vanguardia

2 Comentarios
No hace mucho tuve que oír de una mujer suramericana, una pobre limpiadora, que "sus ídolos son Trump y Elon Musk, que son ángeles y que ojalá estuvieran en España para hacernos ricos a todos". Y mucho me temo que esta mujer sea la voz de otros como ella, algo absurdo que no hay por donde cogerlo.
ResponderEliminarBueno, a Trump le votaron 70 millones de norteamericanos, algunos de los cuales de origen sudamericano, fueron premiados con la detención y posterior deportación a algún país africano, Este es el nivel.
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