El muy fotografiado rótulo en la calle Adams de Chicago que anuncia el inicio de la Ruta 66, que une la ciudad con Los Angeles NurPhoto, Francesc Peiron Arques en la Vanguardia.

Como en cualquier viaje, aunque éste no sea en ninguna parte, la incertidumbre domina en el preciso instante de la partida. El recorrido está claro. "Serpentea de Chicago en Los Ángeles, más de 2.000 millas de principio a fin. Disfruta de la Route 66", vuelta de la multiversionada canción de Bobby Troup dedicada en 1946 a la autovía que los estadounidenses consideran la más famosa del mundo.

“Serpentea de Chicago en Los Ángeles, más de 2.000 millas de principio a fin”, dice el estribillo de la canción. Ruta para mitómanos, suena esta Get your kicks en la voz de Troup al aparcar en las inmediaciones del cartel de la calle Adams, cerca de la avenida Michigan de la metrópolis de Illinois. Begin Route 66 (inicio) reza este rótulo muy fotografiado por quienes arrancan su marcha por la carretera madre (the Mother Road), como la bautizó John Steinbeck en su monumental novela La uva de la ira.

Renata y Karl, alemanes en edad madura y repetidores en esta aventura, ponen frente a la señal. "Esta experiencia es como meterse en una burbuja, te olvidas de la existencia alrededor", sostiene Renata. "Cada vez es diferente porque descubres algo que no habías visto y encuentras a otra gente", tercia Karl.

Ahora que se celebra su centenario, la Route 66 surge en sus 2.400 millas (3.860 kilómetros) como una atalaya para tomar el pulso de Estados Unidos en vísperas de las elecciones de medio mandato más determinantes de las últimas décadas, en las que los demócratas aspiran el 3 de noviembre a controlar ambas.

Con principio y final en territorios de predominio liberal (Illinois y California), el camino discurre por otros seis estados, entre ellos Missouri, Kansas, Oklahoma y Texas son conservadores, Arizona tiende a ser republicano (cada vez menos) y Nuevo México vota progresista.

La política de Donald Trump, que llega a este referéndum con uno de los peores índices de aprobación en período reciente, causa desasosiego en muchos de sus votantes, descontentos por una guerra con Irán que no hace más que encarecer los precios del combustible y de los alimentos. Los republicanos no sólo temen perder a un senador por Texas, sino que puede ocurrir que Kansas elija un demócrata para esta Cámara, algo que no sucede desde 1932.

La carretera ha evolucionado. De ser una vía de esperanza para los agricultores pobres que huían de las devastadoras tormentas de polvo de los años treinta en busca de una nueva vida, así como para transportar tropas hacia el oeste durante la Segunda Guerra Mundial, a convertirse, quizás, en la ruta por excelencia para recorrer EE.UU. Y la más legendaria.

A partir de 1956 se fueron construyendo autopistas interestatales que sustituyeron al trazado de la Route 66, retirada oficialmente en 1985 del catálogo de trazados federales. Quedó como segmentos de vías locales, aunque a partir de 1990 se produjo un renacimiento. Tras ser borrada de los mapas, vuelve a servir de nexo.

El auge económico de la posguerra, en las décadas de 1940 y 1950, marcó la época dorada de la Route 66, que se convirtió en una popular ruta vacacional. Los coches eran cada vez más asequibles, aumentaba la renta disponible y la gente salió a la carretera en busca de libertad.

Estaba llena de moteles que anunciaban aire acondicionado y televisión en color, tiendas que vendían recuerdos y restaurantes que quedarían mitificadas en series de televisión o en la película American Grafiti.

"Existe una verdadera fascinación por la era de mediados del siglo XX", explica el historiador Jim Ross

"Existe una verdadera fascinación por la era de mediados del siglo XX. Hay una nostalgia por cómo eran las cosas entonces. Había problemas y no muchos lujos, pero era un tiempo bastante feliz", explica el historiador Jim Ross, uno de los artífices del resurgimiento.

"Recorrer la Route 66 es, en parte, una manera de escapar del mundo frenético y estresante actual. Permite alejarse de la lucha diaria. Es una gran vía de escape a la presión", insiste. “Es una institución estadounidense”, apostilla Ross, con el tono de que es una de las pocas cosas que no divide a un país polarizado y peleado consigo mismo.

Pero esta burbuja tiene poros por los que se cuela la realidad. Chicago, bajo la impronta de Barack Obama, el primer presidente negro de EEUU, forjado en esta ciudad, apuesta por la computación cuántica (Illinois Quantum and Microelectronics Park) para revitalizar barrios de al lado sur, los más castigados por el desempleo, la pobreza o la delincuencia.

Esta capacidad de transformación no es algo de lo que hable Trump. A él sólo le preocupa castigar a esta ciudad santuario para inmigrantes por el hecho de que no está en su sintonía. Todavía se palpa el pánico por la presencia de los agentes de inmigración, los del ICE.

En Chicago, una periodista salvadoreña refugiada se despide todos los días y no sabe si volverá a casa. “La Ruta 66 es muy conocida, pero nunca he sido”, confiesa Daysi Funes, directora ejecutiva del Centro Romer, en la cara norte de la urbe, que se vuelca en la protección de inmigrantes e indocumentados.

"El caso es que esta gente está aquí, trabaja y paga impuestos. Este es el problema con la Administración. Los presenta como delincuentes, dice que traen enfermedades. Es cierto que consumen recursos, pero, si te fijas en que trabajan, pagan impuestos y contribuyen a la economía, te das cuenta de que hacen trabajos que nadie plantea. ¿Cuántos estadounidenses aga."

Relata las escenas de horror, las redadas masivas, las taquerías cerradas, las deportaciones. Este terror todavía lo experimenta J., periodista salvadoreña de 37 años que pide anonimato. Llegó hace tres años y el gobierno de Biden le dio permiso laboral por su estatus de refugiada. Sin embargo, el nuevo Ejecutivo en Washington cambió el juego.

"Me siento privilegiada porque tengo trabajo y no quiero que el miedo me paralice", remarca. Pero lo siente y cada mañana se despide de su pareja sin saber si volverá o si le enviarán "a un país remoto de África".

Confía en el resultado de las próximas elecciones "porque el contexto político puede ser diferente y ésta es la esperanza de muchos inmigrantes".

A diferencia de cualquier otro ciudadano, hasta comprarse un carro fue una decisión meditada. Pese al riesgo, pensó que estaría más protegida que moviéndose en los autobuses públicos, cuyas paradas son lugar recurrente para las actuaciones de los agentes del ICE.

Aunque está aquí, la Route 66 no pasa todavía por su vida.

La route 66 es el eje central de On the Road, la novela de Kerouac. Un Estados Unidos el que retrata a Kerouac no tan feliz.