LA GUERRA HÍBRIDA ESTÁ FUNCIONANDO
Te pueden hackear el coche, el hijo, la nevera, la democracia. En el lenguaje informático, una vulnerabilidad es un punto débil del sistema que permite a agentes malintencionados aprovecharse de él. Parece un problema técnico, pero nunca es solo eso. Como escribió el experto Bruce Schneier, “si crees que la tecnología puede resolver tus problemas de seguridad, entonces ni entiendes los problemas ni entiendes la tecnología”. Pongamos algunos ejemplos recientes.
Uno. Hace tres semanas, supermercados de Francia amanecieron con sus cámaras frigoríficas transformadas en hornos de 50 grados. El incidente se repitió este lunes en Bélgica, Suecia y otros cinco países europeos. Los atacantes accedieron al control remoto que estaba a la vista en internet para facilitar su mantenimiento. Grupos de hackers prorrusos lo han reivindicado.
Dos. En julio, decenas de miles de inmigrantes provenientes de Marruecos cruzaron la frontera en Ceuta animados por una campaña en redes sociales cuya organización aún no está clara, aunque fuera aprovechada por el Gobierno marroquí. En este caso, la vulnerabilidad era el puro deseo de una vida mejor.
Tres. El 24 de octubre, jóvenes organizados a través de las redes provocaron disturbios y saqueos en Barcelona que imitaban los sucedidos en Francia. Hubo 133 detenidos, la mayoría varones menores sin antecedentes provenientes de familias abochornadas por tener que verlos comparecer ante el juez. TikTok, el FOMO y la angustia vital adolescente sacaron a la calle a los chavales, igual que en otros fenómenos recientes importados pero inofensivos, como el farmeo de aura. El ministro Albares dijo que se está investigando la posible injerencia extranjera en la amplificación de la convocatoria.
Cuatro. La semana pasada Binance sufrió el robo de 6.300 millones de dólares en criptomonedas, el mayor sucedido hasta el momento. Los hackers, norcoreanos según el FBI, usaron el portátil de un trabajador de la plataforma, al que engañaron para instalar un programa haciéndole creer que estaba siendo entrevistado para otro trabajo.
Estamos en un momento en el que te pueden hackear la nevera, la frontera, el hijo, la billetera o la democracia. De la combinación entre vulnerabilidades técnicas y humanas se alimenta la guerra híbrida, que no es solo cosa de drones. Es habitual reclutar agentes de usar y tirar por poco dinero, que actúan en las redes y fuera de ellas. Cualquier punto débil de la sociedad es susceptible de ser explotado. No hace falta buscar grandes carencias del alma humana: el deseo de prosperar, la necesidad de pertenecer a un grupo, las ganas de ganar unos euros fáciles o la tendencia a facilitarse la vida cotidiana son suficientes. Tampoco hace falta recurrir a grandes tecnologías cuando un cartel difundido por WhatsApp o TikTok en el momento preciso puede llevar a la acción directa a cientos de jóvenes sin que las plataformas hagan nada por evitarlo. Ni siquiera hace falta organizar un incidente, solo subirse a él una vez sucedido. El mundo está tan conectado y es tan complejo que actos muy pequeños, o la suma de ellos, pueden desestabilizar todo el sistema. A veces no sabremos qué ha pasado. O nos equivocaremos culpando a los actores incorrectos: mi primera reacción tras el accidente de Urda fue pensar en un sabotaje, aunque tuve la precaución de mantenerme bien callada hasta que se supo que no había pruebas de ello. La paranoia es una señal de que la guerra híbrida está funcionando. Delia Rodriguez, en El País
Lo terrible de este macabro juego, porque para estos hackers rusos su acción es como un juego de la play, es que están atacando bancos de sangre europeos, segun informan en Infobae. Mientrastanto, Europa camina sonámbula hacia esta guerra híbrida.








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