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POR QUÉ ESPAÑA VA BIEN Y TÚ NO

Hablamos de la situación económica de España y sus ciudadanos con el profesor Nacho Álvarez, el periodista Serafí del Arco, la catedrática Elena Bárcena, la autora Laura Camps de Agorreta y el filósofo Antonio Gómez Villar - eldiarioes

La economía española creció más del doble que la media de la eurozona en 2025, el empleo indefinido se mantuvo elevado y la tasa de paro, aunque considerable, se situó como la más baja desde 2008. Al mismo tiempo, los salarios reales en nuestro país llevan décadas estancados, la inflación está complicando llenar la cesta de la compra y los precios de la vivienda han seguido escalando hasta límites nunca vistos.
Según Funcas, el 55% de los españoles cree que la situación económica es peor que antes del covid y sólo un 22% piensa que la situación en su hogar ha mejorado en los últimos cinco años. Si todo va tan bien a escala macroeconómica, ¿por qué no llegamos a fin de mes? ¿Quién se beneficia del crecimiento económico de nuestro país si no es la gente de a pie?
En plena cuesta de enero, analizamos la brecha entre microeconomía y macroeconomía en nuestro país con Nacho Álvarez, profesor de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid y exsecretario de Estado de Derechos Sociales, Serafí del Arco, redactor jefe de Economía de eldiario.es y Elena Bárcena, catedrática de Economía de la Universidad de Málaga especializada en renta, pobreza y desigualdad. 
También hablamos con Laura Camps de Agorreta, autora del ensayo ‘No nos da la vida. Cómo el trabajo devora nuestro tiempo y qué podemos hacer para recuperarlo’ y con el filósofo Antonio Gómez Villar nos preguntamos qué hacemos con la clase media, ese símbolo de integración que prometía prosperidad y ascenso social para la clase trabajadora, pero en el que ya nadie confía.

 
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TRAS VENEZUELA, GROENLANDIA Y ¿ESPAÑA?

De Washington a Mar-a-lago, y de una sala blindada en la Casa Blanca a un salón de un club de campo. La detención, secuestro, extracción —en las redes hay definiciones para todos los gustos— de Nicolás Maduro y su esposa ha evidenciado cómo Donald Trump ha trasladado el centro de gravedad del poder norteamericano a su residencia de vacaciones. Las imágenes de la war room en la que se siguió la captura de Bin Laden con tensión en las caras de Barack Obama, Hillary Clinton y Joe Biden han sido sustituidas por unos cortinajes negros, sillas doradas y una pantalla en la que se sigue la conversación digital con la búsqueda “Venezuela”. Tres pestañas de X abiertas con emoticonos en tamaño gigante…

Trump no se pone límites y junto a Colombia también amenaza a Cuba y Groenlandia, lo que deja aún más en evidencia la tibieza de la UE ante la política exterior norteamericana. Un mensaje en X de Katie Miller, la mujer del asesor de la Casa Blanca Stephen Miller, con el mapa de la isla bajo una bandera de Estados Unidos y el texto “pronto” ha desatado una nueva crisis diplomática. 

El embajador danés en EE.UU., Jesper Moller Sorensen, ha protestado en X; y la primera ministra, Mette Frederiksen, ha pedido a Trump que cesen las amenazas, lo que ha provocado las burlas del inquilino de la Casa Blanca. Trump alega que necesita Groenlandia por motivos de seguridad nacional y desdeña el papel de Dinamarca: “¿Sabes lo que Dinamarca ha hecho últimamente por la seguridad? Añadieron otro trineo tirado por perros”.

Todas las alarmas están encendidas, pero la discusión digital de los partidos en España prefiere usar la intervención en Venezuela para alimentar la trifulca doméstica. Las juventudes del PP tunean la foto de Maduro detenido con José Luis Rodríguez Zapatero y se recupera un vídeo en el que José María Aznar le dice a su sucesor en la Moncloa que “tengas cuidado” en uno de sus viajes a Venezuela. “Premonitorio”, dicen. Los populares se mueven sobre el alambre entre el apoyo a la caída de Maduro y el desconcierto por la perpetuación del régimen con Delcy Rodríguez y el desdén trumpista hacia Corina Machado. Y mientras se aclaran, el diputado socialista José Zaragoza dispara en su cuenta: “Trump secuestra a Maduro acusándole de colaborar con narcotraficantes” y acompaña el mensaje con una foto de Alberto Núñez Feijóo con Marcial Dorado.

¿Se puede subir la apuesta? El extorero Fran Rivera, hijo de Paquirri, hace saltar la banca con su agradecimiento a Trump por Venezuela: “No se pare. Señor Trump, mire para acá, que aquí hay cosas que huelen a chamusquina”. Y de ahí a la fiscalía con una acusación de traición. Las respuestas le recuerdan el artículo 581 del Código Penal: “El español que indujere a una potencia extranjera a declarar la guerra a España o se concertare con ella para el mismo fin será castigado con la pena de prisión de quince a veinte años”. Y dictan sentencia: “Al final el más inteligente es Paquirrín. Entre el atropella palmeras y este, no hacen ni un Paquirrín”  - Isabel Garcia Pagan en la vanguardia.com

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¿ESPAÑA VA BIEN?

José María Aznar gustaba de emplear la frase “España va bien” cuando era presidente de gobierno. Eran momentos felices para la economía española, el país había entrado con nota en el euro y mantenía unas ratios macroeconómicas envidiables. La prestigiosa publicación The Economist nos calificaba como “el tigre ibérico”, emulando a las economías del este asiático. No obstante, al cabo de unos años se demostró que éramos un tigre de papel y nuestro modelo de crecimiento, basado en el boom inmobiliario, se derrumbó como un castillo de naipes. “Se acabó la fiesta”, tituló en portada el semanario al final del 2008.

Continúa la revista británica dando una de cal y otra de arena. Después de mostrarse crítica con Pedro Sánchez por los pactos con los independentistas, que sostienen a su Gobierno al tiempo que lo zarandean, nos califica­ en su última evaluación anual como la economía que mejor lo ha hecho en el 2024. Al parecer, España vuelve a ir bien mirada desde fuera, aunque internamente no todo el mundo tenga esa percepción.

¿Qué factores llevan a The Economist a alcanzar dicha conclusión? Cinco indicadores. En primer lugar, el crecimiento del PIB, que previsiblemente superará el 3%, a la cabeza de las economías desarrolladas. Los siguientes parámetros son el mercado de valores, con un crecimiento del Ibex del entorno del 17% y la inflación, que se ha logrado contener por debajo del 2,5%. La evolución del desempleo es también evaluada en positivo, pues, a pesar de hallarse en el nivel más alto de la zona euro, se ha reducido notablemente y el ritmo de creación de empleo es potente. Finalmente, el comportamiento del gasto público, donde, a pesar de gobernar una coalición de claro signo izquierdista, se alcanzará un déficit primario (antes de pago de intereses) del entorno del 0,6%, en una encomiable línea de equilibrio.

Yo añadiría dos datos relevantes. La balanza por cuenta corriente, que llegó a tener déficits del 10% en los años más duros de la gran crisis, se mantiene positiva de forma sostenida durante los últimos años. Y la deuda exterior neta, que se acercó en el pico al 100% del PIB, está en estos momentos por debajo del 50%. Ello nos conduciría a mostrarnos moderadamente optimistas. Pero también lo éramos antes de la crisis que devastó nuestro país en el periodo 2008-2013. ¿Puede volver a pasar? Con toda seguridad, no como la anterior. Pero no por ello podemos relajarnos, ni siquiera tranquilizarnos, pues hay otros indicadores de largo plazo que nos obligan a estar alerta.

El crecimiento del PIB español se ha basado durante los últimos años en la creación de puestos de trabajo de bajo valor añadido, con particular concentración en el turismo, cubiertos por medio de la incorporación a nuestro mercado de trabajo de un fuerte contingente de población inmigrante. Ello alimenta una tendencia de largo plazo que desalinea nuestra economía de la senda de productividad de la media europea y, no digamos ya, de la norteamericana. Lo cual explicaría que los buenos datos macroeconómicos no sean percibidos por la ciudadanía, pues la realidad es que la renta disponible por habitante se halla estancada. Si a ello le añadimos un incremento exponencial del precio de la vivienda, agravado por unas políticas públicas equivocadas, entenderemos aún mejor el descontento. Finalmente, el buen comportamiento de las cuentas públicas no se produce por políticas de contención y eficiencia en el gasto, sino a través de un incremento progresivo de la presión fiscal. La demagogia fácil conduce por la izquierda a promover la turismofobia y por la derecha a demonizar la inmigración. No podemos caer­ en esas trampas, pues debemos cuidar nuestra principal industria y velar por la adecuada integración de la población inmigrante que necesitamos. Pero a medio y largo plazo el modelo no es sostenible. Las tendencias indicadas lastrarán nuestra economía haciéndola menos competitiva y limitando el futuro de nuestros jóvenes. Allí es donde la confrontación política impide los consensos destinados a revertir la tendencia: grandes pactos e inversión en el ámbito del conocimiento (educación, investigación y desarrollo tecnológico), políticas bien enfocadas en materia de vivienda y reformas de calado que aporten eficiencia en el sector público. La vanguardia.

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